domingo, 16 de diciembre de 2012

Pichuqueando

Domingo plúmbeo en Madrid. Los recuerdos de noches luminosas se atascan en la sesera y nada mejor que pasar un rato acompañado por Aníbal Troilo  y su larga época de esplendor. De Pichuco uno guarda tantas anécdotas, que constituyen un reguero interminable y es lindo perorar con amigos tangueros sobre el bagayo de recuerdos lindos.

Para ahondar en los moretones que nos dejó el tango en el alma, nada mejor que acompañarme con su música y el magma de una memoria que bulle. Los documentos fotográficos son mojones del subibaja del pecho, ante el gozo de los reencuentros.
1935, con el Sexteto de Vardaro en el Tupí Nambá de Montevideo. El boxeador Justo Suárez está parado en el centro.





                             Compartí unos cuantos momentos con Pichuco, cerca de Radio El Mundo, en Caño 14, en Mar del Plata, donde actuaba en Re-fa-si, un local tanguero de mi gran amigo Leonardo Izzo, que también tuvo en su momento la boite Fascinación. En un momento fue socio de Adolfo Pedernera en una oficina suya de la calle Tucumán, en la cual pasé tantas hermosas tardes hablando de tango y fútbol.

En esta cantina El Parque, Pichuco con su orquesta, cenando  después del cabaret en 1938. Además de sus músicos y Fiorentino, está Leonardo Izzo, debajo de Goñi, y a su izquierda el relator deportivo Luis Elías Sojit. También se puede ver al Catunga Contursi parado arriba de Troilo. 

 Una de las debilidades de Pichuco fue su gran sentido de la amistad. Por eso no toleraba las ingratitudes ni las traiciones.Y por eso también fue tan querido y tan llorado cuando se fue.

Con José Manuel Moreno, el crack de River y el gordo Rego a su izquierda, otro amigazo con quien compartí giras por toda América.
Entre las muchas cosas que escribí sobre el Gordo, también le hice este soneto.


Pichuco
                                                                “Nada se parece tanto a vos como tu fueye”. 
                                                                                                         Julián Centeya                                                                                                          
Oficiabas la misa con facha de buda,
caídas las persianas de tus ojos nocheros;
convocabas la runfla, el salón, el potrero,
apilado al mandil de tu gata peluda.

Le sarpaste sonido al porteño poeta:
Cadícamo o Manzi, Cátulo, Catunga;                   
gomía del fioca, del botón, del punga,
y de tu torcan: brújula, faro, veleta.

Abrevó en tu liturgia todo milonguero;
en cada corchea labraste un estuco,
floreciendo pistas cual fiel jardinero.

Así me ganaste, a falta envido y truco,
de púa en mi cuore, mojón tempranero,
enjaulado en tu son, bandolón pituco. 
                                    jmo

En este lugar lleno de melancolía densa y contagiante que refleja el poso anímico, vale la pena recrearnos con el artista sin sosiego y el espíritu placentero del recuerdo, descubriendo la piel de la noche.


El primer tango de orquesta compuesto por Pichuco fue Onda Brava, en 1934, que estrenó el Sexteto de Elvino Vardaro. La Editorial Julio Korn lo publicó en 1950, pero Troilo no lo grabó nunca con su orquesta.

En 1935, con versos de Héctor Gagliardi, realizaron el tango Claro de luna, según recordaba Horacio Ferrer. Pichuco tenía entonces 21 años. 

Y como amante del fútbol que practicó desde pibe, fana de River Plate y gran amigo de muchos de aquellos grandes futbolistas del cuarenta, también despuntaba el vicio en los campeonatos que jugaban entre las orquestas.

Acá lo vemos en la cancha de Boca Juniors como delantero centro con una niña entre sus brazos. Pepe Basso está parado arriba a la derecha. A su derecha Emilio Roca, cantor y periodista. Kicho Díaz es el primero parado, Y están Floreal Ruiz, Alzina, Eduardo Marino y demás integrantes de la orquesta.


Integrando fugazmente el conjunto de Ángel D'Agostino, parado entre el amigo director, y Alberto Echagüe. A su derecha Escámez y Baralis. Abajo: Muñoz, Fracassi y Jorge Fernández. Están en el  cabaret Casanova de la calle Maipú, en el invierno de 1935.

Y cierro este álbum de los recuerdos con Pichuco y el fueye en su regazo. Lo escuchamos en dos temas. Melancólico de Julián Plaza, grabado el 18 de agosto de 1961 y Milonguero triste que compuso recordando al querido Alfredito Gobbi, registrado el 30 de julio de 1969.


Melancólico

Milonguero triste

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