martes, 27 de septiembre de 2016

D'Arienzo suma y sigue

Cuando el tango comenzó su re expansión en los años noventa del siglo pasado, varios organizadores de milongas en Madrid, generalmente provenientes de otros géneros, antes de dar su salto al tango, no entendían que me gustase bailar los temas de D'Arienzo. Digamos que los nuevos paladares tangueros  que habían conocido la renovación de Piazzolla, la sencillez comunicativa de Di Sarli, el sonido entrañable del fueye de Pichuco, y el sonido decareano de Pugliese orientado a la bailabilidad, desdeñaban la fogosidad sin tregua del Rey del compás.

Seguramente no habían escuchado lo que decía el legendario bailarín Tarila, inventor de los giros en el tango, sobre los secretos de esta danza: "El tango es elegancia y compás". Y precisamente la resurrección bailable del tango, ocurre con la formación de Juan D'Arienzo en 1935, cuando  Rodolfo Biagi estaba a cargo del piano. "Imprimiendo mayor acentuación aún a sus frecuentes adornos y contracantos pianísticos en los registros agudos del teclado", como decía Luis Adolfo Sierra.

                                 


Los que tenemos unos cuantos años remando en la pista, notamos rápidamente la agitación que se produce entre las filas y mesas de los bailarines/as, cuando comienza a sonar D'Arienzo. Y si el tango nació bailable, cómo podemos rechazar a esta maravilla que inventó el hombre de los gestos enérgicos y las muecas empujando a sus músicos. Qué importa en esos momentos que haya interrumpido la tendencia evolucionista del tango, cuando ochenta años más tarde vuelve  a provocar la misma sensación de ansiedad entre los concurrentes a la milonga.

Siempre se preocupó por el músico que se sentara en el sillete del piano. "Es quien marca el compás y arrastra al resto del la orquesta" -decía D'Arienzo-. Y lo cierto es que los que tuvo como titulares fueron excepcionales en su cometido: Rodolfo Biagi, Juan Polito y Fulvio Salamanca solventaron con gran pericia su cometido y con sus manos cadeneras, adornos y contracantos,  llevaron el ritmo y el compás. "Cuando me falta el titular del teclado me entro a preocupar -recordaba el director- y entonces recurro a Juancito Díaz, a Jorge Dragone..., porque necesito esa garra en las teclas de piano".

                                      
La orquesta de D'Arienzo en 1945 con los cantores Laborde y Echagüe

Claro que no podemos dejar de lado al violín sabio de Cayetano Puglisi con su sonido característico, o el arrastre impresionante de los fueyes que se mandaban los stacattos y esos  finales que nos siguen volviendo locos. Para eso tuvo a instrumentistas geniales como Héctor Varela, Ernesto Franco, Enrique Alessio, Carlos Lázzari y los que fueron desfilando en su conjunto a lo largo de tantos años. Como los cantores que escogió, entre los cuales Héctor Mauré, Alberto Echagüe, Armando Laborde o Jorge Valdez, descollaron con sus distintos estilos, adaptados al modus orquestal.    


El conjunto de D'Arienzo arrastró multitudes, vendió discos como ninguno, llenó clubes en aquellas inolvidables veladas bailables, desbordó el cabaret, actuaban en programas centrales de radio El Mundo, viajaban seguido a Montevideo, y había orquestas que lo imitaban en todo el país, incluyendo Buenos Aires. De hecho yo bailaba con las de Tito Martín en la Montecarlo o la de Víctor Di Capua en el Centro Lucense de Olivos. Haber podido vivir todo aquello deja huella y comprobando cómo hoy día hay orquestas rusas, alemanas o japonesas que siguen sonando a lo D'Arienzo, impresiona aún más.

                                   
Y nos sigue haciendo reflexionar. Mi hermano, los fines de mes, cuando cobraba su sueldo, compraba los nuevos éxitos de D'Arienzo. A veces se juntaban con otros muchachos mayores en la plaza vecina, traían una vitrola a manivela y se la pasaban esuchando esos temas nuevos que había grabado la orquesta. Y mi hermano, y otros del grupo no bailaban... Y es que lla electricidad que nos transmitían esos discos, el sonido brillante, las viejas páginas que volvían a descubrirse en estas grabaciones, nos sacudían a todos. El impacto emocional era muy grande. Y cuando me incorporé a la masa milonguera, adolescente aún, lo sentí mucho más. Me incitaba, me ponía nervioso buscando a alguna compañera para bailarlo. Era como un resplandor interior. ¡Qué sensación!


Y me sigue pasando, que vachaché, si cuando estoy seleccionando temas de D'arienzo para la milonga que llevo en Madrid, por debajo de la mesa los pies me repiquetean nerviosos en el piso. Y si no lo podés creer, te hago escuchar un par de temas grabados hace más de setenta años y después me la contás. Acá van.,

El primero es Por qué razón, del tano Salvador Grupillo, grabado el 22 de diciembre de 1939. Y a continuación No me lo digas, de Luis Visca y Luis Rubistein., llevado al disco el 18 de abril de 1939.

 Por qué razón - Juan D'Arienzo

No me lo digas - Juan D'Arienzo

Y menos mal que hoy tengo milonga...



sábado, 24 de septiembre de 2016

A bailar, a bailar...

                                                                   "Se empilchaba despacio, casi lerdo
                                                                    y enfilaba silbando, para afuera,
                                                                    la milonga se abría en su recuerdo
                                                                    y la pista era el lugar de su pasión tanguera.."
                                                                                         (Le tiran las milongas-Tango

Y nos ha pasado tantas veces los sábados a la noche... Las milongas en Buenos Aires eran un festín íntimo que valorábamos con el alma. Y cada velada sabatina nos dejaba huellas en el cuore, sobre todo si habíamos bailado muy bien. No buscábamos el levante, sino milonguear a tope. Y lo conseguíamos porque estábamos todos, nosotros y ellas, en el mismo plan: milonguear a muerte.

El gran Petróleo (Carlos Alberto Estévez), maestro de milongueros, decía: "Yo quiero un tango danza que hable de recuerdos, que diga de tiempos, que me emborrache de emociones, que dramatice el sentir y al volcarlo en vivencias puras, que transmita estados anímicos superiores, que dicte normas elevando el mensaje a la suprema forma de expresarlo".

                       
              
             

Y es así como lo sentimos cuando arrancamos con BIEN MILONGA, que ilustra las noches tangueras en la Casa de Aragón -Pza. República Argentina nº 6 -Madrid-. Ese sentimiento lo llevamos metido dentro de hace taytantos años y lo mantenemos in eternum. Sábados y martes desde las 21 horas y...a bailar, a bailar, que la orquesta se va...

Y seguimos yirando por el ancho mundo viendo cómo han proliferado las milongas y milongueros, afortunadamente en tantas ciudades de este castigado planeta Tierra. Como muestra de mi aserto me voy hasta Rusia y, en este caso es la pareja integrada por Yerpun Castro y Galina Shorikova, que se exhiben bailando el tango Torrente, por la orquesta de Pichuco cantando Alberto Marino.

                                   

Y sigo por esos lares  donde el tango ha sentado sus reales y los rusos lo bailan estupendamente. Por ejemplo, la pareja Dmitry Dudytsev y Vlada Zakharova que en esta milonguita de Moscú, se mandan con la milonga Reliquias porteñas, por la orquesta de Francisco Canaro.



Para cerrar el viaje, nada mejor que ver a estos dos bailarines de gotán. Vito Muñoz y Claudio Cardona, un peruano y un argentino, que intercambian roles con gran acierto y elegancia. Si los otros días les mostraba a las maestras de tango en Buenos Aires, en el Festival Mujercitas, haciendo este papel, creo que hoy corresponde ver a dos maestros en este juego lúdico. En este caso se dan dique bailando el tango de Eduardo Arolas, Maipo, por la orquesta de Juan D'Arienzo en el festival de Oporto, Portugal..

                                                                              

¡Y que siga la milonga, hasta que ardan las velas...!

viernes, 23 de septiembre de 2016

Lenguas de fuego

Hace unos días escribía en el blog sobre los valores de la obra de Carlos Waiss, que en general no le han sido reconocidos por los críticos, pese a  la cantidad de éxitos que logró con sus temas. Es cierto que el hecho de que fuera la orquesta de Juan D'Arienzo -tan poco agradecida incluso por los historiadores- la que le sirviera de pantalla, influyó también en la apreciación de éstos, y creo que injustamente.

Carlos Waiss

Waiss ha escrito temas comerciales, es cierto, pero ello no implica que conlleve cierto menosprecio. El olfato popular los consagró, los cantó y los bailó. Y sigue haciéndolo. Y hoy traigo como ejemplo este tango, al  que D'Arienzo y Héctor Varela le pusieron música y lo interpretó con mucho acierto Armando Laborde. En el mismo, muestra el amor que se expresa en forma abierta y las cartas que agregan cosas poco frecuentadas en el diálogo habitual, pero por ello más sentidas dado que se escriben pensando en el ser amado. Son como la confirmación notarial del amor.Y a ellas recurre el afectado cuando el romance se ha roto definitivamente.

Soy como una mueca de dolor                                     
trunca en la maquieta de tu amor,              
páramo sin flores y sin nido,
sueños que se han roto, que se han ido.
Saña terca y ruda de saber
cosas que ya nunca han de volver,
fraguas de pasiones encendidas
que tu boca prometía
y tu mano me escribió.

El vaivén de los tiempos verbales, contiene en forma aluvial todo lo que arrastra la pasión, el dolor y el olvido. Las cartas, en este caso abren en flor las cicatrices que ha dejado la ruptura y el tango entra en el detalle de las misivas amorosas que ulceran los recuerdos.

Hoy tus cartas quemé
y con ellas quemaba mi vida,             
y al crujir del papel                                             
entre lenguas de fuego, reías.
Y tu risa mordaz,
humo y llanto de amores mentidos...
Sólo fue feliz aquel: "¡Te quiero!",
que entre lenguas de fuego
se moría de frío.
Sólo fue feliz el juramento
que en la cruz de los vientos
tus palabras llevó.
Hoy tus cartas quemé
y con ellas quemé el corazón.

Tremenda confesión del loser por el amor frustrado, ante el riguroso azar del mundo. Regresan las antiguas emociones y explosionan los sentimientos. Y Waiss consigue atrapar con un lirismo descriptivo de percepciones, el espacio de una ausencia, la catarsis. Y al final la tristeza envolviéndolo todo, como si el mundo se acabara con esas cartas hechas fuego.

Soy como un viajero que al azar
busca algún rincón para olvidar,
voy dejando atrás lo que he perdido,
sólo voy sin brújula y sin nido.
Vida que me diste la ilusión,
migas que me dio tu compasión,
yo que hasta la sangre de mis venas
te ofrendaba en la condena
que tu boca me juró.

Así el autor de los versos  consigue una fuerte descarga estética, sensible. La efusión emocional confirmando aquello de que no hay amor sin dolor. Todo ello apoyado en el factor quirúrgico de la escritura y fundamentalmente abrochado por la música que envuelve con mucho acierto el tango. Brillará en la interpretación de la orquesta de Juan D'Arienzo, con la voz de Armando Laborde. Lo llevaron al disco el 17 de diciembre de 1947, con un resultado muy aplaudido, muy escuchado y muy bailado.

Lenguas de fuego- Juan D'Arienzo-Armando Laborde



miércoles, 21 de septiembre de 2016

Homero Manzi

El gran poeta del tango, en declaraciones a medios de prensa, a fines de 1936, decía cosas como éstas:

   -Para dar mi opinión quiero dejar de lado un término que oscurece el asunto: Folklore. Para mi hay solamente música argentina. Y lo es tanto la del campo como la de la ciudad, con diferencias, claro está, nacidas de su diverso origen. La música del campo, danzas y canciones, tiene la ventaja tradicional de contar con el apoyo del tiempo, ya que sus antecedentes se remontan a mezcladas y arcaicas expresiones de la música india y la española, expresiones que contaron para tomar una forma, con la trascendencia del paisaje.  El estilo trae a su cincha el alma de la pampa; el bailecito la repicada repercusión de las montañas. La vidala, el rumor del viento hecho flecos al atravesar los  filos de los bosques; y así en todo, cielo, sol, lluvia. nieve, viento, estrellas; lo de menos es el hombre; lo de menos en actitud de reflexiva conciencia, convertido en intérprete telúrico de hondas fuerzas naturales. Es la raíz de la tierra.

                                       


   -La música de la ciudad -el tango- en cambio, tiene la extensión de las pasiones; es música sacada de adentro: ríe, sufre, ama, odia, ridiculiza; y por encima de todo el vértigo de los puertos, de las razas, de los vientos y de las velas que traen canciones y nostalgias enganchadas en sus banderines.

   -Sin embargo, sería injusticia calificar la extranjera de música de la ciudad. Ella ha sabido argentinizarse en un legítimo y encariñado manoseo con el ciudad: con el vigilante ochocentista, con el cuarteador de fin de siglo, con el compadraje carnavalesco de los barrios, con las guitarras, con las esquinas y con los bodegones, con las chicas desasosegadas por una esperanza y que esperan en la inútil balaustrada rosa, que descubrió Jorge Luis Borges; con la dramaticidad grotesca del hogar proletario, desacomodado a fuerza de alcohol y malas pasiones; con la aspiración criollizante del hijo del gringo: Juan Moreira sentimental y tímido: con todo ese embarullado juego de personajes y asuntos que hicieron mutis por el practicable de la vida moderna.

                                     

   -Por eso el tango de hoy, el verdadero, ¿qué debiera traducir?
   -A mi entender, la nostalgia de toda esa desaparición, que sólo se puede llorar en dos por cuatro.
   - Y por eso también, a mi juicio, sólo tendrán patente de persistencia los tangos que traigan ese soplo evocativo, lo que sepan ponernos frente  al cuadro y al personaje del novecientos. Los que resumen el dolor porteño del contraste de ayer y hoy; los que nos reconcilien con todos los rincones y todas las costumbres desaparecidas; lo que tengan ese filete filosófico-sentimental heredado de los payadores patrioteros, puristas y amigos de los amplios alardes.

   -El otro tango, el del estribillo y la historia de un dolor, es sólo couplet, sin ciudadanía porteña, y los del amor lacrimógeno constituyen una invasión de los versitos del trópico, no de la danza recia del trópico, entiéndase, sino de las cancioncillas ésas tan en boga y que carecen de sexo y de vértebras.



                               

Cuando pronunciaba estas palabras, Homero Manzi tenía apenas 29 jóvenes años y ya parecía mayor. Poeta, escritor, periodista, político, director de películas exitosas, moriría a los 44 años en pleno desarrollo de todas sus capacidades. En uno de sus versos inéditos, finaliza con estas estrofas.

...un día traje a casa el diploma oficial.
Con él franqueé la puerte medieval del Derecho.
Leí filosofía. Estudié Introducción 
Un discurso de Howard "El Chaco y sus obreros"

Abandoné los libros y me hice luchador.
No supe hacer distingos entre el verbo y el gesto.
peleando por la idea sin sombra de interés.
Cuando me vi expulsado quise hacer un recuento 
y tenía un poema y un amigo entre cien.

Volví a la convivencia de mi barriada burda.
Dejé perder la gloria de mi destino grande.
Tome la calle angosta y le canté a la luna.
Y la gente del barrio se detuvo a escucharme.

En alguna ocasión, preguntado sobre cuál consideraba su mejor tango, contestó, dudando, que creía que era El pescante. Claro todavía no había creado ese milagro de Sur, con Aníbal Troilo. Además la maravillosa parva de tangos, milongas y valsecitos que enhebró con Troilo, con Pîana, Demare, De Bassi,  Maffia, Pracánico, Canaro, De Caro, Hugo Gutiérrez, Rosita Melo, Cátulo Castillo, Ricardo y Alfredo Malerba, Pugliese, Charlo, Donato, Félix Lipesker, Fresedo, Cristóbal Herreros, Di Sarli, Mores, Sureda, Laurenz y tantos otros compositores, es realmente impresionante Parece mentira que en tan pocos años de vida, haya tenido tiempo, entre otras cosas, para tejer la fecunda y hermosa retahila de temas que recobran vida cada día, en tantos lugares del mundo.

     

Es muy difícil hollar entre semejantes composiciones que encierran mensajes de amor, confidencias con música y esa escritura  que talla poemas absolutos, interminables, por su nostalgia y belleza. Y en esa discografía tremenda, genial, escojo, un poco al voleo: el tango Después, que realizara con música de Hugo Gutierrez, y que Rubén Juárez grabó acompañado por la orquesta de Armando Pontier, en 1972. Y El valsecito Tu pálida voz, que realizara con Charlo y que llevó al disco Francisco Canaro con su orquesta y Carlos Roldán el 10 de noviembre de 1943.

Después - Rubén Juárez con Armando Pontier

Tu pálida voz - Francisco Canaro-Carlos Roldán






lunes, 19 de septiembre de 2016

Pigmalion

Ástor Piazzolla llegó a Buenos Aires desde Mar del Plata con su bandoneón, se vareó en orquestas de poco fuste y en 1938 ingresó en la de Aníbal Troilo, donde, durante seis maravillosos años fue asimilando las cosas fundamentales del tango, que le irían haciendo camino hasta su triunfo en la órbita mundial de la música. Con sus luces y sus sombras reconocería siempre que aquella etapa le abrió las puertas del tango con esas voces secretas al fin reveladas.

En 1944 se va del conjunto de Pichuco con Fiorentino y dirigirá la orquesta que acompaña a este cantor, que había dejando un  hueco en el corazón de los milongueros. Así fue tranqueando fronteras, sumando su nombre a aquella rutilante constelación de orquestas cuando en 1946 lanza su propia formación. En una de sus presentaciones se reencuentra con Homero Expósito, ese poeta de Zárate que concurría al Tibidabo para escuchar a Troilo y con quien Ástor se había prometido escribir juntos alguna obra.

                                 



Y ese día había llegado. Estuvieron conversando, quedaron en verse y Homero le trae unos versos que Piazzolla entrevió de inmediato como ideales para hacerse un hueco en ese terreno. Ese tango se llamaba  Pigmalion, como la famosa obra teatral de Bernard Shaw, basada en el mito del escultor enamorado de la estatua de Galatea, que él mismo había hecho. En el tango, Expósito vuelve a remover las cenizas del amor trunco, aquellas trenzas (que me anudan al portón), pasión juvenil que le dejaron tamaña cicatriz y lo hace de manera distinta, renovadora del lenguaje tanguero.

Te forjé con mis sueños en flor,                         
tal vez me equivoqué
pero eso es el amor...
No debía creerte y te creía
la máscara vacía,
vacío el corazón...
¿Lloras?
Lástima de llanto, sin dolor
dado en pago de este amor,
este amor desesperado
y equivocado como yo.

A Piazzolla, los versos le dolieron. Algo sabía de la historia que Expósito desgranaba en sus tangos (como en La misma pena, que volvería a unirlos en la composición), pero le parecieron distintos a  los habituales y los vistió con música para estrenarlo con su orquesta y la voz del cantor Héctor Insúa, que se encontró con un tema nada fácil.

Homero Expósito
Vieja historia repetida                                                 
de los sueños juveniles...
¿En qué momento te dió vida
la cajita de buriles
que me hundiste en la caída?
Hielo seco
de tu amor que me ha quemado;
verso inútil, fruto hueco,
fuiste un eco sin pasado,
vieja historia repetida
del amor de Pigmalión.

Piazzolla lo llevaría al disco el 27 de enero de 1947. Y acá lo volvemos a escuchar.

Pigmalion - Ástor Piazzolla-Héctor Insúa


                                    

sábado, 17 de septiembre de 2016

Bien Milonga

El otoño madrileño está espiándonos desde atrás de los árboles y se va preparando para entrar en puntitas de pie, detrás de la eclosión del verano. De todos modos es una estación suave, tranquila, de clima agradable y me gusta como va pintando de ocre el follaje de  los parques y calles, templándonos el ánimo ante la vista de los paisajes otoñales. Y, por sobre todo, invita a salir a bailar tango, y disfrutar en una buena pista de madera.

Como la nuestra en la Casa de Aragón, de la Plaza República Argentina. La música es terapia y nos alivia el peso de tantos desatinos políticos que están ocurriendo en el mundo y nos tocan de cerca. Y es terapia porque yo mismo, cuando preparo la selección para esta noche, o para el próximo martes, siento como unas cosquillas en el cuore y en los pies y no dejo de pensar en lo afortunados que fuimos los argentinos -y ahora el resto del mundo- con el talento de nuestros músicos, compositores, cantores, que nos legaron semejante discoteca, con obras que cobran nueva vida cada día. Y suenan incluso mejor.

                                         


Y sigo paseando, viendo lo que sucede en otros lares y cómo se mueve la gente al compás de un gotán, un valsecito o una milonga. De ésas que te tintinean en el sentimiento. Por ejemplo, Fernanda Grosso y Alejandro Ferreyra, bailan en la porteña milonga Yira yira, de la calle Humberto 1º, el tango Garras, por la orquesta de Miguel Caló, cantando Raúl Iriarte.





Y ahora en el Festival de tango "Les nuits Tanguera", en  Metz, Francia, los vemos a Haris Mihail y Malika Pitou Nikolier, que se arrancan con un clásico: el valsecito Loca de amor, por Rodolfo Biagi, su orquesta y Teófilo Ibáñez en el canto.




Alejandra Guty bailando con Corina Herrera, Virginia Pandolfi, Virginia Gómez y otras profesoras, se lucen en  el "Festival Mujercitas 2015", interpretando ambos roles con gran acierto. Están  también Moira Castellano, Sabrina Veliz, Vanessa Villalba, Cristina Sosa. Y se dan dique, milongueando con El olivo, por Juan D'Arienzo cantando Héctor Mauré.

                                 

Y yo me tomo el olivo, porque esta noche tengo la milonga.

                                    
            

viernes, 16 de septiembre de 2016

Carlos Waiss

Hay cosas que cuestan entender, como cierto menosprecio por algunos poetas o letristas de tango, que quizás en un escalón menor, dejaron un tendal de temas impecables, que fondearon con enorme éxito en las milongas, radios y orejas de bailarines o tangueros de meta y ponga. Es el caso de este hombre, descendiente de inmigrantes rusos, que atesora un pedigrí digno del mayor de los respetos, su obra me lleva hacia aquellos años juveniles en que muchos de sus temas me atravesaron el cuore.

La orquesta de Juan D'Arienzo fue  la que más partido sacó a sus versos, que serían musicalizados por Héctor Varela -especialmente-, el propio D'Arienzo y Fulvio Salamanca. Con ellos y otros compositores, incluso, dejó títulos que siguen latiendo en las pistas milongueras como: Qué tarde que has venido, Lenguas de fuego, Cartón junao, No nos veremos nunca, Te espero en Rodríguez Peña, Con alma de tango, Y entonces llorarás, Santa madrecita, Cruz Maidana, Si supiera que la extraño, Un tango y nada más, A suerte y verdad, Bien pulenta o ese exitosísimo Yuyo brujo que firmaron Bejamín García y Sos taita.

                                         
Carlos Waiss

Ése fue un tango de Héctor Varela y el propio Waiss y le pusieron como autores al bandoneonista Benjamín García que andaba mal y el boxeador Oscar Sostaita, amigo de los muchachos de la orquesta para que pudieran ganarse un dinero. La historia me la contó Domingo Sciaraffia, y Sostaita que, me salvó de una situación dramática, me lo ratificó. Ocurrió cuando regresó Juan Domingo Perón a la Argentina y yo estaba como periodista en el palco levantado en el camino a Ezeiza. Cuando se armó la tremenda balacera, que obligó a desviar el aterrizaje del avión en que venía el ex presidente, salimos como pudimos del entrevero, con mucho riesgo y finalmente logramos llegar al aeropuerto con un compañero. Y allí Sostaita, que era conductor de un coche de Bienestar Social, nos sacó atravesando el césped hacia Monte Grande para, de allí, salir hacia la Capital. Y en la charla salió este tema y el ex boxeador nos corroboró lo que me había contado Blanco.

                                 
Waiss entre Troilo y Agustín Magaldi (h) en el debut de éste.


Carlos Waiss, era alto, buena figura, parla lunfeta, muy tanguero y amante de la bohemia y fue presentador de algunas orquestas en los refugios céntricos. Incluso hizo glosas en programas radiales y el éxito de D'Arienzo le proporcionaría abundantes dividendos que le permitieron sostener la vida noctámbula con buena percha, bolsillo bien provisto apuntando al siguiente suceso. Tiene milongas geniales para los bailarines como: Oro de ley con Juri Román, Por dos caminos con música de Antonia Lista, Bandera baja y El raje, con Varela y D'Arienzo.

Carlos Di Sarli, con la voz recia de Jorge Durán hizo toda una creación de Un tango y nada más, que musicalizaron Armando Lacava y Juan Pomati. Con Tito Ribero harían esa pinturita de época. Soy del 90 y A mí me llaman Juan Tango. Este último, golazo de Roberto Rufino con la orquesta de Di Sarli. La  lista es muy larga, pero justo es decir que pocos letristas tuvieron tanto suceso en la década del cuarenta-cincuenta, como Carlos Waiss. Precisamente por ello, me parece una injusticia cebarse en algunos temas muy comerciales que realizó para la orquesta de D'Arienzo, cuando tiene tantos otros que revelan imaginación, fuerza lírica, una tmósfera bien conseguida y sentido de la poesía porteña. Hasta con Ástor Piazzolla escribieron un tema: Crucecita, que no tuvo mayor trascendencia.

                                 
      


Yo quiero recordar hoy a Carlos Waiss en dos bellezas suyas. Un tango y nada más por Di Sarli-Durán, grabado el 5 de julio de 1945. Y el delicioso valsecito: Esa noche, de Waiss y Alberto Tito Ribero,  por Alfredo De Angelis, su orquesta y Julio Martel, que grabaron el 24 de junio de 1946.


Un tango y nada más - Carlos Di Sarli-Jorge Durán

Esa noche - De Angelis-Julio Martel