viernes, 16 de noviembre de 2012

Héctor Marcó

Fue una figura muy importante del tango en las facetas que desarrolló: Cantor, compositor, poeta, dejó un reguero de páginas que permanecen en la memoria de los oyentes puntuales y los milongueros. Otra figura arrumbada en las estanterías traseras de este tiempo que condena al olvido a los grandes artistas anteriores al cambalache de la modernidad.

Cuando escuchamos sus hermosas páginas, recuperamos el sabor de época, recobramos emociones y destapamos una leve pátina melancólica y dulzona que se va filtrando en nuestro ánimo. Porque los temas que elucubró Marcó en su existencia, nos traen destellos de fiestas lejanas y a la vez nos permiten disfrutar del presente cuando bailamos estos temas, que son paisajes, atmósferas emotivas.

Se llamaba Héctor Domingo Marcolongo, nació y se crió en el tanguero barrio de Boedo, donde tallarían fuerte los González Castillo, su hijo Cátulo o Sebastián Piana entre otros. Mudado a la provincia con su familia, a su ya latente vocación canora, le agregó la impronta campesina, esa música folklórica guitarreada y entonada con arte y sentimiento. Sobre todo cuando pudo acariciar entre sus manos una guitarra que le regaló su tío, que avizoró las cualidades del muchachito.

Marcó, 2º por la izq. cuando cantaba con la orquesta de Alejandro Scarpino.
Sus primeros temas fueron precisamente folklóricos, que le grabaría el dúo Ruiz-Acuña, de merecida fama y ahí arranca con sus  acuarelas que plasma musicalmente en partituras y son interpretadas por artistas de todo pelaje. Paralelamente, canta en radio, interviene como actor de radioteatros, muy en boga en aquellos tiempo que no existía la televisión y la radio era la infaltable compañera de los hogares humildes. También frecuenta los escenarios teatrales y se va convirtiendo en un artista a tiempo completo. Agustín magaldi canta su vals: Alma mía en la película Monte criollo, que lleva música de dos guitarristas del gran artista  de Casilda.
                     
Héctor Marcó
Formó su orquesta que tocaba en el Balneario El ancla, de Vicente López, donde pasamos tantas tardes de verano. En un intervalo de su actuación se acercó al río aledaño y vió la luna reflejándose majestuosa en las aguas del Río de la Plata. Su imaginación le llevó de inmediato a escrbir los versos de ese hermoso tango: Esta noche de luna. José García le pondría música junto a Graciano Gómez y lo estrenaría el mismo García con su orquesta y la inconfundible voz de Alfredo Rojas.

Más allá de la gran profusión de temas que fue escribiendo, su nombre trascendió por estar asociado a las grandes creaciones del maestro de Bahía Blanca. Fueron presentados en Radio El Mundo por el itálico violinista, Cayetano Puglisi. Di Sarli elogió sus cualidades de poeta y le preguntó si quería ser su letrista. Marcó aceptó sin dudarlo y fueron hasta la esquina, al bar de Tucumán y Maipú. Allí el maestro le tarareó un tema que había compuesto y Marcó al vuelo, le dijo: "Ya está: Corazón. Ése es el titulo y el contenido...".

Y así nació un tema que engrandeció Roberto Rufino con la orquesta de Di Sarli grabándolo el 11 de diciembre de 1939,  y que marca la hoja de ruta que los une al poeta y al músico durante muchos años en una parva de éxitos que además se distinguen por el buen gusto, tanto poética como musicalmente.

Alma mía, En un beso la vida, Rosamel, Bien frappé, Nido gaucho, Cuando el amor muere (única grabación de Carlos Acuña con Di Sarli), Acuérdate de mí, Esta noche de luna, Tú, el cielo y tú, Tu íntimo secreto, Tus labios me dirán, con diferentes compositores y que anclan en el repertorio del gran maestro con resonado éxcito.

 Paralelamente y en yunta, lanzan sucesivos golazos: Así era mi novia, Juan Porteño, Porteño y bailarín, Por qué le llaman amor, La capilla blanca, Con alma y vida, Tangueando te quiero, Cuatro vidas, que se van integrando en las diferentes etapas de la orquesta y el sucesivo desfile de cantores.

También le pondrá música Marcó a sus propias letras e incorpora al catrastro disarliano uno de sus temas: Whisky.                                                

La producción del poeta es muy extensa y llamativamente entradora, enquistada en las entrañas del pueblo milonguero. Y del oyente puntual que se extasía con esos temas tan nuestros

Yo lo conocí en el hipódromo porque era un infaltable concurrente a ese acendrado deporte nacional. Muy simpático, siempre sonriente aunque fallara algunos de sus pingos, que entre otros le corría el Pulga Héctor Ciafardini, como dice en su milonga Tardecitas estuderas: "Tardecitas estuderas /de San Isidro y Palermo / si no las vivo me enfermo / por eso grito en salud".

Vamos a rememorarlo en ese entrañable Corazón, que en la pista me hace vibrar interiormente porque Di Sarli en aquella época desarrolla una velocidad de crucero rítmicamente contagiante, que iría transformando paulatinamente luego, a un ritmo mucho más melódico. Pero igualmente maravilloso.

Corazón


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