lunes, 5 de noviembre de 2012

Sanguinetti y su enorme misterio

Fue un poeta celebradísimo que ocupó los atriles de todas las orquestas del cuarenta y cincuenta prácticamente. No existió el cantor o cantante de tango que no interpretase uno de sus temas. Algunos de estos, como Nada o Tristeza marina han dado la vuelta al mundo en innumerables versiones. En pleno apogeo desapareció del mundo. Y no se supo más nada de él.

Horacio Sanguinetti se llamaba en realidad Horacio Basterra y firmó casi todas sus obras (155 tiene registradas en SADAIC) con el seudónimo. Compuso la mayoría entre 1940 y 1950. Y los músicos que colaboraron con él en dichas composiciones fue variadísimo.

Citaría a: Juan José Guichandut, Elías Rubistein, José Ranieri, Rodolfo Suárez Villanueva, Edgardo Donato, José Dames, Ángel Vargas, Armando Lacava, Lucrecia Guichandut, José Vázquez Vigo (abuelo de Verónica Forqué), Ariol Gessaghi, Oscar Valetta, Antonio Tormo, Carlos Viván, Mauricio Saiovich, Osvaldo Pugliese, Oscar Sabino, Enrique Maciel, Oscar Herrero, Ernesto Franco, Francisco Caló,  Eduardo Del Piano, Enrique Francini, Osvaldo Tarantino, Samuel Averbuj,  Nicolás Vaccaro, Enrique Rodríguez, Héctor Stamponi, Luis Visca,  Víctor Donato, Luis Bernstein, Salvador Mérico... y la lista sigue.
                                                                                                  Pero no conocemos mucho más. Y no es que no lo haya intentado. Incluso una versión de Oscar Del Priore e Irene Amuchástegui lo dan como habiendo matado al cuñado -militar-,  por haber maltratado a su hermana que falleció. Y que, entre D´'Arienzo, Cátulo Castillo y otros amigos lograron sacarlo en una lancha a Carmelo (Uruguay) donde se lo tragó la tierra, aunque aparentemente estaba al frente de un local nocturno. Se sabe, eso sí, que falleció en Montevideo en diciembre de 1957 y tenía apenas 43 años. De todos modos dejan traslucir los autores una mezcla de realidad y ficción y en esa linde se difumina el rastro verdadero del poeta.

En una oportunidad recuerdo haber debatido con Antonio Carrizo, con el que trabajábamos en un programa en radio El Mundo, sobre un tema de Sanguinetti, almorzando. Y se arrimó Cátulo Castillo que había finalizado su programa, que iba luego del nuestro. Le comentábamos la discusión pero no entró en la misma y contestó con evasivas. Apuró un café, miró su reloj, saludó  y se fue.

No hay una sola imagen de este poeta que dejó tantas hermosas páginas en el catastro tanguero: Nada, Bohardilla, Tristeza marina, Moneda de cobre, Amiga, Los despojos, Flor de lis, Porteña linda, Milonga para Gardel, Barro, Pueblera, Ivonne, Con ella en el mar, Arlette, Rosa celeste, Alhucema, Palomita mía, El barco María,  Gitana rusa, En el barrio del tambor, Viejo cochero, Bailarina de tango y estoy citando sólo una parte de su  gran producción.

Buenos Aires cantó y bailó sus temas y hoy siguen resonando en milongas, en radios, en voces nuevas, en orquestas que van apareciendo.

Y por más que he buscado no encuentro su misterioso rastro. Lo persigo en sus letras. Por ejemplo, en Me voy Buenos Aires, que compuso en 1943 con Antonio Varela: "Me voy Buenos Aires, buscando olvidar / me voy porque quiero una pena matar". O en Mañana no estarás, realizado con el violinista Ariol Gessaghi en 1945: ¡Mañana no estarás!, / y yo seré un espectro, / fantasma del camino, / nocturno peregrino, / fantoche del amor".

Intento conjeturar su destino a través de las letras. En su bellísimo Nada, compuesto con el bandoneonista José Dames en 1944, escribe: "Ya me alejo de tu casa / y me voy ya ni sé donde.../ Sin querer te digo adiós / y hasta el eco de tu voz / de la nada me responde...". O en Por unos ojos negros, también en sociedad con Dames, y su comienzo tan inquietante: "Cuando clavaste tus ojos en mí / un misterio fatal presentí....!".

O en Amiga,de 1947, con Carlitos Viván:" Amiga,/ ya se tiró el último dado de mi suerte.../ Que me importa de la muerte /si te llevo en el adiós". 

O estará su trágico destino inmortalizado en Barro, compuesto con Osvaldo Pugliese en 1951: "Solamente un milagro de amor / me haría resucitar, / si a mi alma que sus puertas cerró /pudiera un alma llamar. / Si a la nieve de mis penas / dos manos buenas / la borraran de mí. / Sino será / mejor morir...".
  
Escuché tantas veces este tango en la enorme interpretación de Alberto Morán, que es como si lo estuviera viendo al Flaco, en este momento, cantándolo, aferrado dramáticamente al micrófono.

Barro - Pugliese-Morán 

3 comentarios:

  1. Hola! Yo también anduve investigando a Sanguinetti, por un proyecto de novela gráfica con el que estoy trabajando hace un tiempo. Quisiera contactarme con vos para ver si te interesa participar. Te mando un saludo y excelente el blog!

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  2. Respuestas
    1. Habría que indagar en SADAIC, si es que lo permiten. Por lo que pude averiguar, parece que nació en Montevideo.
      jm

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