domingo, 28 de octubre de 2012

Roberto Firpo, un adelantado

La importancia de Roberto Firpo en el tango es tan grande, que habría que dividir sus méritos por columnas. Fue prácticamente el que introdujo definitivamente al piano en los palcos, a regañadientes de los parroquianos que preferían la guitarra inicial de los tríos de entonces. Incluso el uso del pedal en el piano, que otorga mayor resonancia, fue iniciativa suya dentro del género.

Fue quien pautó La cumparsita, de Matos Rodríguez como tango, grabándolo en 1916 y quitándole el aire inicial, a la vez que le creó una tercera parte. Lo mismo sucedió con el valsecito porteño, cuando transformó el vals Boston de Rosita Melo, Desde el alma,  en la música que nutriría los atriles tangueros, cambiando el tono inicial de esas piezas de estilo vienés que ejecutaban las orquestas típicas de antaño, por una modulación distinta, alegre y romántica.

Roberto Firpo dirigiendo su orquesta
Formado por el maestro Alfredo Bevilacqua (el autor de Independencia y Emancipación), llegó a dirigir una orquesta de cien músicos en el Teatro Colón en 1933. Fusionadas  su orquesta y la de Francisco Canaro, tocaron en los carnavales de 1917 y 1918 en el Teatro Colón de Rosario, bajo el rubro Orquesta Típica Criolla Firpo-Canaro.

Grabó cerca de 3000 discos. Es autor de una carrada de temas que sobrepasaron a su época y siguen siendo importantes, muchos años después de su creación. Alma de bohemio, Didí, El amanecer, Viviani, Argañaraz, Vea vea, Marejada o Fuegos artificiales -que compuso con Arolas- son una clara muestra de su talento creador.

 
Mi hermano era fanático de su cuarteto, pero a mí me satisface mucho más la orquesta que dirigió en muchos pasajes de su carrera, porque fueron cambiando los músicos integrantes de la misma e incluso su evolución con la misma fue continua, acorde a los distintos tiempos que vivía el tango.

Como ayer hablaba de la milonga, refiriéndome al baile que nos congrega, hoy traigo dos temas suyos consustanciados con el tema. Y muy recomendables.

Se trata del tango Una noche en la milonga, grabado en 1929 y la milonga La trifulca, referida a los batuques que se armaban en aquella primeriza época. La llevó al disco en 1940 en otra demostración de su ductilidad como compositor e intérprete.

Una noche en la milonga

La trifulca




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