viernes, 25 de mayo de 2012

Salgán-De Lío

Una yunta inamovible por un espacio de más de 50 años, es algo rarísimo entre artistas. Máxime cuando se trata de dos genios como en el caso del enorme pianista Horacio Salgán y el genial guitarrista Ubaldo De Lío, cuyo obituario tuve la desgraciada oportunidad de escribir hace pocos días en el Diario El País.

Comenzaron a tocar juntos -más allá de sus obligaciones profesionales- allá por 1958 en el mítico local Jamaica de la calle Tucumán 676, casi como un juego, luego del trabajo y terminaron haciendo camino musical y dejando un hermoso legado para entendidos.


Gente como Yo Yo Ma o Daniel Barenboim, se llevaban el material que grababan para estudiarlo. La maravillosa Ella Fitzgerald, los escuchó tocar en el "676" y los hizo grabar para Estados Unidos. Lalo Schifrin se compró todos sus discos que le fueron arrebatados amigablemente por Arthur Rubinstein, obligándolo a Lalo a volver a comprarlos todos.

La fórmula para el gran Salgán es sencilla: "Cuando se aspira a ser verdaderamente intérprete no se puede ignorar las diferencias. Cuando hay un tango melódico hay que buscar que sea realmente melódico; y si es rítmico, es rítmico".

Lo increíble es que jamás ensayaron ni se propusieron otra cosa que hacer buena música, respetar al autor de la melodía y tocaban un poco "a la parrilla". es decir, se entendían tan bien, se compenetraron tanto de la forma de tocar de uno y otro que las cosas fluían naturalmente. Sin proponerse lo que iban a hacer.


 Podemos escuchar algunas de las maravillas que crearon, con estos temas extraídos en vivo, de un concierto que dieron en el Hotel Sheraton en 1976.

El vals de Anselmo Aieta: Palomita blanca. De Anselmo Aieta: Corralera. Y de Mariano Mores: Taquito militar.

Palomita blanca.

Taquito militar.

Corralera 

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