martes, 1 de enero de 2013

A los amigos

Y acá estoy reponiéndome de la tremenda jornada manducatoria, de los continuados brindis y de los petardos y fuegos de artificio que tronaron hasta bien avanzada la aurora.

Yo me repongo con unos valsecitos que me permiten el reequilibrio emocional, mientras trato de combatir los efluvios alcohólicos que me vienen en cataratas.

Recuento los saludos que me llegan de distintas partes y no puedo dejar de rememorar con un par de amigos, aquellas fiestas donde despedíamos el año y soñábamos con 365 días venturosos. Después de la jornada familiar nos reuníamos presurosos y como nos dominaba la fiebre milonguera, ya habíamos quedado con muchachos de otras latitudes y muchachas que la sabían lunga en el arte de mover las piernas, y  bailábamos en alguna casa o en la calle.

Aunque, la verdad, yo prefería como en los santos oficios, que la cosa tuviera un ámbito y aire más sacramental. El que respirábamos en clubes y milongas.

Los procesos nos envuelven en un bucle y como decía George Mac Donald: "Cuanto más lejos vayas, más cerca estarás de tu casa". Y es cierto, recuerdo en estos días la rueda  ésa que nos juntaba, nos movía, y la milonga nos atraía como un imán.  Pero además, a los tangueros siempre nos acercó y nos sigue acercando la amistad y la familiaridad en el trato, aunque se tratase de gente con la cual no teníamos más relación que ésa.

Y lo mismo le pasó a toda la gran familia tanguera. Siempre se unieron fraternalmente para reglamentar sus derechos, o celebrar algo, más allá de rivalidades profesionales, como vemos en esta foto.

Manuel Buzón, Domingo Federico, Francini, Pugliese, De Angelis y Tanturi

Para un tanguero no había nada mejor que otro tanguero y cuando alguna orquesta debutaba en un cabaret o confitería, llovían los ramos de flores y buenos deseos de sus compañeros. Y allá íbamos nosotros aunque nos tirara más otra orquesta. Porque todas tenían algo bueno y grandes creaciones.

Discepolín con Ricardo Ruiz, Basso, Ortega del Cerro, Francini, Pontier y otros

Y Pichuco, por ejemplo, observaba la buena costumbre en aquella Buenos Aires noctámbula, de reunir a todos los integrantes de su orquesta a cenar, compartir el buen vino, las anécdotas y las bromas.Y siempre se sumaban los infaltables amigos y Paquito que le llevaba el bandoneón a Troilo.

Troilo está sentado en el centro entre Fiorentino y Piazzolla.

Recordando esta linda época que alcancé a disfrutar, y por tratarse del primer día del año, quiero compartir mis añoranzas tangueras con todos los amigos que me acompañan en el Blog.

Y nada mejor que este tango, que simboliza precisamente esa comunión que tenemos con los compañeros tangueros. A los amigos, de Armando Pontier, por la orquesta de Osvaldo Pugliese.  

 A los amigos                             

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