lunes, 19 de noviembre de 2012

El gordo Mancione

Fue un intuitivo que se metió en el tango porque le gustaba con locura y porque en esa época, en los barrios predominaban los guitarreros, futbolistas, cantores, boxeadores y músicos de todo pelaje. A él le dió por el fueye pero no tenía ni tiempo ni ganas de estudiar y por eso no profundizó en el manejo del instrumento, lo que da ciertos méritos, al haber formado orquestas que tuvieron seguidores y ocuparon un espacio con ese alerta de algo que no sabe muy bien que será, pero que está impulsado por una fuerte convicción.
                                                    
Tenía una espalda amplia que alguna vez palmée y bromeé sobre ella porque era muy noble y directo, y que la había reforzado con su trabajo de cargar medias reses que repartían en restaurantes o carnicerías, en uno de los tantos trabajos que tuvo para abrirse paso en la vida y ayudar en la casa familiar. Señalándosela, me respondió: "Mucha nerca en el lomo, pibe".

Lo conocí a comienzos de los años 60 en el bar aledaño a Radio El Mundo y se entraba rápido en confianza con él -que era de sonrisa fácil-, como con la mayoría de la gente del tango, a los que el agrande no les entraba en la cabeza. Por eso, también, eran grandes.

La orquesta de Mancione. El director está vestido de negro.
 Mancione (Genaro Tórtora) siempre conoció sus limitaciones, y cuando la dama de la suerte le comenzó a esbozar una sonrisa, incorporó a su orquesta al bandoneonista Roberto Vallejos, que sabía  más música que él, para que metiera mano en los arreglos. Y a partir de ese momento fueron más elaborados y consiguió entonces un sonido mucho más redondo que le reportó muchos beneficios.

Porque Alberto Mancione que andaba con la jaula colgada de su fornido brazo derecho desde pibe, necesitaba ese respaldo permanente que le permitió incluso crecer a él en el tema de arreglos y orquestaciones. Y los resultados saltaron a la vista. Hincha de Troilo, con quien compartió el debut en el flamante Tibidabo (Mancione en la Sección vermouth y Pichuco en la nocturna);  de curriculum forjado con Armando Baliotti, Roberto Firpo, José De Caro o Edgardo Donato, también le gustó arrancar pronto con su propio conjunto y después de muchas experiencias y consejos, su ingreso en Radio El Mundo, donde estuvo 16 años, le permitió calibrar su potencial y medirse en el ruedo grande.

Y desde allí su orquesta se incrustó entre las requeridas para bailes, confiterías y cabarés. Tuvo cantores del nivel de Floreal Ruiz, Fiorentino, Jorge Ledesma y Héctor Alvarado, en distintos pasajes de su trayectoria y hoy lo recuerdo en dos temas: Ventarrón, de Pedro Maffia, grabado el 28 de julio de 1950 y que era su orgullo porque le había hecho un arreglo personal y especial, y El Refrán del ex fueye de Pugliese, Roberto Peppe, registrado el 24 de Mayo de 1951.

El Refrán

Ventarrón





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