viernes, 13 de abril de 2012

Con Víctor Lavallén



Nos encontramos en Los 36 billares. Habíamos ido  escuchar a Fabían Bertero y su big band tanguera, y en un momento quedamos frente a frente.

Yo estaba en Buenos Aires para presentar mi libro: El ABC del Tango y con Roberto Mancini y Luisito Sierra nos juntamos en  ese histórico local de la Avenida de Mayo.



Chamuyar con este bandoneonista rosarino es como hablar con el tango de los cincuenta, sesenta, setenta...
Víctor Lavallén formó en la fila de fueyes de Miguel Caló, Enrique Mario Francini, Joaquín Do Reyes y Lorenzo Barbero, antes de dar el salto a la gran orquesta de Osvaldo Pugliese en 1958.

En esa primera línea compartió el rugido de los bandoneones durante diez hermosos años,  con Osvaldo Ruggiero, Ismael Spitalnik, Mario Demarco, Julián Plaza o Arturo Penón. 
-"Había que tocar fuerte porque la gente quería éso de nosotros", afirma.

Esos años con Don Osvaldo lo marcaron a fuego. El troesma quería que todos armonizaran, arreglaran y escribieran. Por eso, al funcionar como cooperativa, los integrantes de la orquesta debían trabajar a full, con el fin de sumar puntos y cobrar más. Y en esa época, Lavallén dejó arreglos maravillosos como los de: Adiós Bardi, Bandoneón arrabalero y fundamentalmente el de Gallo ciego que dio la vuelta al mundo y fue un aldabonazo. En las milongas sonaba este tango de Agustín Bardi y los bailarines salían disparados a la pista. Lamentablemente nunca quedaron registrados en los créditos del disco, pero el trabajo de los arregladores debería constar porque su obra ha servido para revalorizar en enorme medida muchos temas musicales.

-¿Y ahora que hacés?
-Ahí sigo con el fueye y el laburo. Dirgiendo la Orquesta de Tango Emilio Balcarce, la Municipal de Tango de Lomas de Zamora, escribiendo, arreglando, sacando discos como Amanecer ciudadano o Buenosaireando, con gente joven.
-Y los viajes.
-No, me cansé de los viajes, los aviones, las valijas. Estuve 15 años con Forever Tango en Estados Unidos y casi toda Europa. Fui 3 veces a Corea, otras tantas a China, varias a Japón... Dejame...

Se lo ve fenómeno físicamente. Y es un placer enorme poder conversar un rato con tipos como Lavallén que están inscriptos en la lista de los  nombres importantes del Tango.

Después de formar con Pugliese, y debido a una enfermedad pasajera de éste, formaron el Sexteto Tango con Ruggiero, Balcarce, Plaza, Rossi y el mismo Lavallén. Jorge Maciel se unió como cantor. Se separaron amistosamente del troesma. Si los habré disfrutado en las inolvidables noches de Caño 14.
Hoy, las grabaciones de aquel conjunto  constituyen piezas de colección.



Los invito a escuchar una grabación de 1965, cuando el tango estaba en horas bajas y se formaban pequeñas agrupaciones para sobrellevar la situación. Con cuatro de sus compañeros de la orquesta de Pugliese grabaron este tema de Scarpino y Caldarella: Canaro en París. Ruggiero, Plaza, Penón y Lavallén en fueyes y Alcides Rossi en contrabajo.

También con el Sexteto Tango en el tango de Pedro Maffia: Ventarrón.

Y acompañando con este conjunto a Roberto Goyeneche en  el vals de  Piana y Manzi: Esquinas porteñas de 1984.

Canaro en París. Músicos de Pugliese

Ventarrón. Sexteto Tango


Esquinas Porteñas. Goyeneche-Sexteto Tango





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