sábado, 28 de abril de 2012

Carillón de la Merced

Yo estaba en Santiago de Chile. Era la época de Allende y había ido a cubrir un evento deportivo.

Una tarde, cuando llegaban  las primeras sombras de la noche, oí tañer unas campanadas que, de repente, me sobresaltaron.

¿Serían….?

Tomé el teléfono de la habitación, disqué, me atendió el conserje:
-Perdón, ¿esas campanadas, de qué Iglesia son?
-De la Iglesia de la Merced, señor…

La historia del tango me vino a la cabeza.

1931. Una compañía teatral viaja a Chile. La dirigen Manuel Sofovich y  Alfredo Le Pera. Discépolo decide agregarse a la misma, porque iba Tania y porque “atravesé la cordillera impulsado por esa fiebre de andar que me acosa de tiempo en tiempo…”. Tito Lusiardo, Carmen Lamas, José Ramírez entre otros, integraban la comitiva.

Una noche, después de la función, algunos de los integrantes de la Revista, se quedan jugando al truco. De repente suenan las campanas y se produce una impresión notoria en el grupo. Al día siguiente Le Pera le cuenta la experiencia a Discepolín, instándolo a que se quede esa noche con ellos, porque podrían hacer un tango con esa experiencia.

El carillón, ese maravilloso carillón, nos dio el motivo (...) Pero la letra no salía (...) Nos costó mucho trabajo. Una madrugada, desvelados los dos, mezclando al inmutable son de las campanas esa fiebre de viajeros incurables que llevábamos, ‘Carillón de la Merced’ se hizo música y canción”, contaba Enrique.

Iglesia de la Merced y la placa en la misma que recuerda a Discépolo

El hombre y el carillón que entablan un diálogo espiritual en una madrugada neblinosa de Santiago y el tema, cantado por Tania, fue estrenado con enorme éxito en el teatro Victoria de Santiago.

 Yo no sé porque extraña razón te encontré / Carillón de Santiago que está en la Merced.
 
No podía sacarme de la cabeza la lejana historia, ni la de cuando le comenté a Julián Centeya  lo extraño de aquella sociedad Discépolo-Le Pera, que era el primer tango de éste. Y casi me boxea. Para él Le Pera , no había intervenido en la letra del tango, pero lo tomé como la expresión del gran amigo de Discepolín, que era el bueno de Julián.

Recordando aquella tarde-noche santiaguina que me tocó a mí vivirlo, lo traigo en esta versión de Osvaldo Fresedo con la voz de Teófilo Ibáñez, grabado en 1932.

3 comentarios:

  1. Aunque han transcurrido un buen tiempo desde esta publicación, hace unos días, haciendo trámites, pasé por la Iglesia La Merced, y justo dieron la hora del mediodía y escucho el carillón de esa Iglesia y las notas del famoso tango de Enrique Santos Discépolo, y tarareé su letra, me sentí joven, alegre y festiva...y eso que andaba sola por la calle Merced..."Yo no sé por qué extraña
    razón te encontré, carillón de Santiago que está en la Merced, con tu voz inmutable la voz de mi andar, de viajero incurable
    Que quiere olvidar..." Me reí sola pero como amo el tango, me sentí satisfecha de ese hecho ¿histórico? que provocó en esos argentinos el escuchar el aún vigente carillón de la calle Merced. Saludos cordiales desde Santiago de Chile, a 11 de febrero de 2017.

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  2. Un alegrón Julia. A estas cosas sentimentales yo les doy un valor personal importante porque estás tocando la historia. Pensar que un día como éste en que lo escuchasste vos, dos genios como Discépolo y Le Pera, en el único tema que hicieron juntos, lo escucharon, se emocionaron y nos dejaron para siempre la belleza de Carillón de la Merced. Un abrazo Julia y gracias por el recuerdo.

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