lunes, 30 de abril de 2012

Tango y folklore

En Argentina, el tango –música ciudadana porteña- y el folklore –música del interior- están unidos por infinidad de lazos.

Fundamentalmente porque representan y simbolizan las entrañas del propio país.

Hay innumerable ejemplos respecto. Folkloristas que entonan y rasguean en sus guitarras páginas del acervo tanguero. Y de éstos incorporando milongas pampeanas o sureñas (Los ejes de mi carreta), o valseados litoraleños (Noches correntinas), o una tonada cuyana transformada en tango (La tupungatina), por citar ejemplos.

Les invito a escuchar algunos temas referidos a estas experiencias expuestas acá.

En primer término, por el conjunto folklórico tucumano, Los tucu tucu, el vals de Enrique Maciel y Héctor Pedro Blomberg: La pulpera de Santa Lucía.
Los tucu tucu


 
Por la orquesta de Osvaldo Pugliese el tango de Emilio Balcarce: Norteño.


Y por el conjunto salteño: Los cantores del alba: el valsecito que Francisco Canaro dedicó a su madre: Corazón de oro.
Los cantores del alba
                                           

Tres bellezas tres.




domingo, 29 de abril de 2012

El cabezón Castillo

Fue un cantorazo. Representó a los barrios profundos en su exagerada manera de cantar el tango. Por eso también fue rechazado por las clases altas.

Nació en 1914, hijo de una pareja de inmigrantes italianos, en el barrio de Mataderos. En 1942, se recibió de ginecólogo. En el ínterin cantaba en los cafés del barrio para soltar lo que tenía adentro. Se llamaba Alberto De Lucca. Alternó con otros nombres entre 1934 y 1938, con los conjuntos de Armando Neira, Julio De Caro, Augusto Berto y Mariano Rodas, para protegerse de la vigilancia de su padre. 

Durante una fiesta estudiantil, en 1938 , en que actuó la orquesta Los indios de Ricardo Tanturi -varios de cuyos integrantes eran también estudiantes-, sus compañeros le pidieron que cantase y al final lo hizo acompañado por la orquesta.

En 1939, ya está incorporado definitivamente al conjunto, y graba su primer tema con el mismo,  el vals de Alfredo Pelaia: Recuerdo, el 8 de enero de 1941. Pablo Osvaldo Valle, Director de la radio, le propuso su definitivo nombre artístico.


Apenas arrancó con Tanturi, arrasó. Su forma arrabalera de cantar y gesticular, le garantizó la adhesión de las masas populares y de los bailarines, porque fraseaba con gran comodidad, dicción clara y en tempo rítmico. Él lo entrevió de inmediato: La muchachada baila con mi canto, ahí descubrí la papa, decía.

Cuando lanzaron con Tanturi: Así se baila el tango, fue una revolución. Previo al tango de Elías Randal (Rubistein) y Marvil (Elizardo Martínez Vilas), recitaba estas estrofas, bien cancherazo.

Una corrida elegante,
tras la vuelta una sentada
y un ocho bien compadrón.
Así lleno de emoción
yo me lucí en mil fandangos,
porque así se baila el tango de alma,
de alma y de corazón".

Vendieron infinidad de discos que aún hoy  son punto alto en las milongas del mundo entero, ya que la orquesta tenía un ritmo picante ideal para bailar.

Se independizó, tuvo varios directores en sus orquesta acompañante, filmó diez películas con un éxito notable de taquilla. Y confesaba: "Yo no era actor, sólo cantaba en las películas".

Lo encontraba seguido en los baños turcos cuando ya tenía el pelo raleado y aún no usaba bisoñé. Era un tipo cordial. Me agarraba del hombro en las cámaras del Colmegna y me cantaba bajito algo que estaba por estrenar. Como se ponía carbonilla en la cabeza, mientras me cantaba, con el vapor y el calor, le caían los goterones negros por la cara, como a Dirk Bogarde en "La muerte en Venecia". Un fenómeno.

Al final, exageraba más aún el estilo, convertido en un ícono camp, pero siempre arrastró.

Un día le dije a Troilo que con él hubiese sido un fenómeno, porque lo hubiera controlado. Pichuco, que lo acompañó en la película El tango vuelve a París, movió negativamente su cabeza y me dijo: No, no...pero te digo una cosa, jamás le erra a una nota".

Producciones Vicari tuvo el acierto de extractar partes cantadas de sus filmes y aprovecho la bolada para mostrarlo en aquella época (entre 1948 y 1958) cantando incluso en italiano -que dominaba-, francés (bueno...) y dos valsecitos.

                                                 

sábado, 28 de abril de 2012

Ya sé que estoy piantao...


Los vi bailar una noche en La Ideal, en Buenos Aires.

Él, vestido de traje y corbata, la mochila, la pelada, el naso, es lo más parecido a Juan D'Arienzo que me he encontrado en este mundo del tango.

Además son muy divertidos con su pareja, aunque parezca que lo hacen en serio.

Ella aparenta estar en las nubes, viste la moda retro, y se mueve como La saragina.

Él hace figuras exageradas y pone cara de D'Arienzo.

Parecen escapados de una película de Fellini.

Se nota que hacía calor y él se despojó del sombrero, la corbata y la chaqueta.

Un espectáculo aparte.

Van siempre los sábados a la noche.

                                         


Carillón de la Merced

Yo estaba en Santiago de Chile. Era la época de Allende y había ido a cubrir un evento deportivo.

Una tarde, cuando llegaban  las primeras sombras de la noche, oí tañer unas campanadas que, de repente, me sobresaltaron.

¿Serían….?

Tomé el teléfono de la habitación, disqué, me atendió el conserje:
-Perdón, ¿esas campanadas, de qué Iglesia son?
-De la Iglesia de la Merced, señor…

La historia del tango me vino a la cabeza.

1931. Una compañía teatral viaja a Chile. La dirigen Manuel Sofovich y  Alfredo Le Pera. Discépolo decide agregarse a la misma, porque iba Tania y porque “atravesé la cordillera impulsado por esa fiebre de andar que me acosa de tiempo en tiempo…”. Tito Lusiardo, Carmen Lamas, José Ramírez entre otros, integraban la comitiva.

Una noche, después de la función, algunos de los integrantes de la Revista, se quedan jugando al truco. De repente suenan las campanas y se produce una impresión notoria en el grupo. Al día siguiente Le Pera le cuenta la experiencia a Discepolín, instándolo a que se quede esa noche con ellos, porque podrían hacer un tango con esa experiencia.

El carillón, ese maravilloso carillón, nos dio el motivo (...) Pero la letra no salía (...) Nos costó mucho trabajo. Una madrugada, desvelados los dos, mezclando al inmutable son de las campanas esa fiebre de viajeros incurables que llevábamos, ‘Carillón de la Merced’ se hizo música y canción”, contaba Enrique.

Iglesia de la Merced y la placa en la misma que recuerda a Discépolo

El hombre y el carillón que entablan un diálogo espiritual en una madrugada neblinosa de Santiago y el tema, cantado por Tania, fue estrenado con enorme éxito en el teatro Victoria de Santiago.

 Yo no sé porque extraña razón te encontré / Carillón de Santiago que está en la Merced.
 
No podía sacarme de la cabeza la lejana historia, ni la de cuando le comenté a Julián Centeya  lo extraño de aquella sociedad Discépolo-Le Pera, que era el primer tango de éste. Y casi me boxea. Para él Le Pera , no había intervenido en la letra del tango, pero lo tomé como la expresión del gran amigo de Discepolín, que era el bueno de Julián.

Recordando aquella tarde-noche santiaguina que me tocó a mí vivirlo, lo traigo en esta versión de Osvaldo Fresedo con la voz de Teófilo Ibáñez, grabado en 1932.

Tango circense




TANGOSHOW
                                                                                      “Planto bandera aquí, me las picardo.
                                                                                       Amuro este balurdo que me estufa”.
                                                                                                                        Daniel Giribaldi

Hoy descubro qu’el tango es pa´los cráneos,
que chamuyan: disociar, sustentación,
redondeces; -sanatas de ocasión-;
esos troesmas de ballet o contemporáneo.

Te la pasás en la pista gambeteando
los choganes y voleos  que planean;
al Astaire o al Bocca lo escanean
creyendo que algún Saura está filmando.  

Mi balero al junar el show, razona,
-Te juro que me cazo flor de afasia-
con el breón haciendo el Maradona, 

y la nami revoleada a lo batracia,
pensando en el gotán, -¡ay, la madona!-,
que en vez de milonguear hacen gimnasia.

                   José María Otero




Ubaldo De Lio

Murió un grande del tango y de la guitarra y lo menos que puedo hacer, después de haberlo gozado tanto, es difrutarlo en su homenaje.

Tenía 83 años y trabajó -es una manera de decir- hasta el final, porque le gustaba tanto lo que hacía que le producía un placer enorme.

Con guitarra española, eléctrica, amplificada y hasta el mandolín, lo suyo fue un ejemplo artístico que ejerció sin pausas desde los 14 años, dado que a los 13 se recibió de profesor de música.

Su dúo con Horacio Salgán que nació en el mítico local Jamaica, a fines de 1957 -donde Ástor Piazzolla convocaba a sus fans para deleitarlos con el nuevo tango que portaba en sus venas-, nació jugando, después de hora, casi sin público. Y el dueño del local les propuso formar la dupla que duraría 50 años y recorrería el mundo. "Pasábamos más tiempo juntos que con nuestras familias", recordaba Ubaldo (que en realidad se llamaba Uvaldo)."Y pese a ello, jamás nos tuteamos", aclaraba, aunque todos lo sabíamos.

Ubaldo De Lio y Horacio Salgán
Entre su legión de admiradores figuraron personajes de la talla de Igor Stravinsky, Arthur Rubinstein o el famoso guitarrista Jim Hall, que le regaló su propio equipo.
                                                       
Después fundarían el fabuloso Quinteto Real junto al maravilloso violín de Enrique Mario Francini, el fueye inigualable de Pedrito Laurenz y el contrabajo de Rafael Ferro.

Sudamérica, Estados Unidos, Canadá, Japón, Europa lo aplaudieron con Salgán o con el Quinteto. En la Ópera de Ginebra, tocaron con el teatro a full y el público estaba compuestos por músicos en su mayoría.

Acompañó a infinidad de cantores, tocó con Troilo, con Mariano Mores, con Ciriaco Ortiz. Con Pichuco grabó a instancias suyas: Nocturno a mi barrio, donde el Gordo se manda su célebre recitado que hasta ahí  lo hacía entre amigos noctámbulos, como De Lio.

En mi memoria rondan aquellas noches del Jamaica donde iba una feligresía amante de esa música para escuchar. Y Marlene Dietrich, Ella Fitzgerald o Joao Gilberto que también compartieron esas mesas.

Volvemos la vista atrás y escuchamos-vemos a Salgán De Lio en La cumparsita. Y al Nuevo Quinteto Real, con Horacio Salgán y Ubaldo De Lío, festejando el 50º aniversario de la formación del conjunto, en el tango de Juan Carlos Cobián: Shusheta.




                                                          Salgán-De Lío.La cumparsita

                                                              Quinteto Real: Shusheta
                                                    










jueves, 26 de abril de 2012

Jorge Falcón

Un cantor enorme, intimista, de hermosa voz y entonación.Un artista  pintón, nacido en el barrio de Parque Chacabuco, en Buenos Aires, que pasó por varias formaciones  hasta que entró en la orquesta de Héctor Varela, donde alcanzó la consagración con su gran capacidad interpretativa.

Se llamaba en realidad Luis Iglesias y nació el 15 de octubre de 1949. En la orquesta del Chula Clausi había mostrado sus magníficas condiciones, dejando una decena de temas grabados.

Varela, generosamente le dió el pase hacia el brillante eco popular que consiguiría como solista. Dejó unas 50 grabaciones en total, con las orquestas de su amigo y protector: Varela; Clausi y con las de Titi Rossi y Raúl Plate, en estas dos, en carácter de solista.

El amor desolado, de Alberto Cortez y José Dicenta, fue sin dudas su mayor éxito, y lo registró con el conjunto de Raúl Plate.

Falleció muy joven y en pleno éxito. La alarma saltó cuando se desmaya en plena actuación en Rosario y sale a relucir públicamente el cáncer que lo consumía a toda velocidad. El 2 de julio de 1987, en un Sanatorio de Artistas en San Telmo nos dejó con apenas 38 años de edad y un futuro maravilloso como cantor, esperándolo. Su amigo Héctor Varela se había despedido de este mundo seis meses antes.

Podemos verlo en plenitud cantando su gran logro: El amor desolado, acompañado por la orquesta de Mario Cupo Y Pasional, el tangazo de Jorge Caldara y Mario Soto que fuera exitazo de su ídolo: Alberto Morán. Falcón lo cantó en Canal 9 en un homenaje a Osvaldo Pugliese que estaba presente.







                                                Jorge Falcón. El amor desolado





 
Jorge Falcón. Pasional



Valseando que es gerundio

Los valses vieneses llegaron a América de la mano de los inmigrantes.

En cada país fue tomando unas formas distintas, aún manteniendo la raíz fundamental del waltz (Waltzen: Dar vueltas mientras se baila). Los franceses lo denominaron vals canción; rusos y alemanes le dieron un tono más vivaz; en Estados Unidos se convirtió en Vals Boston.

Se transformó en vals peruano, en vals ranchero mexicano o en ecuatoriano.

En Argentina tomó diversas formas regionales: El vals cordobés, el cuyano, el valseado litoraleño o el valsecito porteño.

Pascual De Gullo creó su legendario Lágrimas y sonrisas en 1914, grabado por Eduardo Arolas con su orquesta ese mismo año. También registró Arolas: Pabellón de las Rosas de Gerardo Metallo, ese año.

Un valsecito clásico como El Aeroplano del pianista Pedro Datta, fue creado en 1915 y ese año lo grabó Francisco Canaro con su trío en el sello Atlanta. El mismo Datta (1887/1934) es también autor de un hermoso valsecito: Alma dolorida, que grabó Juan D´'arienzo el 5 de marzo de 1937.

En la partitura original puede leerse la dedicatoria del autor al pianista y compositor Manuel Aróztegui y menciona una letra del payador Pancho Cuevas (Francisco Bianco), que supo canturrear algunas cosas en la orquesta de Arolas.

Les propongo escuchar a Ciriaco Ortiz con su trío en: El aeroplano, grabado el 25 de enero de 1933.  Me trae recuerdos de aquellas noches de verano, cuando se bailaba en los patios rodeados de macetas, el aire perfumado de magnolias, heliotropos y jazmines y las guirnaldas y bombillas de colores.¡Cuantos noviazgos comenzaron en sus giros porteñazos y románticos! ¡Cuantos guitarreros y fueyes de barrio lo tocaban en los boliches y pasaban luego el platito!

Y de propina va Alma dolorida por D'Arienzo que invita a gastar suelas en el parqué.

El aeroplano

Alma dolorida

Cambiaso


A veces se da el hecho de que un tango pueda transformarse en milonga, gracias al olfato o acierto de los directores de orquesta y los arregladores, que pueden o no, tratarse de  la misma persona.

El resultado suele ser llamativo y ambas versiones de la misma pieza original, puedan ser perfectamente válidos, en su estructura bailable o simplemente parea escuchar. 

En este caso traigo a la palestra el tango original del violinista Enrique Mónaco y el poeta Dante Linyera (Juan Bautista Rímoli): A la francesa.

Julio De Caro lo grabó con su sexteto en forma instrumental y también  con  la voz de Luis Díaz en 1930. 

Héctor Varela lo adaptó en tiempo de milonga, registrándolo con las voces de Armando Laborde y Jorge Rolando en 1962. Acá traigo las dos versiones cantadas para que se pueda realizar la comparación entre los diferentes tiempos musicales.




miércoles, 25 de abril de 2012

Juan Carlos Lamas



Quiero recordar un cantor de fugaz paso por el tango, pero que dejó su impronta nada menos que en la orquesta de Juan D’Arienzo.

Juan Carlos Lamas se llamaba en realidad Rafael Velázquez, y con ese nombre tan artístico, llegó al mundo en Rosario el 13 de octubre de 1921. Tenía estampa de cantor y de chico lució esa cualidad, cultivada por su padre que era guitarrero y también cantor en aquella Rosario de Santa Fe que consagrara su paisano, Agustín Irusta.

En la aventura porteña, con el seudónimo de Carlos Dumas, el muchacho veinteañero intentó entreverarse aconsejado por otro del pago: Lito Bayardo. Las luces buenas del centro lo condujeron hasta el Chantecler, de Paraná y Corrientes donde tallaba nada menos que Juan D’Arienzo.

Fulvio Salamanca, también nacido en Santa Fe, aunque criado en un pueblo del este de Córdoba fue su salvavidas. Tenían la misma edad y algún amigo en común. Sería Fulvio quien se lo recomendaría al Rey del compás. Pasada la prueba con éxito, se incorpora al conjunto, teniendo como compañero a Héctor Mauré.

Estaría un año y medio con D’Arienzo y dejaría 15 registros impresos. Los primeros fueron realizados el 24 de setiembre de 1942: Pompas de jabón, Vieja recova y Embrujamiento.

Se retiró voluntariamente de la orquesta para dar rienda suelta a sus ansias viajeras, aunque dejó dos grandes amigos en el conjunto: Fulvio Salamanca y Héctor Varela, como me contara tomando café.

Anduvo por México, Cuba, Puerto Rico, España, cantando e intentando trabajar como actor, cosa que lograría finalmente en Italia. Trabajó con Walter Chiari, con Fellini, hizo cosas menores en teatro y finalmente pegó la vuelta.

Consiguió rápidamente trabajo en nuestro cine y llegó a participar en 25 películas, haciendo papeles secundarios y generalmente de hombre recio. Pero en algunas como en: Procesado 1040, su trabajo fue muy elogiado por la crítica.
Lamas junto a Hugo del Carril y Julia Sandoval en Amalio Reyes, un hombre

 

También se manejó con alguna frecuencia en televisión y cada tanto, a pedido, recordaba su pasado de cantor. Me hice amigo de él, porque vino a cantar a un Festival que organizamos en el Club del barrio para recaudar fondos. Lo trajo un locutor de la barra.

Y en esas charlas, entre cafés recordaba con cariño al Flaco Varela y a Fulvio, y me contaba que solían verse intercambiando experiencia y anécdotas.

Hoy recuerdo a este trotamundos con dos tangos grabados con D’Arienzo, Vieja recova de Rodolfo Scianmarella, y Pompas de jabón de Roberto Goyheneche y Enrique Cadícamo, que fue el primer tango escrito por este último en 1925.





martes, 24 de abril de 2012

El lunfa veterano

Dibujo de Ricardo Sendra










 MILONGUITO                        Sosegate que ya es tiempo de archivar las ilusiones,
                                                                       dedicate a balconearla, que pa’ vos ya se acabó…”
                                                                                                         José Zubiría Mansilla
                                                                                                          
Bardea en su berretín de milonguero:
tener como Mercurio, pies alados,
tayar en el parqué, de gran ropero
y sus grossos camambuses charolados.

Se embroya  con poses del Morocho,
lo chorea a  Miguel Zotto en el video
maquinando con namusas ganchos y ochos
que no funcan en su  repertorio reo.


De chapil demodé, minga de sopes,
no afloja el berretín en el ocaso.
Acusa cinco seis, va fayo al lope,

escucha al Totuer,  mordiendo el faso,
soñando con la chaper del grone Copes
y la corrida por el güin de Virulazo.

               José María Otero

Pichuco y Quejas de bandoneón

Fue uno de los más grandes sucesos que cosechó Aníbal Troilo en toda su carrera, el que consiguió con este tango de Juan De Dios Filiberto.

Los bailarines salían despedidos a la pista al escuchar los primeros compases del mismo, e incluso se usaba como presentación de un exitoso programa de televisión: Yo soy porteño, donde participaban entre otros: Gloria y Eduardo y Jorge Sobral.

El arreglo del tango para la orquesta de Pichuco corrió a cargo de Ástor Piazzolla, aunque el Gordo siempre usaba su famosa goma de borrar en algunos adornos que no consideraba oportunos, conservando sin embargo su riguroso buen gusto hasta el final.

¿Cual es el secreto de los  entusiasmados aplausos que cosechó Troilo con este tango?

Evidentemente, el arreglo de Piazzolla le da un plus al tema de Filiberto. Casi todas las orquestas, comenzando por la del autor, Canaro, Pugliese, D'Arienzo, Biagi, Di Sarli, también lo tuvieron en su repertorio y si bien  le dieron su sello propio y gustó en todos los casos citados, la versión de Pichuco tuvo el agregado de las variaciones  de fueye que insertó en ese maravilloso final, y que no existían en la creación original de Filiberto.

(Cuando Pichuco gatillaba, el silencio era sepulcral.) 

Pocas veces se suelen tratar en profundidad las variaciones de bandoneón, que son como "minicomposiciones". A veces las explico en conferencias con gente que baila y me llama la atención el desconocimiento que tienen del tema. 

Troilo recordó que en 1936  cuando actuaba en el Cuarteto del 900, con Emilio Vardaro en violín, Feliciano Brunelli en piano y el flautista Enrique Bour, que además era el representante, tenían en su repertorio "Quejas de bandoneón". Y en aquellos momentos Brunelli creó esas variaciones que Pichuco guardaba en su memoria.



Y entonces decidió agregarlas al arreglo de Piazzolla y fue un éxito interminable. Hasta el final  fue su caballito de batalla: Quejas de bandoneón, que reclamaban tanto milongueros como espectadores. Yo lo vi en una hermosa gala de Tango celebrada en el Teatro Colón en 1972, como en muchas otras ocasiones: en Caño 14, en Relieve, en las milongas, en Mar del Plata. Y chamuyar con él en las madrugadas era una caricia para las orejas y el cuore.

Como aquella noche mágica  de 1972 que el Colón se puso de pie para ovacionarlo cuando terminó este tango.Y yo estaba "volando".






Carlos Gardel

Hoy el cuore me pide escuchar a Carlitos. Es que , me cuesta pasar unos días sin poner un par de temas del Mudo, como mínimo.

Así que, vamos a disfrutarlo en esta versión del tango Canchero, de Arturo de Bassi y Esteban Celedonio Flores, donde el Negro Cele utiliza metáforas turfísticas para corresponder a los avatares amorosos con una mujer, realmente divertidos.

Estos encuadres de canciones interpretadas por Gardel -lo que hoy podrían denominarse videoclips- se filmaron en la calle México 832, de la capital argentina, entre octubre y noviembre de 1930. Las dirigió Eduardo Morera y Gardel dialoga con los autores de los temas.

Se estrenaron en el cine Astral, de Buenos Aires, el 3 de mayo de 1931.

            
            Lo acompañan las guitarras de José María Aguilar, Guillermo Barbieri y Ángel Domingo Riverol

lunes, 23 de abril de 2012

Piazzolla y Gardel

Todos los tangueros conocen la historia de Ástor y el Morocho del Abasto. Al pequeño Piazzolla no le gustaba el tango, pero su padre le compró un bandoneón y le hizo estudiar el fueye. En Nueva York con Andrés D'Aquila, un pianista argentino que vivía allí. Y en Mar del Plata, en el primer y fugaz regreso, con Homero Pauloni.

Ástor con sus padres
Cuando tenía 13 años, Nonino (el papá), que era peluquero, hizo una talla para Gardel, consistente en un gaucho con una guitarra. Es que había llegado el cantor a Nueva York, y para mandarlo con el regalo lo empilcharon bien -chaqueta azul, pantalón blanco de franela- y lo despacharon adónde vivía Gardel: Los departamentos de Bellas Artes, en la calle 48 de Broadway. Al llegar allá se encontró con el pianista y director Alberto Castellano que venía con dos botellas de leche. Ástor le habló en inglés, Castellano no lo entendía y entonces le dijo que él hablaba también español.

Pibe, me venís bárbaro, salí sin llaves ; haceme un favor, entrás por la escalera de incendio y despertá a un señor que está durmiendo en la pieza - le rogó Castellano.

El Chico, que se las sabía todas, entró por la ventana y despertó a Le Pera que le contestó con un gruñido. En la cama de al lado estaba Carlos, que después de enterarse de lo que hacía el chico ahí y de avisarle que le abriera la puerta a Castellano, lo invitó a desayunar con todos ellos.

"Le di la talla que me había mandado mi papá y cuando le dije que sabía tocar el bandoneón, Gardel casi se desmaya. Nos hicimos muy amigos. La verdad es que me convertí en su cicerone.  Gardel no hablaba inglés y yo lo acompañaba a las grandes tiendas, Macy's, Old Dark; él quería comprar mucha ropa. También le gustaba la comida italiana y entonces lo llevé a una cantina que se llamaba "Santa Lucía" en el Greenwich. Un domingo cayó a casa, invitado por mis padres a comer una raviolada, y de postre mi mamá había hecho buñuelos de manzana. Gardel se manducó todo, estaba muy gordo y no se cuidaba."

Entre Gardel y el pequeño Ástor se estableció una linda amistad y éste, hasta lo acompañó con el fueye en el Teatro Campoamor, aunque al ser menor de edad no podía trabajar de noche. Y al chico todavía no le había picado el bichito del tango y en cambio adoraba a Bela Wilda y cómo tocaba Bach.

Por lo demás es sabido que hizo en 1934 un pequeño papel de vendedor de diarios en la película El día que me quieras junto a Gardel. Tenía 13 años entonces.

Con el tiempo supo entender lo que había significado Gardel y le regaló a la Asociación Gardeliana esta foto del gran cantor dedicada a su padre: Nonino.

Foto firmada por Carios Gardel, en ocasión de dedicarla a "Nonino", el padre de Astor Piazzol1a. Donación de Astor Piazzola a la Asociación Gardeliana, dedicada y firmada de su puño y letra, entregada a Víctor Sasson, amigo de su juventud, y Presidente de la Asociación Gardeliana entre los años 1978-1997.-

Julio Cortázar y el Tango (según El Tata Cedrón)




   "La noche que lo inspiró para escribir ese relato ["Lucas, sus amigos"] fue el año 76. Teníamos con mi mujer, Margarita, un departamentito detrás de La Bastilla. Eran dos cuartos que no sé si sumaban veinte metros cuadrados entre los dos. 
Estaban Juan Gelman, mi hermano Alberto, una amiga y un periodista inglés que trabajaba bastante con Gelman en denunciar internacionalmente lo que ocurría en la Argentina en aquellos años. Y además estaban nuestros hijos mis sobrinos, unos amiguitos de tres chicos y el hijo de una vecina que había salido y nos dejó el pibe en custodia. (...) Esa noche hice una polenta mezclando todos los quesos franceses. Me salió una bomba. Cuando terminarnos, sentados en las camas-cucheta, en el suelo, donde se podía, abrimos las ventanas y empezamos a charlar de mil cosas. 
Fue una noche extraordinaria, un quilombo, tal cual lo relata. 
Julio Cortázar con El Tata Cedrón (derecha) y su hermano
  Ese cuento los franceses lo utilizaban en un método para enseñar el español junto con algunas canciones mías, de Javier Villafañe y de González Tuñón. Lo gracioso es que después que los francesitos analizaban el texto de Julio, tenían que responder a un cuestionario y la última pregunta era: ¿Les gustaría vivir al lado de la casa de los Cedrón? Y todos contestaban que no. Claro, hacíamos mucho barullo. 
Me acuerdo de aquella noche del cuento, el periodista inglés se tiró a dormir la curda en una cama y a la mañana siguiente se despertó y con ese modo tan inglés se puso las manos en la nuca y dijo: 'Fatalmente, la noche ha terminado'. Claro, los chicos se habían levantado y otra vez estaban haciendo un despiole terrible."

  "Tenía buen gusto y conocía a fondo a Troilo, Pugliese, Salgán, era muy selectivo. Pero claro que de jazz sabía un tocazo, tenía una discoteca impresionante. Una vez le recordé un disco inhallable y al día siguiente me lo regaló. De ahí saqué el tema Y la muerte no tendrá poder y lo canté en español. Así era él, humilde, solidario, un tipo tierno. En los últimos tiempos se había comprado un teclado y me invitó a su casa: 'Vení que te toco algo', me dijo. Y le daba a los valsecitos, Desde el alma y esas cosas."
El Tata Cedrón y aquella noche mágica entre chicos y empanadas (fragmentos),
reportaje por Carlos Ferreira
Publicado en revista La Maga, "Homenaje a Cortázar", Buenos Aires, noviembre de 1994 






Postal milonguera


Tango . Óleo de Julio Ovejero
                                   


BEGUÉN
                                                  “Sólo la música puede crear una complicidad indestructible
                                                                     entre dos seres”.
                                                                                       Emile  Cioran (filósofo rumano)
                                                                                                                             
Me copaba esa mina rantifusa
moviéndose como una viborita.
Quería darme con ella una biabusa
y tenerla a mi pecho pegadita.

Andando, mataba en su conjunto:
de caripela, en verdá, bien fulería,
las naerpis: de diego; veinte puntos;
y justiniana, ahí nomás, carrocería.

La tuve tete a tete aquella cheno…
La tantié con mi brazo un par de veces
empardé mi osamenta con sus senos…,

la quía suspiró, movió sus pieses;
la espolié, canchereando en el terreno
y bordamos La yumba con Pugliese. 

                           José María Otero

Plegaria



Este tango que fue muy popular en Europa durante la segunda guerra mundial, encierra una triste historia.

Su autor, Eduardo Bianco (1893/1959) era un violinista rosarino de formación clásica que estuvo en Buenos Aires sin encontrar su destino y resolvió marcharse a Europa en 1923, en aquellas patriadas de músicos, cantores y bailarines que intentaban triunfar con el tango en el viejo continente.

Allí tocó en un trío ocasional, pasó por las orquesta del “Tano Genaro" (Genaro Expósito) y recaló con la exitosa formación de Manuel Pizarro (tio de un amigo mío de toda la vida). Cuando alcanza a formar orquesta en dupla con el bandoneonista Juan Bautista Bachicha Deambroggio, su estrella comenzó a brillar con fuerza. Músicos como Horacio Pettorossi , Víctor Lomuto se incorporaron al conjunto y algunos europeos que le estaban tomando el gustito al tango.
La Orquesta Bianco-Bachicha
 Afianzado en el gusto de la gente que concurría a escucharlos al teatro o clubes nocturnos, Bianco, que aprendió incluso a tañer el bandoneón, se independizó, convirtiéndose en una especie de Marco Polo del tango, y comenzó a viajar con su propia orquesta. Vestidos de riguroso smoking, paseó el conjunto por toda Europa, Medio Oriente, Estados Unidos. En España actuó ante el Rey Alfonso XIII, ante Stalin en una larguísima gira por Rusia y ante Hitler en Alemania.

El Führer se prendó de este tango casi fúnebre que pertenece a Bianco y la pieza pasaría a ocupar un lugar trágico. Obligarían a tocarlo a músicos judíos en los campos de concentración durante las ejecuciones de aquellos condenados por su raza. Aunque parece que Bianco jamás se enteraría del triste destino de su tango. Lo cuenta el biógrafo de Paul Celan, el poeta que sobrevivió a los campos de concentración.“Los prisioneros eran obligados a tocar ‘Plegaria’ y por eso, Celan lo tituló ‘Tango de la muerte"

Bianco dedicó el tango al Rey de España Alfonso XIII. 

Bianco volvió a Buenos Aires, brevemente sufriendo las consecuencias del clima húmedo porque era asmático, estuvo radicado en Comodoro Rivadavia, volvió luego a sus giras triunfales por Estados Unidos y Medio Oriente y en su definitivo regreso encontró la muerte, propiciada por su alergia, en el Hospital Tornú.

Sabedores de la triste deriva de Plegaria, al escucharlo sentimos algo íntimo, una conmoción especial.
Eduardo Bianco
  
Acá lo traigo, grabado por el propio Eduardo Bianco con su orquesta. Lo canta Juan Raggi, uno de los autores de Oro muerto, que De Angelis consagró con la voz de Julio Martel.

Por el mismo Bianco grabado en 1930, el tango Callejas solo, de Juan D’Arienzo y Luis Rubistein. Reconocerán en la melodía el tema: Nada más, que D’Arienzo grabó con la voz de Alberto Echagüe en 1938. Lo curioso es que primero, en 1926 el tango se llamó Rodolfo Valentino, luego homenajearon al jockey-cuidador, “El Tigre” Callejas, y lo grabó D’Arienzo con la voz de Carlos Dante en 1928. Hasta llegar a la tercera y definitiva versión.

Y finalmente escuchamos Plegaria por Osvaldo Fresedo con Ricardo Ruiz de 1940.





domingo, 22 de abril de 2012

Los hermanos Abrodos


Esta agrupación familiar representó durante años, una de las mejores expresiones del folklore argentino. Manuel, el primogénito de la familia nació en Zárate, provincia de Buenos Aires, a orillas del Paraná.
 
Posteriormente sus padres se trasladaron a Avellaneda, donde irían naciendo el resto de los 9 hermanos que conformarían el total.

Al principio formaron un Trío entre Manuel, Pepe y Roberto Abrodos. Pepe fue un buen bailarín de tango y profesor de esta danza en un club de Avellaneda. Roberto incursionaría como cantor tanguero en las orquestas de Salvador Grupillo (Grupiglio), el autor de “El taita”, y de Carlos Marcucci, ambos exquisitos fueyes de la zona.

Con el paso de los años y los éxitos cosechados, Los Hermanos Abrodos  (Manuel y Pepe) se transformaron en sexteto, incorporando a Adolfo Mocetti al piano, Ángel Bianchi en el coro de voces y muy buena primera voz, Juan José Crocci (bombo y guitarra) y Sixto abrojos (solista y primer guitarra).

Los hermanos Abrodos originalmente

Debutaron en 1935 en el Teatro Nacional junto a Libertad Lamarque. En esa ocasión Alfredo Navarrine les arrimó La canción del linyera, que cantaron con un éxito notable, manteniéndola en su repertorio durante mucho tiempo. Debutaron en Radio Belgrano donde estuvieron 7 años. Y de ahí saltaron a Radio El Mundo donde estuvieron 28 años consecutivos, además de seis temporadas en Canal 7.

Roberto Abrodos compuso con letra del poeta Eugenio Majul, dos valses: Hermana y Feliz cumpleaños mamá.

El primero lo grabó Alfredo De Angelis con la voz de Juan Carlos Godoy el 26 de septiembre de 1958.

Juan Sánchez Gorio con el cantor Osvaldo Bazán, grabó, entre otros: Feliz cumpleaños mamá.

Los hermanos Abrodos grabaron más de 600 disco en 78rpm, 109 LP y 10 volúmenes del Álbum de Danzas nativas donde figuras verdaderas joyas del repertorio bailable.

Yo les ofrezco para escuchar, dos versiones de Roberto Abrodos con la orquesta de Carlos Marcucci: el tango Pantalones largos y la milonga Morocha de Monserrat.

A los Hermanos Abrodos interpretando un potpurrí de valses.

Y a De Angelis con Godoy, en Hermana.








ABRODOS

sábado, 21 de abril de 2012

Julio Martel

Es uno de mis cantores predilectos. Por su forma de frasear, por esa voz chiquita, gutural y tan personal. Se llamaba Julio Pedro Harispe y a los 20 años se presentó en un lote de 100 aspirantes, para conseguir una plaza de cantor en la exitosa orquesta de Alfredo De Angelis.

Lo probó acompañándolo Juan Larenza al piano; De Angelis, observaba desde el control. Cantó: "Necesito olvidar" y consiguió la plaza, increíblemente, pues apenas había actuado en una orquesta  poco conocida, la de Juan Giordano.

Pegadito a Radio El Mundo estaba el Café llamado Mi refugio, y allí el animador y glosista de De Angelis, el gordito Néstor Rodi, al ver que Julio pedía un copa de Coñá Martell para celebrarlo, mirando la botella,  le dijo: "Te vas a llamar así, Julio Martel. Con una sola ele".

El muchacho alto, pintón, de sonrisa gardeliana, clavel en la solapa y metro ochenta y cinco de estatura debutaría en el Café Marzotto con el tango: No creas. A su lado estaba otro grande Floreal Ruiz, que pasaría enseguida a formar en la orquesta de Aníbal Troilo y en su lugar entra Carlos Dante.

La veteranía de Dante y la juventud de Martel se conjugaron  en el binomio más celebrado que ha dado el tango en cuanto a cantores de orquesta, en temas interpretados a dúo, con sus voces complementarias.

En 1946 Radio El Mundo contrata a la orquesta para el Glostora Tango Club, programa que estaría 22 años en el aire, patrocinado por un fijador del cabello. De allí saltaron al cancionero popular infinidad de éxitos.

Julio dejó estampada su voz tan imaginativa para tratar la línea melódica y esa simpatía innata que la llevó a ser ídolo, especialmente de las mujeres que acudían a ovacionarlo en Radio El Mundo o en las milongas.
Alfredo De Angelis, Carlos Dante y Julio Martel

Se despidió llorando de la orquesta de De Angelis en 1951, en unos carnavales en La Plata, con el último tango que cantó en esa orquesta: Porque te habré conocido, de Rodolfo Scalisi y el fueye de la orquesta: Carlos Cubría.

De Angelis le entregó una medalla de oro y le regaló el micrófono y el amplificador que había usado en su debut con la orquesta en el Marzotto.

Después cantó con Oscar Castagniaro con otras formaciones, filmó la película "El ídolo del tango" y aprovechó los últimos rescoldos de una popularidad que languidecía, dejando paso a otras voces.

Pero, afortunadamente quedaron sus registros. Por ellos hasta le perdono los 50 pesos que me ganó una noche de boxeo en el Luna Park. Él iba a mano de Ricardo González y yo del rosarino Alfredo Bunetta. Y ganó Gonzalito. Y cuando apostamos, ni lo había reconocido.

Me baño en recuerdos lontanos, escuchándolo en el primer tango que grabó con De Angelis: Qué buena es, de A. Ferreira y H.B. Oneca. Lo registraron el 23 de julio de 1943.

Por quererte te perdí, de Antonio Cascini y Marvil (Elizardo Martínez Vilas)  del 23 de diciembre de 1947.

Y su despedida de la orquesta de De Angelis, en una toma radial: Por qué te habré conocido, de Rodolfo Scasidi y Carlos Cubría, fueye de la orquesta.

Y como frutilla del postre, uno de los temas que interpreta en "El ídolo del tango". El tango Comencé jugando de Rodolfo Scianmarella.


Qué buena es. De Angelis-Martel


Por quererte te perdí. De Angelis-

Por qué te habré conocido. De Angelis-Martel

                                                         Comencé jugando.video

viernes, 20 de abril de 2012

Tango y bolero


Aparte del tango, hay un rubro en el que Argentina fue gran productor: El bolero.

Infinidad de cantantes y músicos llevaron el bolero a las altas cumbres, aunque parezca más propio del norte de Sudamérica, CentroAmérica, Cuba  y México especialmente.

El mendocino Leo Marini, Hugo Romani, Gregorio Barrios (nacido en España), Eduardo Farrell, el increíble Daniel Riolobos, Mario Clavell, Fernando Torres, Roberto Yanés, María Marta Serra Lima y muchos otros dejaron su sello en toda América y España.

Don Fabián
Y un músico cordobés, nacido el 11 de marzo de 1915  dejó también títulos inolvidables: Don Fabíán. Pianista, director, compositor, letrista, profesor de teoría, solfeo, armonía y contrapunto. Se llamaba en realidad Domingo Fabiano Monferrato. Su madre era hija de un flautista italiano y lo alentó a formarse en la música y le compró un piano. De niño acompañaba películas mudas en el cine y se integró en la Orquesta de los Diablos rojos.    



A los 24 años se radicó en Buenos Aires, tocando temas melódicos y jazz. Formó su conjunto: Don Fabián y su trío vocal que logró un gran suceso a fines del 40 y comienzo de los cincuenta.

Fue Director de la Orquesta sinfónica Estable de Radio El Mundo diez años. Y se destacó como compositor y autor de temas melódicos que trascendieron largamente nuestras fronteras. Los clásicos boleros como: Dos almas, Corazón de Dios, Sin ti, Cobardía...

Con Cumbia que vas de ronda consiguió el primer Premio a la canción melódica en Colombia. En toda América latina hay más de 50 obras suyas instaladas en la canción popular. También es suyo el bolero: “Tengo una debilidad” que el moreno cubano Antonio Machín llevó a España en los años 40 con un ritmo pachanguero y que vuelve constantemente. Y algunos tangos como “Estrella fugaz”.

Recibió el Gran Premio SADAIC de Música Internacional en 1970; el Konex 1985 como autor/compositor melódico y el Premio SADAIC Director (1973/74). Falleció en 2001.


Hoy lo traemos a este blog con un valsecito suyo  que también recorrió medio mundo y lo cantaron los grandes del bolero americano: No te olvides de mi, corazón. Lo Escuchamos por la Orquesta de Osvaldo Fresedo y la voz de Oscar Serpa para alimentar los recuerdos. Lo grabaron el 24 de mayo de 1945. También lo grabó Raúl Iriarte con Miguel Caló.



Viejo ciego




 A mediados de 1925, la revista “El alma que canta” que incluía los tangos de moda (Mi hermano la compraba siempre), organizó por idea de uno de sus redactores: Rómulo Avallone, un concurso de  letras, bajo el eslogan: “Buscamos al poeta del tango”.

“La idea –decía Avallone- fue acogida con entusiasmo por Gardel, quien me confesó que estaba harto de cantar siempre los mismos temas: El hombre engañado, la crónica policial o el falso pintoresquismo de los conventillos.

El concurso fue un éxito, infinidad de autores mandaron sus trabajos. Hay que tener en cuenta –continúa
-, que el premio consistía en la inmediata impresión de la pieza por una conocida editorial musical y que luego la grabarían, además de Gardel, las orquestas de Anselmo Aieta y Julio De Caro.

El jurado lo integrábamos Alfredo Navarrine, Dante Linyera y yo.

-Cuando se publicó la letra de El ciego del violín, pese a que aparecían todas sin nombre, Cátulo Castillo que era amigo de Manzi, la reconoció y la pidió para ponerle música. Le avisamos a Manzi que si le retiraba antes de la selección final quedaría automáticamente excluido, pero la idea de que su amigo y el pianista Sebastián Piana le pusieran música le hizo olvidar el concurso.

Cátulo, Manzi, Piana y su cuñado Pedro Maffia

-Recuerdo  que a los pocos días, Enrique Delfino se presentó en la redacción de la revista expresando que quería ponerle música a los versos de Manzi". (finaliza Avallone)

El tango lo estrenó Roberto Fugazot en esa obra de Ivo Pelay: Patadas y serenatas en el barrio de las latas (Ese barrio estaba en el fondo de Parque Patricios, cerca de la quema).

Hasta ese momento el uruguayo Fugazot sólo era segunda guitarra de Ignacio Corsini y dio un salto en su carrera afianzándose como cantor.

Escuchar este tema por el Polaco Goyeneche con el violín de Antonio Agri y la guitarra de Esteban Morgado, me pone la carne de gallina. 


El Polaco ya estaba muy mal, pero….

¡Que bárbaro! 


jueves, 19 de abril de 2012

Los Berón

Constituyeron una familia de músicos. El matrimonio compuesto por el guitarrero, cantor y compositor Manuel Berón y  Antonia Iglesias, cultivó estas artes con toda la prole. Establecidos en Zárate, en la ribera del Río Paraná, hacia el Noroeste de la Provincia de Buenos Aires, desde allá volaron sus cantos hacia todas partes.

Ciudad de donde salieron tangueros como Armando Pontier, Homero y Virgilio Expósito o Cristóbal Herreros, los descendientes de aquel matrimonio criollo descollarían con luces propias en la Ciudad de Buenos Aires. Las hermanas Rosa y Elba se consagrarían como grandes intérpretes del folklore. Posteriormente, cuando Rosa se marcha a México al casarse con un futbolista, Elba destacaría como gran cantora de tango, siendo la primera "pollera" que actuó en la orquesta de Aníbal Troilo.

Raúl y José formaron a su vez un dúo que actuó en emisoras porteñas e incluso en diversos locales de Montevideo, antes de lanzarse por cuenta propia cada uno.

Por su parte, Adolfo, guitarrero y compositor, compartió presentaciones con sus hermanos en radio, formó un dúo de escasa trayectoria con el cantor Oscar Ferrari y durante la década del cincuenta alcanzó enorme popularidad como guitarrista tanguero. Ejecutante de modalidad melódica y un vibrato de gran "polenta", de tipo abierto. ¡Si le habré visto romper cuerdas!

Raúl fue uno de los mejores cantores que ha dado el tango. Con un estilo claramente gardeliano, su aterciopelada voz de tenor se conjuntó con una enorme imaginación musical. Su manera de decir la frase, melódicamente, a tono con los músicos, lo llevó a triunfar en su carrera y en conjuntos como los de Miguel Caló (que dudaba de él y lo veía más bien como folklorista), Lucio Demare, Francini-Pontier o Aníbal Troilo, donde alcanzó el cénit de su carrera. Fue un cantor modélico.  Mi amigo Luis cuando escucha a Raúl suele acompañarlo con el cantito: "Berón, Berón / qué grande sos..."

En la orquesta de Francini-Pontier, Raúl Berón está sobre el micrófono
 Curiosamente su hermano José, con la misma tesitura que él, en timbre y fraseo, no tuvo la misma suerte. En gran parte por su carácter bohemio, por falta de ambición y renuncia al trabajo. En una época vivía en una casa de Parque Patricios, pegada a una fonda donde solíamos hacer puchereadas a las que venían gente como Alfredito Gobbi, Rodolfo Lesica, Héctor Coral, Julián Centeya y otros. Y alguna vez participó de las mismas. Me encantaba escucharlo por su voz clara y muy musical. Cantó en las orquestas de Emilio Orlando, Enrique Alessio, Roberto Caló, Eduardo Rovira y Miguel Nijensohn.
José Berón a la izq. con Rovira y Jorge Hidalgo
Elba trajinó una cuerda rea, del tipo de Sofía Bozán y su carácter era totalmente distinto al de José. Desenvuelta, pícara, temperamental, con Pichuco vivió su gran momento y luego combinó sus dos pasiones: el canto criollo y el tango, como solista.
Las hermanas Rosa Y Elba Berón

Hoy los invito a escuchar a los cuatro hermanos. Raúl canta con Lucio Demare: Pena de amor.
Elba hace Medias blancas con el cuarteto de Miguel Nijensohn. Adolfo Berón y sus guitarras: Cuatro notas a Gardel. Y José con Miguel Nijensohn interpreta Me la nombra el viento. La letra de este tango poco conocido, le pertenece a Alfredo Bigeschi, veterano compañero mío en el Diario La Razón, de Argentina.

Raúl Berón. Pena de amor

Elba Berón: Medias blancas

Adolfo Berón. Cuatro notas a Gardel


José Berón. Me la nombra el viento