sábado, 30 de junio de 2012

Emilio Brameri

Hay nombres que están perdidos o arrinconados en la Historia del Tango y a veces me place rescatarlos de esa oscuridad en que siempre han estado.

Por que reúnen méritos más que suficientes para ser destacados con absoluta justicia.  Este hombre nacido y criado en el barrio porteño de Barracas, que jugó al fútbol en las divisiones inferiores de Boca Juniors, e incluso en el primer equipo de Ferro Carril Oeste como delantero centro, desempeñó un importante papel en el tango.

Emilio Juan Dionisio Brameri
Es que, a la par del fútbol desarrolló estudios musicales llegando a tocar todo tipo de instrumentos: acordeón, bandoneón, piano y violín, de los cuales luego sería profesor y escribiría varios Métodos prácticos para aprender a tocar acordeón.  

Trabajó en varias editoriales musicales, fue asesor de otras, dirigió la oquesta que acompañó a Mercedes Simone, tocó en la Santa Paula Serenaders, integró el trío Los nativos,  la Típica de Pedro Molina y actuó en un sinfín de conjuntos. Fuue director de la orquesta que acompañaba a Charlo y Sabina Olmos, realizando los arreglos de la misma.

Incluso fue orquestador de Francisco Canaro.

Pero los tangueros le debemos el reconocimiento por haber sido orquestador nada menos que de Carlos Di Sarli durante más de 15 años. Y eso sí que tiene un mérito enorme por las dificultades que entrañaba dicho trabajo en un conjunto cuyo director era sumamente exigente. Al confiarle la escritura de dicha música hasta 1960, Di Sarli estaba señalando la capacidad increíble de este músico tan poco conocido popularmente, que incluso dirigió su propio Conservatorio.   

Y como autor registró temas que tuvieron gran aceptación: Entre dos tormentas, con Manuel Meaños. Sombras del ayer  con Carlos Ortega. Plenilunio de amor, con Cadícamo. Motivo sentimental con Carlos Bahr. Mañana por la mañana, con Juan García; Tus labios me dirán con Héctor Marcó, que bastarían como ejemplo de su calidad de compositor.


Pero por sobre todas las cosas, le rendiremos honores como arreglador de la orquesta del maestro Carlos Di Sarli. Por todo lo que ello significó para el tango. Casi nada.

Les propongo escuchar a Mercedes Simone cantando con la orquesta  dirigida por Brameri: Verdemar.

Por Edgardo Donato, con la voz de Horacio lagos: Sombras del ayer.

Por Carlos Di Sarli con Alberto Podestá: Motivo Sentimental

Por Rodolfo Biagi con la voz de Alberto Amor: Tus labios me dirán, que bailan el gran milonguero Raúl Cabral y Agape Pappas en Boston (USA)






viernes, 29 de junio de 2012

La Tana


Allá por 1997, la llamé a París. La convencí que bajara a Madrid, porque con mi amigo Parrondo le íbamos a dar el "Sos Gardel", un premio inventado por mí, que le dimos a grandes figuras. Y vino. Luego de la cena conté al vuelo su vida artística. Y Susana Rinaldi agradecería con  cosas así:

Obra de Osvaldo Pérez D'Elías
"Las palabras que me dedicaste recién, son un cuento de vida maravilloso. Aquella melena que recordabas en el poema de Chaponik, no existe más. Lo que sí existe es el fervor. Y el homenaje que ustedes me dan esta noche tiene más de un siginificado: Primero, que un grupo de compatritotas se reúnan para conmover a una mujer peleadora, altiva, arrogante... que en el fondo no puede ser quizás, más de lo que la vida me marcó: Hermana mayor, madre de todos sus compañeros y, hoy, porque el destino lo quiso, una abuela que promete ser bastante buena...                           

Y esta noche, lo que ustedes me dan con este "Sos Gardel", es seguramente el premio mayor, emblemáticamente hablando, que una mujer osada que decidió hace 30 años pelear duramente, ha conquistado finalmente...

En esta historia del tango-canción que narrabas, para una mujer es un camino difícil. Lo saben ustedes, aquellos a los que representan y muchos que nos acompañan espiritualmente, aunque estén lejos. Han sido generosos conmigo aún discutiéndome y detestando la voz femenina en el tango. Aquí quiero hacer un mea culpa: yo también me creí el cuento de que una voz aflautada no representaba la poesía, esa fuerza, ese vigor que tiene el tango. Hasta que, gracias a los y las grandes cantantes de jazz, me enseñaron que el canto popular pertenece a unos y a otras.
La Tana Rinaldi, Cristina, Otero y Héctor Alterio esa noche



Gardel también pagó con ostracismo, con indelicadezas, su gomina a destiempo, su frac a destiempo. Todos los adelantados sufren esa dicotomía frente a aquellos que recuerdan tarde, lo que hubiera sido bueno decirles antes..." 

Y dijo otras cosas muy lindas, entrañables, que nos hizo palpar lo acertados que habíamos estados con el premio.

  Susana es una estrella en toda Europa.Ha cantado en casi todos los países del continente. Veámosla. Gocemos. Escuchémosla en distintas etapas de su carrera.




Abajo: Acompañada por la orquesta que dirigió Leopoldo Federico en las Fiestas del Bi-Centenario.




jueves, 28 de junio de 2012

Pedro Laurenz

Si Eduardo Arolas con su despliegue emocional  y Arturo Bernstein con sus conocimientos musicales y su serenidad inmutable,  sentaron las bases de la escuela del fueye, no cabe duda alguna que Pedro Laurenz y Pedro Maffia fueron quienes las llevaron a una altura catedrática y sirvieron de ejemplo a las generaciones posteriores.

 Podríamos decir, por ejemplo, que Troilo hereda la serenidad maestra de Maffia, y Ruggiero los supuestos temperamentales y el desborde de Laurenz.            

Se llamaba Pedro Blanco Acosta, se crió en aquella Villa Crespo silvestre y sus hermanos mayores Eustaquio y Félix Laurenz, -hijos de un matrimonio anterior de su madre-, lo adoctrinaron con el bandoneón, que ambos ejecutaban, en Montevideo. 

Fue Julio De Caro, quien lo descubrió tocando en la orquesta del Francés Enrique Pollet, el que lo lanzó en su famoso Sexteto como ladero de Pedro Maffia, reemplazando a Luis Petrucelli.  Y le impuso el apellido de sus hermanos a quienes conoció en Montevideo. Su vigoroso fraseo, su sonido brillante y su creatividad lo convirtieron en un espectáculo inolvidable, para la vista, la oreja y el cuore.

Y su prestigio desde entonces no paró de crecer. Enorme fueye, gran creador de títulos inolvidables, y una persona querida y querible. Si me lo habré cruzado en el centro con su jaula en la mano derecho rumbo al reducto de turno. Porque vivía en la calle Corrientes que tanto lo aplaudió, frente al Obelisco.



  
Siempre lamento que haya grabado tan poco con su orquesta porque realmente es una maravilla cómo suena y el yeite milonguero que tiene. Un lujo.





Lo recordé en este poema que le dediqué con enorme cariño.


    

LAURENZ
                                                 “Vos dejá nomás que algún chabón /
                                                                      chamuye al cuete
                                                                      y sacudile tu firulete”
                                                                                                    Rodolfo M. Taboada


Barrios orientales:
Reus, Unión,  Aguada, Cordón
y el mandato del tango.
Vos, quinceañero Pedro Blanco
con tus hermanos Laurenz,
abrevabas en el fueye
y en esos atrios tauras
horneabas tu historia.

Te bendijo la laureada decareana
y abriste el conservatorio
del digitar catedralicio
ayuntado al otro Pedro, el gran baqueano.

Bardo cadenero
de páginas tremendas
que vistieron los paisajes de la ciudad feérica
y supusieron un antes y un después
en nuestra música patria
derramada en las calles:
Mala junta,  Risa loca,
Mal de amores,
Berretín, Orgullo criollo, Amurado,
Como dos extraños, Milonga de mis amores…

Láminas que vuelven siempre; bailarines
que reclaman el acento llamador
de tu paleta milonguera y tu fueye patricio.

Fuiste poblando pentagramas paicos
creando atmósferas en la comarca idílica
con una sonoridad distinta y revelada
y le arrancaste el nuevo latido al bandónium
que inventó un alemán, sin imaginar
que de esa caja salieran tales filigranas
desbordando los cálidos reductos
al hurgar en esa selva de botones
que domaste de pibe en aquella Villa Crespo
de patios de conventiyo con perfumes malvoneros
y maduraste junto a troesmas
que te dieron la chapa.

Con sombra de bailarines
dibujaste tu estela
y sembraste la nocturnal belleza de arrabal
que hoy regresa épica,
al estallar en la pista 
el fértil racimo de tu savia nutricia,
La revancha, Vieja amiga, Marinera…

Ese instrumento
que se te incrustó en la sangre
se entregó acompañando
a tu pinta gardeliana
de percha y gomina
y anclaste en el corazón de Corrientes
junto a nuestro faro-obelisco
porque te lo ganaste a pulso.
                               De puro guapo.

                              jmo 

Y lo recordamos con su fueye y su orquesta en dos hermosos temas, para templar el pulso milonguero.


Abandono. (Canta Juan Carlos Casas)

Firuletear de bandoneón.


miércoles, 27 de junio de 2012

Responso

 Sí, Aníbal Troilo había invitado a casa a los amigos a jugar al bacará, pero era como si él  no estuviese.

Y el trago de licor que invita a recordar...

El 3 de mayo de 1951 moría Homero Manzi, su gran amigo, con quien habían compuestos tangos hímnicos.
Y su cabeza estaba con el Barbeta. Compartiendo una mesa, una charleta, un trago.

Ya nunca me verás como me vieras... 


Dejó la reunión, se fue a su habitación, abrió la jaula y se puso a viajar con su amigo-hermano.


...y su nombre flotando en el adiós...


Parecía como si esa música que estaba gatillando, se la dictara alguien.


















      


...desde el recuerdo te vuelvo a ver...


Lo veía ahí cerca, despidiéndose. Y escribía lo que el fueye le decía, poseído.


El alba no perdona no tiene corazón...

Era como un responso íntimo. Si Homero tenía apenas cuarenta y cuatro años...


...y el fraternal amigo que se hundió... 

Lo tenía a su lado, como cuando componían juntos.

Y esas ganas tremendas de llorar...

Y cayeron unos lagrimones sobre el fueye cuando escribió el final, chamuyándole al instrumento.

Si el alma está en orsay, ché bandoneón...



Le salió eso, un Responso.

Y quedó para siempre como la muestra musical de dolor más sublime, más intensa, más pura del Tango


martes, 26 de junio de 2012

Roberto Rufino


Como a cualquier buen tanguero o fana milonguero, me gusta constantemente repasar mi discoteca, recrearme en una música determinada, con la orquesta que me motiva en ese momento, o una voz que remueva mis recuerdos y mi pasión.

Pienso mucho últimamente en Roberto Rufino. Me cuesta entender cómo con 17 o 19 años, es capaz de captar la intención poética, la descripción del verso y recrearlo en maravillosa conjunción con la orquesta, como si fuera un veterano de 40 o 50 años.
La orquesta de Di Sarli con Rufino, que está parado a su izquierda
 Después de las primeras experiencias, debuta con carlos Di Sarli, un formidable ahormador de cantores a su estilo orquestal,  sin dejarlos alcanzar una potencia vocal que desentonase con  ese ascético plano instrumental en que llevó al conjunto. Con la marcación sencilla y magistral de su pianística  mano zurda.

El Rufino que graba con el maestro de Bahía Blanca en 1939, el tango Corazón, de Di Sarli y Héctor Marcó, ya es un maestro de la interpretación. ¡Y tiene 17 años!

Por eso lo escucho y me emociona redescubrir a ese chico que dice de tal manera,  
Cosas olvidadas, Decime que pasó o Boedo y San Juan... Grabó 46 impresionantes temas con Di Sarli.

Me sigue pareciendo genial, absolutamente anormal para su edad y sus vivencias.

Pero en su periplo posterior, cantando con  Francini-Pontier, Miguel Caló, Armando Cupo, Mario Demarco, Con Francini,  Roberto Caló, con Pontier  y otros conjuntos, pierde rápidamente su modus cantabile, ese talento innato que mostró con Di Sarli.

Y se pierde en desbordes emocionales, en desgarros donde se deja la voz y la piel. Y el estilo. Y canta otros géneros con  seudónimo y antifaz (Bobby Terré). Lejos, muy lejos de aquel pibe del Abasto que arrastraba multitudes fervorosas que lo ovacionaban cuando cantaba con Di Sarli.

Una de esas noches llenas de hastío y de frío, se encuentran Troilo y Rufino en un boliche. La siguieron hasta la matina. Ya era domingo y Pichuco se acordó de los ravioles de su vieja. Y hacia allí partieron los dos créditos del Abasto.                                                                                        
El gordo le dijo: cantale algo, para que mi vieja me diga si estás para la orquesta.
-¡Y qué iba a decir Doña Felisa!  Lo escuchó cantar y se emocionó.

Y Pichuco lo incorporó a su orquesta de inmediato cuando el Polaco Goyeneche estremecía a los seguidores con esas creaciones inolvidables. Si hasta cantaron en dúo.

Fue como un renacer. Y de pronto hace con el Gordo: María, Qué falta que me hacés, Mensaje…
Y uno tiene que creer o reventar, sólo él puede reunir a tantos cantores en su orquesta y lograr que todos sean unos fenómenos.

Por eso, cuando escucho a Rufino con Troilo cantando esa maravilla de Cátulo Castillo y Pichuco: Desencuentro,  destilando las palabras, como quien va a realizar una confesión, me reafirmo en la idea de que Troilo es el tango.

Escuchemos esas dos geniales etapas de Rufino, entre las que median 20 febriles años.

Corazón. Carlos Di Sarli. 

Cascabelito. Carlos Di sarli

Desencuentro. Aníbal Troilo





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lunes, 25 de junio de 2012

Vardaro

Estábamos en agosto del año pasado en Buenos Aires comiendo un impresionante asado en casa de Juan Antonio Morteo, excelente pianista y director de orquesta.

Lógicamente, el tango ocupó la lunga sobremesa. De repente Fabián Bertero (un violinista crack), armó la polémica preguntando: Para ustedes quien es el mejor violinista de la historia del tango, ¿Vardaro o Francini?

Estábamos Morteo, Roberto Mancini, Aníbal Marconi (cantor), Ángel Yonadi, Jorge Bocacci, Luis Sierra y comenzó la amable discusión. Yo me incliné por Vardaro.
Elvino Vardaro y Osvaldo Pugliese

Para mí fue el más grande. El que unió la guardia vieja con la nueva. Y se sintió igual de cómodo en una y otra. El que empezó con Pacho y tocó con Piazzolla. Y con Salamanca.

Ese fraseo suelto, genialmente expresivo, su maravilloso sonido, su inconfundible vibrato. Lo reconozco tanto cuando lo escucho con  la Típica Víctor, el Sexteto de Luis Petrucelli, con  Fresedo, con Maffia, con Di Sarli (1956), Firpo, con Joaquín Do Reyes, formó incluso pareja con Francini en el septimino Los astros del tango. O con Piazzolla al que acompañó como concertino durante seis años.

Tuvo su propio Sexteto (donde tocó el joven anïbal Troilo) y el Sexteto Vardaro-Pugliese.

Terminó viviendo en Argüello -Córdoba-, donde moriría, en 1971, como integrante de la Sinfónica de dicha ciudad.Tenía 65 años.

Ástor Piazzolla le dedicó el tango: Vardarito. Y grabó temas con él,  para que pudiera lucir su extraordinaria calidad interpretativa, en un álbum grabado en 1957. Allí daría a conocer Ástor algún tema nuevo destacando la deslumbrante musicalidad del violín de Vardaro con pequeños conciertos escritos para él. Incluso con el propio tango de Vardarito: Miedo, que había pasado sin pena ni gloria, por la propia modestia de su autor.  Aparte de ellos dos, están José Vasallo en contrabajo, Jaime Gosis al piano y José Bragato en cello.


Y Piazzolla dejó  esta frase que lo resume todo: "Vardarito tocaba dos notas en el violín y parecían las dos notas del gordo Troilo."









Miedo.


Triunfal (Piazzolla. Ensayo en vivo.)


Lo que vendrá  (Piazzolla. Ensayo en vivo)





domingo, 24 de junio de 2012

Carlos Gardel

Soy que los que crecieron escuchando a Gardel en la radio y más tarde en la vitrola.

Porque soy de un barrio tanguero como Gardel, que se crió en el Abasto. Pero cuando el cómic de Tacuarembó todavía no había adquirido la publicidad actual y ya conocía a su autor, yo recorría en Toulouse, Francia, los lugares de su nacimiento y primeros dos años de vida.

Estuve en el Registro Civil comprobando su partida de nacimiento, en la puerta del Hospital donde nació, en la Rue Reclusanne y en su casa de la Rue Canon D'Arcole nº 4. Estas son las fotos:

Con mi hija en la puerta del Hospital




Estoy llamando a la puerta de su casa tolosana




















Estas imágenes son de los años 80. El Hospital estaba a punto de ser derribado. Conversé con un señor que vivía en la casa y se apellidaba De la Mata, como el famoso futbolista Capote que jugaba en Independiente.
Mi hija en la puerta de su casa de la calle Canon D'Arcole




Gardel se embarcó con su madre Berthe Gardes el 12 de febrero de 1893, en el vapor Dom Pedro, en el puerto de Burdeos.

El 10 de marzo llegarían al puerto de Buenos Aires, después de casi un mes de travesía.

La historia posterior es de por sí muy conocida.

Hoy quiero recordarlo con un poema que compuse para recordarlo y el verso lo recita con su calidad de siempre mi amigo de Mataderos: Ángel Yonadi, conocido entre nosotros como Anyulín.




GARDEL
                                                       “Si podemos decirle al final de cada disco:
                                                                        -Te pasaste Carlitos….”
                                                                                                    Héctor Negro

Antaña devoción tangoesquinera
que el suburbio trasvasa
a parroquiana adoración hornacinera.
Es la musa sangrante
que fatigó el trovador itinerante.
¡Un llanto de ciudad, esa argamasa
entregada a su brújula albaceante!

Al yirar de la gente
que ataracea los huecos de su ausencia,
en la querencia,
el eco de su voz llega doliente;
fértil presencia,
que la metrópoli encelará como tesoro,
la oración fundamental de nuestro canto,
la sonrisa de goma tragacanto,
la voz invicta, el carretel sonoro.

Por la herida vitrola,
desangra el mensaje una ventana
y ante los versos que exuda la consola,
la misa gardeleana,
revive en el  milagro feraz de aquella gola.

¡Al aire zorzalea
una bandada volátil que gorjea, 
reconociendo el mensaje tangosanto
y chairándole al timbre llamador un contracanto;
en la lunita rayada  picanea
el temblor de una viola y nos arrea
levitando, esa voz inmortal, desde el espanto!







Gardel

Cada 24 de junio es una fecha inexcusable para los tangueros. Ese día falleció trágicamente el hombre que inventó el tango cantado.

Hoy habrá recordaciones en infinidad de lugares. 

Y uno lo recuerda en sus propias composiciones:
                                                                              

Sueño con el pasado que añoro.
Me persigue implacable su boca que reía.
Verás como todo te esperaba ansioso.
Un final reñido ya no vuelvo a ver.
Lejana tierra mía bajo tu cielo quiero morirme un día con tu consuelo.
Que por mi amor hoy la vieron una lágrima derramar.
Es como el cantar de un manantial.
Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar. 
Traerá quieta la brisa rumor de melodías.
Cuando se eleva tu canto cómo se aclara la vida.  
Con las alas plegadas también yo he de volver.
Es un fantasma que crea mi ilusión.
Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
Bandadas de recuerdos de un tiempo querido lejano y florido que no olvidaré.
Los recuerdos pasan con una estela dulce de emoción.
Y pa'su blanca garganta el criollo que canta tiene este cantar.
Que la amargura que siento está en mi pecho clavada.
Silencio en la noche silencio en las almas.
En tus muros con mi acero yo grabé nombres que quiero.
Pájaro herido lejos del nido eso soy yo.
Soy como un ave que en mi camino rompió las cuerdas de su cantar.
Por tus ojos negros que una tarde lloraron y que se iluminaron hoy te vuelvo a cantar.
Ahora que anochece ya en mi corazón.
Y un canto para arrullarte en mis noches de cantor.
Pues comprende que la vida fue tan sólo un metejón.
Tiempo viejo caravana fugitiva ¿Donde estás?
La horas que pasan ya no vuelven más
Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno
Mi buenos Aires querido cuándo yo te vuelva a ver.
Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando...


Y encima, cada día canta mejor...

 
 De la película "Melodía de arrabal", 1932, con Imperio Argentina

sábado, 23 de junio de 2012

Un día como hoy de hace 77 años

Cantaba Carlos Gardel el último tango, la postrer canción de su vida joven. En medio de una euforia colectiva, trasvasando pasiones con su acento musical y el tono que inventó para cantar el tango.

A modo de preámbulo, diría: “Antes de cantar mi última canción quiero decirles que he sentido grandes emociones en Colombia. Gracias por tanta amabilidad. Encuentro en la sonrisa de los niños, las miradas de las mujeres y la bondad de los colombianos un cariñoso afecto para mí. Me voy a ver a mi vieja pronto, no sé si volveré, porque el hombre propone y Dios dispone, pero es tal el encanto de esta tierra que me recibió y me despide como si fuera hijo propio, que no puedo decirles adiós, sino hasta siempre La emoción no me deja hablar. Gracias y hasta siempre".


Gardel cantando en LT8 de Rosario en 1930
 La Plaza Bolívar estaba repleta de gente escuchando por los altoparlantes la voz del gran artista - dado que eran pocos los que poseían receptor de radio- y los temas que fue desgranando: El carretero, Cuesta abajo, Tengo Miedo, Insomnio, Melodía de Arrabal... Silencio, hasta el tema final, que compusiera con letra de Manuel Romero.

-Para ustedes: Tomo y obligo. ( y arrancaron las guitarras de Barbieri, Aguilar y Riverol…)


Media hora después de la medianoche, con su severa exactitud de tiempo, Gardel cerraba su ciclo de artista enorme y comienza a transformarse en leyenda y en una enorme estatua.

Y como cantaste entonces: ya sé que un hombre macho no debe llorar, pero que sé yo, te escucho en ese tango y es cómo si estuviera ahí, en el Teatro Real de Bogotá, con el mismo temblor emocional. En un día como hoy. Pero allá en 1935.

 




Con los mismos colores

En 1948 se realizó una película argentina sobre fútbol que tuvo un gran éxito popular. Se llamó Pelota de trapo y el suceso impulsó a los productores a hacer otro filme con la presencia de tres destacados futbolistas de equipos grandes, que convocaran con su presencia.

Se filmó en 1949 y los elegidos fueron Mario Boyé, de Boca, Tucho Méndez de Racing y Alfredo Di Stéfano, de River. La actriz escogida fue la rubia Nelly Daren. El guionista, como en la anterior ocasión fue el popular periodista Ricardo Lorenzo Borocotó, Y el director, como en aquel filme anterior citado, sería el prestigioso Leopoldo Torres Ríos, padre de Leopoldo Torre Nilsson.

Por supuesto se trataba de una historia sencilla. Tres chicos de barrio que terminan triunfando en el fútbol profesional.

Pero lo curioso es que el autor de la música de la película fue nada menos que Ástor Piazzolla.


Su curiosa intervención en el filme la explicó él mismo, años más tarde:

    "Había disuelto mi orquesta, la del '46, y estaba haciendo arreglos,  para Aníbal Troilo, Osvaldo Fresedo, José Basso, Francini-Pontier y otras orquestas. Eso apenas me alcanzaba para vivir, por eso me cayó del cielo un contrato para hacer música de películas. La primera que me encargaron, "Con los mismos colores", la iba a dirigir Leopoldo Torres Ríos, el padre de Leopoldo Torre Nilsson, con argumento de Borocotó y clima de fútbol.

     La música que escribí no tenía nada que ver con las imágenes: La verdad es que, hasta Maradona, yo de fútbol no entendía ni jota. Pero me dieron una orquesta de 70 músicos y total libertad para hacer lo que yo quisiera. Me pareció genial. Nunca supe si el producto fue bueno. Por ahí aparecía Mario Boyé pegándole un patadón a la pelota y el sonido era sinfónico. Debe haber gustado porque al año siguiente (1950) me llamaron los mismos productores para ponerle música a un film de automovilismo, "Bólidos de acero". Por cada película me pagaron  7.000 pesos de entonces, que era mucha plata, al menos para mí".

Luego Piazzolla haría muchas más músicas para películas. Y sus obras estarían representados en teatros clásicos, por orquestas sinfónicas, porque hace años que Ástor Piazzolla es un clásico. Con letras mayúsculas.
Podemos ver a esta pareja en París danzando al son de su Oblivión. Belleza.


    
 

viernes, 22 de junio de 2012

Caño 14

Si habremos escanciado madrugadas de tango en ese reducto de la calle Talcahuano 975. Antes había estado anclado por ahí cerquita, en la calle Uruguay, pero por poco tiempo. Los dueños eran el brillante pianista Atilio Stampone, su amigo Vicente Fiasché, y el amigo de éste Rinaldo Mamucho Martino, aquel brillante insái izquierdo del San Lorenzo del 46, que también triunfó en Italia, en Nacional de Montevideo y en Boca.                  

La idea la sugirió Troilo, que quería algo más íntimo para un tango que venía barranca abajo, cercado por todo tipo de músicas pasajeras, empujadas por las grabadoras y la televisión.

Y Caño 14 fue un exitazo. Ahí degustamos al Polaco Goyeneche en sus noches llenas de polenta tanguera. A Pichuco acompañándolo o tocando con el cuarteto que armó con Roberto Grela. Al sexteto de Enrique Mario Francini. Rubén Juárez en su fulgurante aparición, apadrinado por Troilo -Sos el hijo que no tuve-, le dijo. Roberto Mancini, el Sexteto Tango, Nelly Omar, el Quinteto Real, la exquisita María de la Fuente, Edmundo Rivero, Federico-Grela, Osvaldo Pugliese, Raúl Lavié, Francini y Chupita Stamponi amigos hasta la muerte... Y Juan Carlos Copes y María Nieves en pleno apogeo, luciendo su baile.

Francini y su Sexteto (Marconi y Ahumada son los fueyes)



Desde 1967, nochear en ese boliche era un milagro constante. Lucía Marcó,  locutora de radio y esposa de Stampone, era la anfitriona que abría la puerta del micrófono a los milagros de cada velada.

Siempre había algo para esperar de Troilo, del Polaco. Estábamos expectantes, gozosos. Cuando Francini se enchufaba con el violín y viajaba, nos llevaba a todos en el viaje. El whisky era el mejor carburante.


 Los recuerdos me empujan de culata hacia aquel maravilloso lugar que enjauló el tango de los años sesenta y setenta.

Y la mejor manera de recordarlo es escuchar a aquellos príncipes de las madrugadas.









Troilo-Grela-Rivero-Mi noche triste

Berretín- Sexteto Francini


Toda mi vida- Cuarteto Troilo

jueves, 21 de junio de 2012

El bulín de la calle Ayacucho


El bulín de la calle Ayacucho, inmortalizado en el tangazo de José  y Luis Servidio y  Esteban Celedonio Flores, existió realmente y estaba en la calle Ayacucho 1443. A José, bandoneonista como su hermano, lo motejó el padre: Balija porque de pibe llevaba el fueye y parecía más grande que él.

Lo conocí a Balija en Lima, Perú, tocando accidentalmente en un boliche llamado “El rincón de Pipo”, que era el dueño, un gordo muy simpático apellidado Von Ressen, o algo así. También cantaba allí, el que fuera vocalista de Ástor Piazzolla: Alberto Fontán Luna. Habrá sido en 1964 o 65.

El famoso bulo estaba en Ayacucho 1443 y el propio Servidio lo contó en su día:
"Era una piecita en la que ni los ratones faltaban. Concurrentes infaltables a las reuniones de todos los viernes, eran Juan Fulginiti, el cantor Martino, el cantor Paganini (del dúo Paganini-Ciacia); Nunziatta, también cantor, del dúo Cicarelli-Nunziatta; el flaco Sola, cantor, guitarrista y garganta privilegiada para la caña; yo, en fin... Ciacia cocinaba siempre un pucherete. Había en el bulín una sartén y una morochita (olla de largo uso). Se tomaba mate, se charlaba. Como le decía, hasta algún ratón merodeaba por allí. Las reuniones en el bulín de la calle Ayacucho duraron más o menos hasta fines de 1921. Cuando Cele se puso de novio terminaron. Ya han muerto casi todos los que nos reuníamos allí."

En 1923, el Negro Cele le llevó la letra del tango a José Servidio al Café A.B.C donde éste tocaba y los dos hermanos Servidio lo musicalizaron. Gardel lo grabaría dos años más tarde en España, acompañado por la guitarra de José Ricardo.

Una tarde-noche, el flaco Fernando Nunziatta, habitué de aquel cotorrito, lo encontró en un boliche a Celedonio y le contó una historia de amor que lo había destrozado anímicamente. Su novia lo había abandonado por otro. Era una sombra de aquel galán-cantor que caía cada tanto por el bulín.

Con ese argumento en su cabeza, el Negro Cele armaría meses después los versos en quintetas que se convertirán en Mano a mano, con ese magistral octosílabo lunfa inicial: Percanta que me amuraste. Se lo llevó a Gardel que estaba en el estudio de grabación arriba del cine Grand Splendid, y tanto éste como Razzano se quedaron asombrados con el poema. Le pusieron música de inmediato, con un punteo guitarrístico intercalado entre las melodías cantables,  y lo grabó Gardel por primera vez, en 1923, acompañado por las guitarras de Ricardo y Barbieri.


Nunziatta alcanzó a escuchar la grabación de sus penurias amorosas, en las sierras de Córdoba, donde estaba internado, enfermo de tuberculosis. Moriría al poco tiempo.

Mientras tanto. Mano a mano se convertía en un himno tanguero inmortal. Para muchos ha sido la mejor interpretación de Gardel, aunque ese tema da pie a infinidad de argumentaciones y polémicas. Lo podemos escuchar ad infinitum.





Como esta belleza de Troilo-Fiore





miércoles, 20 de junio de 2012

Beba Pugliese

El apellido es como una voz que restituye el clima de fervor milonguero, aquellas percepciones tangueras, el ambiente poblado de emociones inolvidables.

Pero, ser hija de Don Osvaldo no le impidió hacer su propia carrera y sobrellevar el peso de la herencia en base a estudios con grandes profesores. Primero en danzas, después piano, con su tía Adela Florio, luego con  los maestros Pedro Rubione, Oreste Castronuovo y Berta Sujovolsky. Y finalmente diez años de perfeccionamiento con el maestro Vicente Scaramuzza.

Toda una pianista clásica que vió ensayar tantas veces en su casa a los muchachos de Pugliese: Osvaldo Ruggiero de pantalones cortos, Jorge Caldara, Esteban Gilardi, Cacho Herrero y  la sinfónica que diría Félix Picherna, el discjockey.
Beba con su padre


Para ella, pasar de Beethoven, Bach o Mozart al tango, era un salto muy grande. Ese día tardó en llegar, pero un día estudiando un tango de Bardi: Qué noche, comenzó a descubrir tonos y riquezas inesperadas. Y como la habían invitado a tocar en un homenaje al maestro Sebastián Piana, allí, el tango y ella se dieron la mano, se redescubrieron y pasaron a ser familiares.

Además ella ha sido milonguera de siempre, yo he bailado con Beba en Madrid en La Recoba, del Tano Franco y la verdad es que tiene yeite. Además de ser una gran amiga, a quien quiero y respeto mucho.

Fue prima hermana de un gran cantor, el Chocho Florio, Su abuelo, sus tíos paternos; Mario Perini, violinista y arreglador de Ángel D'Agostino,casado con una tía, todos ellos eran músicos. De tango.

Sufrió mucho por las injusticias cometidas con su padre, la cárcel, las prohibiciones, las necesidades. Pero hoy siente el orgullo de ser hija de una persona que nunca renunció a sus convicciones y siempre luchó por sus compañeros. Cosa que hoy día se lo reconoce toda la gente, que vive en un mundo cambiante, donde las opiniones mudan de un día para el otro.

Vale la pena relatar aquí una anécdota que Beba reflota en su libro. Pugliese estaba preso en Devoto y le dice a ella que vaya a COMAR  (Corporación Musical Argentina), a ver si había algún dinero para cobrar.
Beba fue al día siguiente. Hacía mucho frío. Delante un señor elegantemente vestido, pasa a la ventanilla, recibe un dinero y se retira a un costado. Beba se dirige a la caja: "Vengo a cobrar las liquidaciones del señor Osvaldo Pugliese". El cajero busca en su planilla, vuelve y responde: "No hay nada, señorita".

Ella se da vuelta, con la cabeza gacha, se va,  y entonces el señor elegante la alcanza en la puerta, y le pregunta:
-¿Vos sos Beba, la hija de Osvaldo Pugliese?. -Sí-, responde, (pero sus padres le decían que no hablase con nadie, por la represión). -Mirá, no quiero que te ofendas por lo que voy a preguntarte. Sé la situación angustiosa que están pasando. La injusticia que soportan. Quiero saber qué necesitan Osvaldo, vos y tu mamá.
-Nada, nada-, responde y quiere irse. El hombre la detiene, le da un papel con su nombre y su teléfono y le insiste:"Sé los momentos difíciles que están pasando. No duden en llamarme para lo que haga falta".

Beba se fue llorando.
El hombre elegante era Alberto Echagüe el cantor de D'Arienzo. Jamás podría olvidar ese gesto y cada vez que lo recuerda, se emociona.

Como se emocionó Don Osvaldo al ver en Canal 11 TV, tocar a Beba con su trío, completado con el guitarrista Aníbal Arias y el contrabajo Guillermo Ferrer, su hermosísimo tango: Malandraca. Fue en 1979.



Beba tiene muchos años de carrera en el Tango y ha viajado por medio mundo con su orquesta. Acá la podemos ver en Montreal con toda su fibra milonguera y ese toque pianístico marca de la casa.







martes, 19 de junio de 2012

Parque Patricios

Hoy estoy con el cuore in ritornello hacia el barrio donde me crié. Donde mastiqué tantos códigos que siguen rigiendo mi andar por la vida.

Donde aprendí, entre tantos otras cosas a reservar la confidencia, a aguantar los cimbronazos, a pelear cuando no había más remedio, a conocer las primeras caricias e impericias del amor...

Y a valorar la amistad por sobre los vaivenes de la vida. A disfrutar las serenatas, los fueyes y las violas del barrio. ¡Y a bailar el tango!

Por todo eso, nada menos, estoy siempre volviendo, que diría el gordo Pichuco.

Infinidad de próceres del tango vivieron en Parque Patricios. Y para algunos historiadores, en este barrio nació el tango.
                                                                                                   

                                              
















Yo los recuerdo a ellos y a la querida barra,  en este poema, que dediqué a mi inolvidable barrio porteño.

DEL PARQUE
                                                                                               “Te fundo en la noche larga,
                                                                                               de trampas, sueños y yeites”.
                                                                                                          Juan Carlos La Madrid
 Fui de Parque Patricios, atalaya del tango,
donde hicieron estela Firpo, Manzi, Centeya,
José Rial y Barbieri, Angel Vargas, Discépolo,
y que fui abandonando, persiguiendo una estrella.

Con esto dejo claro qué bondi me retorna
hacia aquel piberío de mi infancia quemera,
rastreando el sur perdido de los versos de Homero,
como el rumbo certero de mi vieja gomera.

Hogañas madrugadas, recaladas de antaño,
germinadas en fintas, corridas y hamacadas,
porque aunque el destino diseñara destierros,
el tango, ese suncho, dejó un feite en mi alma.

Gastada geografía de profundos zaguanes,
paredes castigadas por soles oxidados,
que conservan vestigios de mis calcomanías
sobre filias y fobias, aventuras y amores.

Estoy siempre volviendo a Caseros y Luna,
a ese feca, confesionario de amores y de pecas, 
aunque acuse la mesa un menos diez chinchonero
por la cruel borratina en la barra lontana.

Me lubriqué en tangos viejos paridos en Corrales:
La piba Milonguita de la calle Chiclana,
El amanecer de Firpo urdido en un tranvía,
la cortada de Arena cantada por Centeya.

El Parque es ese rioba que me sigue esperando
cansao de que me estrole en refalosas cucañas
y mis borrosas hazañas sean sólo ceniza,
como aquel primer pucho que aplasté en la vereda.

                                                              jmo 


Y de paso, nos recreamos con Angelito Vargas, gran patricio, recordando al barrio con la orquesta de Ángel D'Agostino en el tango de Víctor Lucero y Carlos Felice: Yo soy de Parque Patricios.

El violinista Gerónimo Bongioni y su cuarteto, nos destapa a la Guardia vieja en: Viejo Parque Patricios, de Santos Bazilotti y Antonio Macchia (muchachos del barrio)

Y por otro patricio: Francisco Lomuto, con la voz de Fernando Díaz, la milonga: Parque Patricios de  Antonio Radicci y Francisco Laino.

Yo soy de Parque Patricios

Viejo Parque Patricios

Parque Patricios












lunes, 18 de junio de 2012

Piazzolla: Verano porteño

En Madrid estamos entrando ya en el verano y es la estación en que, escuchar esa maravilla de Las Cuatro estaciones que escribiera y tocara Astor, me transporta en el tiempo.

En este caso me ubica mental y físicamente  en el verano. Tiene esta música la cualidad casi mágica de hacerte sentir la plenitud de la naturaleza, la fuerza del sol, la arborescencia, los insectos, el tráfico pesado de la ciudad, la inmensidad de la noche y el bullicio de los pájaros en celo.

Todo esto lo experimento al escuchar este tango que me transporta a la tremenda humedad porteña, al espesor de las horas y las madrugadas tangueadas.

Por todo ello traigo la versión que realizó en la TV italiana en 1972, con la orquesta de la propia emisora.

Y ese bandoneón nos describe musicalmente el verano porteño como sólo un genio podría hacerlo.

Un día que grababan en Milán con músicos italianos, se le acercó el primer violín de la orquesta y le hizo esta confidencia: "Astor, questa è musica, e non la merda che facciamo tutti i giorni".


Es el sonido que ilumina imágenes, las describe, las vive.

Y es cuando las palabras sobran.


Fabián Bertero en Beirut

El excelente violinista y director, y gran amigo mío, fue contratado con su orquesta para aumentar el nivel y la expectación de los participantes en el Festival de Tango Beirut 2012.Además la productora contratante  les hizo realizar un programa de TV y un show.

El show fue la apertura del festival de Tango Beirut 2012 (a sala llena como no podía ser menos).

Fabián no pudo llevar su Big Band tanguera completa y tuvo que encogerse y limitarse a viajar con una Mini Band, compuesta por Sexteto y el cantor: Alfredo Pittis.          

El programa de TV, consistió en el Backstage y proceso de creación de una fusión musical entre Tango y Música folclórica Árabe. Para ello trabajaron junto al artista vivo más importante del Líbano de todos los Tiempos: Wadih al Safi (el Gardel de allá según les dijeron), y la fusión consistió en La cumparsita junto a  Al Lei ya Laila, un éxito de similares dimensiones, por aquellos pagos, a nuestro tango. Todo esto bajo la constante supervisión del productor (a la antigua usanza del Hollywood de los 40) quien es a la vez el conductor del programa.

Hubo 5 parejas de baile, de las cuales las más destacadas fueron Julio Balmaceda y mi estimada amiga Cecilia González, Horacio Godoy-Magdalena Gutiérrez y Sebastián Achával-Roxana Suárez.

Les dejo dos muestras de la actuación, que dejó un sabor increíble en todos los participantes y espectadores.



Milonga de la calle


La cumparsita.



domingo, 17 de junio de 2012

Beata Söderberg

Ahora está sufriendo con la Selección sueca en la Eurocopa de fútbol, pero a cambio festeja el nuevo título que acaricia Boca Juniors, su club de Argentina, porque lleva los colores de la bandera sueca y porque fue a verlos una vez en la Bombonera y flipó con el espectáculo.

Beata es cellista y compositora, nacida en 1976 en Linköping y aprendió piano de su madre. Comenzó a tocar el violonchelo a los ocho años y decidió que lo acompañaría toda su vida.En el Royal College of Music de Estocolmo se licenció con el instrumento y con sus 22 años viaja a Nueva York con una beca para estudiar en la Manhattan School of Music, recibiendo su maestría en 2002.

En Nueva York descubre el tango y la milonga en un local, queda tan impresionada, que se dedica a colaborar con músicos argentinos y a milonguear, que se le da muy bien, una vez que lo aprendió.  
"Admiro a Piazzolla y  Horacio Salgán también influye, lo escucho seguido, y Aníbal Troilo, y el folklore argentino que es muy rico musicalmente y ya toco chacareras y zambas".

Viaja a Buenos Aires, compone tangos, actúa en locales importantes y graba discos con músicos de la talla de Walter Rios, Juan Esteban Cuacci, Horacio Romo, José Luis Colzani, Christian Zárate, Roberto Tormo.
Y recibe varios premios por sus discos y su talento.

Compone en una cabaña en Suecia, aislada con su cello. De repente le manda temas suyos al pianista Christian Zárate que le hace unos arreglos que le encantan y siente que vuela, aunque en su país bailen tango pero sin entenderlo anímicamente.

A Luján Francos le dice: ¿Qué es lo que más me gusta de la Argentina? Encontré más cosas en común que diferencias entre la gente de la Argentina y la de mi país. Me encontré con personas que significan mucho para mí, es realmente una segunda casa en lo referente a los amigos y las experiencias. Me gusta mucho la cultura de Argentina. Cuando uno camina por las calles, hay música, teatro, artes, todo el mundo tiene mucho sentido de la estética...


Lleva grabados unos cuantos CDs de tango. Los invito a escuchar sus románticas creaciones, extraidos del CD Bailata. En este caso con su conjunto Jus Tango, integrado por Horacio Romo (bandoneón), Christian Zárate (piano), Roberto Tormo (contrabajo), José Luis Colzani (percusión) y César Angeleri, colabora, invitado, con la guitarra. Y Beatriz (Beata) comandando desde su cello clásico, ahora también tanguero.



Piachelo


Vals para Natalia


Un Vals de San Fernando








sábado, 16 de junio de 2012

Eduardo Arolas

A mi juicio, junto a Agustín Bardi, son las dos figuras más grandes en la constelación mágica  del tango. Sobre todo si consideramos la época en que desarrolló toda su obra, las limitaciones con las que debió luchar y la obra impresionante que dejó.

Arolas (Lorenzo Arola) fue el gran precursor de las grandes escuelas de bandoneonistas que le sucedieron y bebieron en sus fuentes. Y su mayor riqueza artística la volcó en la composición, aún cuando en las primeras etapas no conociese la notación y debiera recurrir a otros compañeros. Su asombrosa fecundidad da pie a  Rodolfo Mederos para afirmar: "Ahora, cuando pienso que Arolas compuso La cachila allá por los años 18 o 19 me parece de un vanguardismo atrevido para la época".

La retahila creadora de su obra es algo impresionante. Un legado maestro que sigue enriqueciendo los atriles de los músicos actuales. Y que es juzgado así por sus pares que lo conocieron:

Julio De Caro: "Fue creador del rezongo y del fraseo. Sus composiciones encierran una estructura definida y una línea melódica de verdadera inspiración. El bandoneón que pulsaba hablaba siempre, musicalmente, el idioma porteño, sin cosas raras".

José Pécora: "Cuando estrenábamos un tango me decía: -Mirá pibe, hacé esta armonía-. Y era una armonía fraseando, desconocida para la época".

Pedro Maffia: "La ejecución de Arolas era brillante, enérgica. Tocaba el tanto muy sencillo, sin variaciones, muy matizado y colorido".

Pedro Laurenz: "Vivía adelantado a su época. Él ha sido el creador del fraseo que se utiliza ahora (1954). El rezongo era creación personal suya. Ha sido tan creador que lo que hacemos hoy, él ya lo hacía en 1920".

Gabriel Clausi: "Los fraseos octavados son inventos de él. Fue el más grande de su época y, sin darse cuenta, el que transformó el tango del 2x4 al 4x8".

Enrique Delfino: "Tocaba de alma, ponía el corazón en los pliegues del  fueye y no porqué tuviera la digitación de un Marcucci. Ante Arolas yo tenía siempre la sospecha de que era poco instrumento para un corazón tan grande."


Cosas como éstas las dijeron aquello que lo conocieron, y que a su vez fueron grandes ellos mismos. Pero si repasamos su obra realmente alcanzamos a comprobar su estatura: Derecho viejo, La cachila, Rawson, Retintín, Fuegos artificiales, La guitarrita, Maipo, Suipacha, La cabrera, Adiós Buenos Aires, Papas calientes, Comme il faut, El Marne, La trilla, Place Pigall, Lágrimas...y una ristra más. ¡Y murió a los 32 años!

Mi profunda admiración por su obra y su lucha la reflejé en el poema que compuse en su homenaje 
   





AROLAS
                                                                                  “El bandoneón, hebra por hebra /
                                                                                   desenrosca la madeja larga”
                                                                                                    Raúl González Tuñón

Desfila una densa procesión extravagaria
de musicantes gatillando la cosmética
invención de tu atril, mágicas  arias,

en la liturgia devota. De esa herética
danzaria parda que inventó tu ferramenta,
corcoveando el reptil en tus gambusas

y regurgitando calandrias y farfalas en tormenta.
A tu tapín shushetón, guapeando en zona intrusa,
cafiolando franchutas choreadas, lupanardas,

en un mar falopardo y pernotario, commilfó
la agarró en yanta una journée  la que no emparda
y el sabó te mandó al mazo con rojo el treinta y dos.

Me dicen, sabés, que manoplas mandingueras
acunan por las noches tu oruga palorrosa
salmodiando tangamente esa orgía barraquera,
taumaturgia fundante, de furcas sarmientosas,
tejida bardamente …
                                            … ¡y sale cada cosa!.

                                                                  jmo