jueves, 29 de noviembre de 2012

Roberto Herrera

Es un grande como bailarín de tango. Ha recorrido y sigue recorriendo el orbe, con su clase, su elegancia, su espíritu creativo y siempre agrega algo. Tiene ese don de los elegidos, aunque resulte raro su constante cambio de pareja, algo desconocido prácticamente hasta ahora.

Nació en el Norte de Argentina, en la provincia de Jujuy y allí comenzó con el folklore, recibiéndose de profesor de las danzas nativas. Así llegaría a integrar el prestigioso y tradicional Ballet de El Chúcaro. Su traslado a Buenos Aires le permitió entrar en contacto con el tango que lo atrajo a tal punto que decidió tomar clases con los mejores maestros, asistir a las milongas y obtener el salvoconducto de la barra milonguera para dar cátedra en casa y allende las fronteras. Desde entonces no ha parado y su fama es creciente en todos los países donde actúa.
Roberto Herrera y Vanina Bilous
Comenzó bailando en pareja con Vanina Bilous y la coyunda danzante funcionó de tal manera que fue un verdadero campanazo en el ambiente. Los eligieron para bailar acompañando a la orquesta de Osvaldo Pugliese nada menos y el resultado, todo un impacto.

Todavía en muchos países sueñan con verlos otra vez juntos, pero la sociedad está disuelta y Roberto lo explicaba así en El Tangauta: "Es difícil mantener una individualidad en la pareja de baile y ser compañeros o amigos y nada más, pero trato de hacerlo. Los que para mí integraron la mejor pareja de baile popular en todo el mundo, Fred Astaire y Ginger Rogers, nunca tuvieron ninguna relación sentimental".

Vanina Bilous fue inscripta por su madre en la escuela Nacional de Danzas a los 8 años, porque se volvía loca bailando cuando sonaba música en su casa. Estudió los 10 años de carrera y un día descubrió su vocación tanguera viendo milonguear a las parejas. Tomó clases con Antonio Todaro, Miguel Balmaceda, Pepito Avellaneda, Juan Carlos Copes, Gloria Y Eduardo, Gustavo Naveira y Olga Besio. En los '90 viajó por el mundo con diversos shows. En 2003 tuvo su última actuación pública con "Danza maligna" y el orgullo de ser la bailarina estable elegida por Osvaldo Pugliese. Cuando tuvo su segundo hijo se retiró de la milonga, prácticamente. Pero deja cosas muy valiosas.

-Un sábado a las 9 de la mañana fui al Centro Cultural San Martín a tomar mi primera clase con Gustavo Naveira y Olga Bessio. Y flashié con la sensación de bailar en pareja. Apenas me marcaron la salida dije: "¡Ésto es lo que quiero hacer!".Ahí empezás un proceso de aprendizaje con otros maestros, sumás coreografías y técnicas para el escenario..., hasta que vas volviendo porque descubrís que lo más importante es que no te deje de pasar lo que te pasó la primera vez. Y creo que ese entusiasmo fue lo que me permitió estar 5 años en una casa de cena-show sin aburrirme... Y sigo dando clases, que me apasiona.

Roberto es muy claro en sus conceptos: "Creo que los enfoques pedagógicos más modernos  son una suma de los conocimientos que hoy en día debe tener un maestro, que no es sólo enseñar un pasito. Yo para largarme primero aprendí mucho. El 90% de los que enseñan, aprenden enseñando. Toman dos clases y ponen una escuela. O se visten de negro y ahora son milongueros. No estoy en contra de aquellos que aprenden enseñando, porque la mayoría se ha ido a Europa y gracias a ellos, tenemos trabajo porque difundieron el tango. Después, inevitablemente todos pasan por un tamiz y el que está realmente deseoso de conocimiento, tarde o temprano lo va a obtener.

La verdad es que es un placer visual y estético verlo bailar a Roberto con cualquiera de sus partenaires. Pero yo, como tanta gente, añoro aquella pareja que sorprendió al mundo. La que formaba con Vanina.

¿Los vemos?



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