martes, 27 de noviembre de 2012

Jorge Durán

Fue una de las grandes voces que tuvo el tango en las décadas del cuarenta y cincuenta. Su registro de barítono, con una gran polenta interior para acentuar los diversos matices de los temas que interpretaba, le dieron justa fama entre la gente del ambiente.
                                                                                                      
Tanta que hasta Troilo que se sentía atraído por su estilo, estuvo a punto de llamarlo para su orquesta cuando se marchó Edmundo Rivero de su formación, pero en ese momento el sanjuanino estaba cantando con José Basso y pasando por un gran momento de su carrera, por lo cual no quiso interferir.

Como tantas otras voces que recorrerían las entrañas del país, Alfonso Jorge Durán arrancó cantando de pibe, en la Tropilla de Huachi Pampa, que dirigía Buenaventura Luna en San Juan. Como a la vez cantaba tangos acompañado por guitarras, el propio Buenaventura Luna en un viaje a Buenos Aires, lo recomienda a varios amigos del tango, y así baja a la capital donde arrancará en 1942, con la orquesta de Emilio Balcarce, dejando dos registros con la misma.

Ya abrió las puertas que lo conducen al reconocimiento artístico, y esa calle Corrientes gobernada por neones, lo iba a acoger como a uno de la familia. Durán percibió tempranamente el pulso de su tiempo y supo conjugar sonoridad y sentido. Fue su comprovinciano Alberto Podestá, que tenía su misma edad, quien lo recomendará a Carlos Di Sarli. Éste lo va a escuchar y no duda en llamarlo para su orquesta. Ya es artísticamente Jorge Durán, una vez eliminado su primer nombre para las carteleras.

Y su gola entra a jugar en primera división en una época de grandes voces del tango. La más gloriosa de todas. Los estudios con un profesor de canto le darán un  enorme empujón, aunque el consumo frenético de cigarrillos le traerá bastantes dolores de cabeza.

Esa primera etapa con Di Sarli es pródiga en aciertos que marcan su carrera y la insomne potencia de la noche traza otros caminos. Bohemio, mujeriego, vitalista, tiene algo del espíritu andaluz de sus padres, esos genes en los que el cante y los divertimentos juegan un papel esencial.

Pasará por las orquestas de Laurenz y Salgán y en 1950 lo llama José Basso con quien eleva otra vez el tono, aunque en alguna oportunidad tienen choques por aventuras noctámbulas de ambos. Pero estará casi tres años y deja 12 grabaciones en las que está registrado el alma de los versos que excitan su energía verbal. Mamboretá, En la vía o Desorientado, muestran a un intérprete en plenitud.
José Basso y sus cantores Oscar Ferrari y Jorge Durán
 Pasa por varios conjuntos hasta que lo vuelve a llamar Di Sarli en 1956 y dejará 19 grabaciones.

El maestro Di Sarli y sus cantores

 En este trayecto hacia el agujero de la nostalgia, casi ni querríamos mencionar su final, machacado por el enfisema pulmonar que le trajo el tabaco. Y los repechos finales por conjuntos y guitarras acompañantes, no enturbian la contundencia con que labró su carrera.

Porteño y bailarín, Wisky, Un tango y nada más (mi preferido), o Vieja luna pintan una trayectoria y un destino de cantor, escrito. La tensión emocional que el tango requiere. Por eso lo traigo con dos temas. No esperaba verte más, de Dorita Zárate, grabado con Di Sarli el 1 de agosto de 1946. Y Anteayer, de José Basso y Francisco García Jiménez, registrado el 1 de julio de 1952.

No esperaba verte más

Anteayer





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