martes, 20 de febrero de 2018

Bien milonga

                   Al compás de esta milonga
                   vuelvo a ver igual que ayer, 
                   un bailar de meta y ponga
                   y un vivir para querer...
                   yo que supe de otros tiempos
                   el recuerdo llega a mí,
                   de aquel ritmo compadrito 
                   que marcábamos así...
                        (Dante Gilardoni-Raúl Capablanca) 



Martes 20 de febrero y volvemos a darle a las tabas en Bien milonga. Estamos en la Casa de Aragón -Pza. República Argentina nº 6 - Madrid, justo frente a la Fuente de los delfines. Nos movemos como estos cetáceos odontocetos, pero al ritmo de un gotán, un valsecito porteño o una milonguita, desde las 21 a las 0 hs. Al final de cuenta disfrutamos como ellos cuando se lanzan a jugar en el mar. 

Lo nuestro es más concentrado, más metidos en el ritmo y el compás musical pero la pasamos tan bien, que no tenemos nada que envidiarles. Sobre todo cuando de la discoteca de José María, surgen los temas bien milonga que nos impulsan a la pista para disfrutar con esas orquestas y esos temas maravillosos del 40 y 50. Los mismos que nuestro dj bailó en vivo y en directo con aquellas típicas.



Como es costumbre, te llevo a recorrer otras milongas del ancho mundo, para ver exhibiciones de maestros y profesionales que tanto abundan hoy día. Pero nos gusta seleccionar a los que se acercan más a los cánones milongueros, aunque entendamos que el tango fantasía y el tango salón son parientes pero no son lo mismo, claro. 

Y arranco precisamente con una pareja milonguera. Son Los Alonso -Alfredo y Silvia-, que en El Beso porteño, nos brindan una exhibicíón muy elegante. Bailan la Milonga vieja milonga por la orquesta de Juan D'Arienzo.     


Me quedo en Buenos Aires y  pongo la marcha atrás porque nunca me cansaré de ver a aquella pareja juvenil que nos dejó a todos maravillados por lo que hacían en la pista de baile, con tanta prestancia, ritmo y savoir faire. Sí, son Javier Rodríguez y Geraldine Rojas. En esta oportunidad están en Porteño y bailarín de la calle Río Bamba y se bailan Yuyo brujo, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Armando Laborde.


                                        
Y me rajo al Festival Mediterráneo del verano en Croacia-, donde se exhiben Fernando Sánchez y Ariadna Naveira. Que la siguen con la orquesta de D'Arienzo, en este caso bailando el Valsecito criollo

                                        

Ya te cargué las pilas para esta velada nocturna en Bien milonga. Andá preparando la pilcha y los tarros...Te esperamos.                                                                                    

lunes, 19 de febrero de 2018

En un rincón

Cuando amontonás muchas noches, días, madrugadas con aventuras, heridas, historias que dejaron flecos..., el camino se va nutriendo de pasiones, sentimientos, adioses, excitantes improvisaciones, el misterio del amor y el aprendizaje del abandono. Son experiencias que devienen en un síndrome emocional. El tiempo dilatado de las caricias, el tiempo del éxtasis, la espita de la melancolía que el poeta lleva al papel convertido en verso. Historias de vida.

El tango tuvo a esos personajes que supieron llevar esos capítulos de existencia al poema, que, hilado con la música de compositores inspirados, lograron a través de su propuesta estética, el hecho de que  muchas historias maceradas en el dolor del adiós final, quedaran para siempre reflejadas en el tango. En medio está la simbiosis química que unió temporalmente a dos personas y el testimonio que recorre el derrotero musical.

Homero Manzi

¿Quien no pasó por esos momentos de exaltación, de angustia, de amor o romances pasajeros que dejaron huella? El mundo de la música en general se nutre de ellos y el tango, tan nostálgico, supo recrearlos en páginas hermosas, tremendas, de sus poetas y compositores.

Y cuando escucho a la orquesta de Lucio Demare, por ejemplo, hoy, me inspira especialmente esa recurrencia a la mirada hacia atrás. Tiene una cosa que no sé como definirla, pero al compás de su ritmo lánguido, especial, sentimentalmente muy siglo veinte, se me da por reflexionar sobre la vida, los momentos hermosos y los momentos truncados. Máxime si el que está cantando con la orquesta es Raúl Berón. Y me envuelvo con ellos en este tango de Homero Manzi y Héctor María Artola.

Allí, tal vez, tal vez
tu ayer encontraré,
tu ayer cargado de silencio
volviendo por las calles del recuerdo.
La vida que se ha muerto y no se ha muerto
Sombras...! Sueños...!
Quemar... quemar el corazón
y luego recordar
en un rincón...!

                                    
Como una especie de apóstol obstinado del amor fou, Manzi se especializó, entre otros argumentarios, en la reviviscencia del  tiempo pasado, con su sensibilidad perceptiva y su brocha fértil. Tal vez motivado  con el único objetivo de que la escritura alivie su tristeza, el autor se mira en el espejo de una decepción compartida. Y Artola le pone el marco musical para que el mensaje nos llegue a fondo y nos sumerja en la misma casa de niebla del protagonista.

La luz feliz...
La luna llena...
Tus ojos grandes...
tus manos buenas...
Y al fin la soledad del corazón. 
En un rincón
murió tu voz.
La luz más gris, más gris mi amor. 

Hay días grises, de esos que muerden el alma, y uno no puede menos que imaginar lo que pasaría por la mente de Homero cuando abría su corazón lacerado por el flujo azaroso de la memoria. El cepo de los sintáctico no lo abruma y su pluma deja una constancia lúcida y desencantada, con una gran zambullida en la nostalgia de lo perdido. No hay amor sin dolor. El ritmo de la música y el verso forman una unidad que alimentan el significado. 

No sé si al fin mi amor 
sabrá decirte adiós...
y hundirte en el olvido
consciente de que todo se ha perdido.
Es triste comprender que ya te has ido...!
Sombras...! Sueños...!
Mejor seguir sin ese adiós
viviendo del ayer
en un rincón...!

La versión de Lucio Demare con Raúl Berón es impecable. Lo llevaron al disco el 21 de diciembre de 1943 y es ideal para escucharlo en un día gris o con lluvia para que te penetre por todos los poros del álbum personal... 




viernes, 16 de febrero de 2018

Los Laureles

Esta nota fue publicada en el periódico Tiempo argentino, y creo que vale la pena recrear la historia de este boliche del barrio porteño de Barracas que lleva tantos años dándole cuerda al tango, a milonguear y a la demostración de cantantes, guitarreros y músicos en general. Es una estampa vívida del tiempo transcurrido entre sus centenarias paredes,  encerrando una vaga nostalgia no enturbiada por la modernidad del barrio y la ciudad. Por eso la traigo al blog.

                                  Cortes, quebradas y leyendas 
                     en la milonga que cruza tres siglos.

Los laureles nació en 1893. Fue pulpería, luego Almacén de ramos generales, billar y finalmente bodegón milonguero adonde se luce Inés Arce "La calandria de Pompeya" de 91 años

                         


Doris Bennan pertenece a una especie en extinción: la bolichera que vive en su boliche. "Allá en el fondo está la vivienda. Soy bolichera con todas las letras", afirma la dueña orgullosa y alma máter del histórico bar Los Laureles. Decimonónico, popular y sobre todo bien tanguero. Apostado en el sur último de la ciudad, el bodegón notable que comanda acredita ¡124 años! de historia bien servida sobre sus mesas.

"Si tiene dudas, ahí en la pared están colgados los planos originales. El local abrió como pulpería en 1893, cuando esto era puro campo, aljibe y tranqueras. Al poco tiempo se convirtió en almacén de ramos generales y después en un espacio de bar y billares. En esos años, los barrios estaban poblados por estos boliches. Casi todos corrieron la misma suerte. Cerraron y quedaron en el olvido". Los Laureles resiste estoico como el último guapo del 900, en el cruce de la avenida Iriarte y la adoquinada Gonçalves Dias. Una de las esquinas más bellas de Barracas. Quizá también de Buenos Aires. 

La peña de los viernes es un clásico de clásicos del establecimiento. A las 9:30 de la noche, los parroquianos comienzan a apersonarse en el boliche bien emperifollados. Antes de que comience la acción en la pista, Bonnen disfruta un abundante plato de sorrentinos, uno de los tantos manjares de la generosa carta. Confiesa que antes de hacerse cargo del bodegón no tenía pedigrí tanguero: "Vengo de otro palo, más rockero, soy productora de espectáculos hace 35 años. Pero usted sabe, el tango siempre te espera". Hace justo una década, le ofrecieron alquilar el local, que estaba a la miseria, a punto de ser demolido. En un primer momento pensó en abrir un espacio dedicado al rock, pero las charlas con los vecinos le hicieron pegar un volantazo: "Me contaban de la vieja feria de frutas y verduras. Traían sifones, cubiertos, discos de pasta... Y sobre todo me hablaban de los músicos que venían: Eduardo Arolas, Anselmo Aieta, Enrique Cadícamo y Ángel Vargas, que era vecino y se crió entre estas mesas. Este lugar pedía tango".

Pero no sólo de tangueros vivió el bodegón. Fue tribuna de doctrina política y escenario de tórridos debates entre conservadores y socialistas. Dicen que Alfredo Palacios era comensal habitual. Llegaba caminando desde la Casa del Pueblo de la calle Alvarado, siempre bien acompañado por Benito Quinquela Martín. Entre bocado y bocado, el autor de la "Ley de la silla" se ponía de pie y disparaba certeros discursos contra el régimen oligárquico.

Otros luchadores, más duchos con los puños que con la palabra, también visitaban el local. Barracas es barrio de boxeadores: Tito Saenz, los hermanos Cañete, sólo para nombrar algunos. "Y no se olvide de Gatica –agrega la dueña y señala una mesa junto al tocadiscos–. Se ubicaba en la ochava, para recibir a los comensales. Así se hacía unos pesos, porque estaba proscripto, en la lona". A estos gladiadores y sus imaginarias coronas debe su nombre Los Laureles. Sus retratos en guardia siguen dando pelea en las paredes del boliche.

Antes de que arranque la ronda de cantores, Bennan recorre sus dominios: "El mejor piropo que me hacen los clientes es cuando me dicen que al entrar se transportan en el tiempo, vuelven a ser jóvenes. Acá el pasado sigue vivo".


Grandes valores 

                               

Mauricio Díaz es un joven de la vieja guardia. Tiene 42 años, pero cultiva un look digno de los muchachos de antes, sin gomina. Bigotito sardina, timbos lustrosos y guayabera bien planchada. "Hace 30 años que empilcho así. No usé nunca un vaquero, menos zapatillas. Con este lorca, la guayabera es ideal. Salgo impecable de la pista".

Díaz cuenta que a los 8 años, escuchó en la radio de su abuelo la más maravillosa música, que es la voz de Carlos Gardel interpretando "Tomo y obligo". Desde ese día consagró su vida al tango. Es historiador del género, coleccionista –tiene más de 10 mil discos en su casa–, organizador de milongas y, por supuesto, cantor: "Es difícil ganarse el mango, pero yo vivo por y para el tango. Es un orgullo laburar acá, porque Los Laureles son un cacho de historia". Esta noche también despunta el vicio del DJ en el inmortal combinado Ken Brown: "En una tanda que no falla meto Troilo del '40, algo de Tanturi y Pugliese. Una patada en la silla para que salgan a bailar".

Cuando termina de cantar "Qué me van a hablar de amor", Marcela Prado recibe el aplauso cariñoso de la tribuna. "Esto es un hobby, venimos todos los viernes con una barra de amigos, la hinchada. Al principio me daba vergüenza cantar, pero ahora es una fija", cuenta la dama de 57 años, que se gana la vida como médica y periodista. Su pasión por el 2x4 viene desde cuando peleaba con sus hermanas para ver en la tele Grandes valores del tango.

Como intérprete, Prado se mira en el espejo de las "minas con voz grave", como Beba Bidart. También envidia a la Merello, aunque dice "que no llega ni a la tapita del taco" de la eterna Tita. "¿Si esto va a morir? Sabe cuántas veces quisieron matar al tango. Cada día se acerca más gente joven. Mire cómo bailan".

En el boliche, conviven sin complejos los caballeros de riguroso saco, los coloridos turistas que se le animan al suburbio y muchos jóvenes de chupines y barba hipster. Al final de la noche, siempre triunfa la elegancia.

Con 76 años recién cumplidos, Norma García está a punto de tener su debut triunfal en la peña de cantores. Es mendocina, llegó a la Reina del Plata en el '91 y canta en peñas desde que tiene uso de razón. Aunque la encasillaron en el folklore, es una dama del tango. "Está en mi biografía. Soy una mujer con padres de antes, que querían a la hija cocinando y planchando. Pero yo me largué nomás. Disfruto el sabor del aplauso, siempre con el micrófono en mano, ese fierrito bendito que asusta a más de uno".

Norma lubrica su garganta antes de entrar al ruedo para cantar su versión aguardentosa de "Whisky". Como si recitara un fragmento de la Summa de Santo Tomás de Aquino, la mujer predica: "En esta ciudad, el tango está en el aire, en los adoquines, en los taxis. Existe en todos lados. El tango es Buenos Aires". 


La Calandria de Pompeya 

                                       
A Julio César Fernán le sobran pergaminos de la academia del tango. Cantó con todos: Troilo, Goyeneche, Hugo del Carril y siguen las firmas. También animó las veladas del mítico Bar El Chino de Pompeya por más de 15 años. Desde hace seis capitanea –llueva o truene– la peña de los viernes: "Este lugar tiene 'el ángel', querido. La mística heredada del Chino", asegura, al tiempo que acelera una milanesa a caballo con papas fritas que es una pinturita. "¿Hasta cuándo voy a cantar? Qué sé yo, pibe, hasta que dé la voz. Mi vida es esto". 

Si los parisinos tuvieron a Edith Piaf, el "Gorrión de París", los porteños atesoramos a Inés Arce, "La Calandria de Pompeya". La pequeña gran cantante, esta noche ataviada de elegantísimo vestido largo en tono dorado, es el plato fuerte de Los Laureles. Hace un rato se despachó con una versión de "Nostalgias" que hizo delirar al barrio entero. En pocos minutos tiene su segunda entrada al escenario: "No, nunca me canso de cantar. Si me dejan, me mando diez piezas seguidas".


Sapiente ex obrera textil –trabajó por décadas en la fábrica de medias Carlitos–, La Calandria bordó una carrera sólida en el circuito de milongas porteñas. Con 91 pirulos recién cumplidos, es toda una institución. Su canto atrae fanáticos de Europa, Japón y más allá. Antes de abrir las alas y volar hacia el centro del salón, revela su mayor secreto: "Yo estoy recontrahecha, muchacho. Sólo quiero seguir cantando. ¿Sabe qué es la fama? Que me sigan aplaudiendo todos los viernes en el boliche".  «
                              




martes, 13 de febrero de 2018

Bien milonga

         Muchachita de rango
         pa´ bailar la milonga,
         una fiera en el tango
         reina del taconear.
        Zapatitos de raso
        cuando marcan el paso,
        con su ritmo canyengue
        y en un flor de merengue,
        el ocho está triunfal.
              Fernando Caprio 



Martes 13, y hay quienes recurren al dicho: "no te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes". Pero vos dejá que silben los vientos y vení a milonguear, vas a ver la suerte que vas a tener. Suerte de encontrar parejas ideales para bailar, ser empujado por una música ideal, moverte esobre un piso de madera especial y con un ambiente fenomenal. El martes 13 es un día genial, al menos en Bien milonga. Y El Trece es un tango y es un número que siempre me dió suerte. Mirá vos...

                      


Ya sabés que estamos anclados en la Casa de Aragón, en Madrid y allí te esperamos para que milonguees bien debute. De paso cañaso te invito como aperitivo de esta night, a ver a algunas parejas que dibujan con los remos por esas pistas del mundo.

Por ejemplo, fijate cómo se mueven estos turcos de postín: Esref Tekinalp y Vanesa Gauch Arabacioglu. Bailan en una milonga de Tomks-Rusia, y lo hacen al compás del tango Derecho viejo, por la orquesta de Don Osvaldo Pugliese.

                                    

Ahora te acompaño al Encuentro de Tango Internacional en Lodz-Polonia, virtualmente, claro, para que junes en acción a Sebastián Achával y Roxana Suárez, muy requeridos últimamente por su elegancia y buen hacer. En este caso se mandan con la milonga Todos te quieren, por la orquesta de Ángel D'Agostino.

                                         
                                      
Para que no te suba la bilirrubina demasiado, voy a cerrar con otra pareja que la mueven lindo. Son Fernando Galera y Valeria Conde de Ben, que se desplazan a Montevideo-Uruguay. Allí, en la milonga El chamuyo, bailan la milonga Mozo guapo, por la orquesta de Ricardo Tanturi, cantando Alberto Castillo.
                                       

¡Flor de pichicata te dí en el cuore! Te esperamos en la milonga este Martes 13... que el tango crece.                                                                                

lunes, 12 de febrero de 2018

Luis Bayón Herrera

Este vasco, nacido en Bilbao y llegado joven a Buenos Aires, incursionó con mucho éxito en el teatro y cine argentinos, muy adaptado al medio, al clima porteño y a las noches del centro, con cena post-teatro y actuaciones. Intimó y filmó con figuras del tango, con Gardel y también escribió algunas páginas que le dieron renombre como poeta. Éste era el rubro que merodeó en la capital del Plata, y la revista Nosotros fue la recipiendaria de los poemas iniciales que publicaría en aquellas páginas.

Luis Bayón Herrera

Como tantos otros colegas, por la vía del teatro llegaría al tango y a través del éxito de los mismos en el escenario se trasladarían sus temas a la calle y tendrían recorrido al instalarse en el repertorio de cantantes y orquestas.  Nacido en setiembre de 1899, tenía 24 años cuando Pablo Podestá estrena su obra Como se olvida. Fue el empujón para su carrera como guionista y director. Un par de meses más tarde estrenaría su Santos Vega, todo un atrevimiento por tratarse de una leyenda gauchesca recreada por la pluma de Rafael Obligado. Nada menos que Santos Vega el payador, aquel  de la larga fama.

La mayor parte de sus escenas estaban compuestas por payadas, contrapuntos, pericones, cielitos, gatos, que puso en escena la compañía Podestá-Pagano. Un par de años más tarde la repetiría Elías Alippi con su compañía en el Teatro San Martín. Alippi no sólo se conventiría en amigo de Bayón Herrera, sino que, ante la insistencia de éste le enseñó unos pasos de tango para que se estrenara en un salón de baile céntrico, lo que fue su definitiva contraseña porteña.



En 1922, con Manuel Romero y el célebre pianista almeriense José Padilla (Valencia, El relicario, La violetera...), escriben el tango: El taita del arrabal, que es grabado por Carlos Gardel con sus guitarristas, José Ricardo y Guillermo Barbieri. Su obra teatral es profusa, como guionista y director. Decidirá pasar a la revista, aliándose con Manuel Romero y logrando entre ambos grandes éxitos. Largas temporadas en el Teatro Sarmiento le permiten sustanciosos ingresos y son contratados para actuar en España y Francia. Maurice Chevalier, incluso, se luciría en una de esas revistas.

La casualidad quiere que se encuentren en París con Carlos Gardel que va a comenzar su carrera cinematográfica con la Paramount, en 1931. Será con una película que dirigirá el chileno Adelqui Millar y la compañía del Sarmiento interviene en la misma, luciéndose especialmente Gloria Guzmán, Pedro Quartucci y Sofía Bozán.  Bayón Herrera y Manuel Romero son los encargados de escribir el guión de la misma. Intervienen también Julio De Caro, Pedro Laurenz y Francisco De Caro, acompañando a Gardel, dada la casualidad de que estaban en Francia de gira con la orquesta.

En 1938, Bayón Herrera da otro paso adelante y comienza a filmar. Su primera película es Jetattore, sobre el libro de Gregorio de Laferrere, adaptado por él,  y con actores de postín: Tito Lusiardo, Enrique Serrano, Pedro Quartucci, Severo Fernández, Benita Puértolas. Hasta 1951 filmará 38 películas, incluída "Una cubana en España" con Blanquita Amaro y Marujita Díaz, que le permite dirigir en su país de origen.

Bayón Herrera se había aporteñado y continuó escribiendo tangos. Gardel, que lo apreciaba, vuelve a grabar un tango suyo en 1927: Un tropezón, con música de Raúl De Los Hoyos y acompañado por Ricardo-Barbieri. Con De Los Hoyos, Bayón escribió también Dejá que la gente diga y Purrete de mi amor. Con Edgardo Donato el tango Volvé. Con Luis Rubistein, Igual que ayer. con Charlo Labios de Coty. Con Antonio de Bassi: Lunario sentimental. con Romero, Pichot y Devalque: Pero usa gomina.

 Hoy lo traigo al blog como personaje del tango, pero también vale la pena, recordar una de sus películas de gran éxito, Cándida, con Niní Marshall. Y, ella, la gran artista cómica lo reconocía así:

- Luis Bayón Herrera era un hombre muy inteligente. Temperamental, sanguíneo, diría yo. Tenía cultura, en particular literaria, y era buen poeta. (...) En Argentina fue coautor y codirector junto a Romero de memorables temporadas de revistas. Después fue su ayudante de dirección y, como él, tenía sentido intuitivo de lo popular. Una palabra que a muchos snobs no les gustaba y que para mi es la base de toda obra llamada a trascender, si se hace con respeto. Lo importante es no confundir popular con populachero o chabacano.

Aquejado de un mal que lo postró, se alejó de sus amigos, del ambiente y fallecería el 31 de marzo de 1956.


Para completar la pintura de este importante personaje del teatro, cine, revistas y el tango inclusive,  podemos escuchar a la orquesta de Osvaldo Pugliese, cantando Alfredo Belusi, en Un tropezón, grabado en 1961.  Y a la orquesta de Juan Polito, con la voz de Raúl Figueroa, en El taita del arrabal, grabado el 26 de diciembre de 1952.

Un tropezón- Osvaldo Pugliese-Alfredo-Belusi 

El taita del arrabal- Juan Polito-Raúl figueroa 

viernes, 9 de febrero de 2018

Entrevista a Horacio Salgán



Hay nombres que son definiciones. Salgán - Horacio Adolfo Salgán- significa una de las mayores personalidades de nuestra música popular, hacedor de un estilo original, expresivamente propio, rico en ideas innovadoras que aún gravitan en compositores, músicos, orquestadores y arregladores de nuestro tiempo.
Gentilmente accedió a este reportaje de Club de Tango para su serie de entrevistas a compositores, arregladores y orquestadores de primera magnitud.

- La pregunta de iniciación, casi de rigor, está referida a sus maestros.
- Mis maestros fueron Amelia Weygand en armonía, Vicente Scaramuzza, Raúl Spivak y Alejandro Borosky en piano. Puedo nombrar también a Pedro Rubeone, que fue también maestro de Carlitos García, del cual conservamos un emocionado recuerdo. También quiero mencionar al maestro Marcoli con quien estudié contrapunto. Yo he tenido la suerte de estudiar con maestros de primer nivel, si bien no pude estudiar con ellos en la medida de tiempo que lo hubiese querido.
- A Marcoli tuvimos el gusto de conocerlo. Venía a Buenos Aires como jurado e incluso estuvo viviendo algún tiempo entre nosotros.

- De todos ellos conservo muy buenos recuerdos. Pero quiero hacer un paréntesis que me parece importante. Alguna vez hablamos de Iscla -un gran maestro- y aún sin conocerlo se me ocurrió ir a visitarlo en su casa de la calle Pueyrredón para agradecerle todo lo que hizo por nuestra música y nuestra cultura. Porque como sucede con muchos otros maestros, nadie fue nunca a darle las gracias por lo mucho que aportó. Lo mismo pasó con maestros como Madrigal -maestro de bandoneón de muchos de nuestros mejores artistas- a quien pocos conocen y nadie les dio las gracias nunca. Por eso me acerqué a Iscla, para dárselas en nombre de todos quienes aprendieron con él.
- Es muy importante esto que Vd. dice porque está en la misma línea de Club de Tango. Recuperar para la memoria colectiva el trabajo tan valioso que han hecho personas de una gran humildad equivalente a su grandeza. Tan grandes como humildes, de los cuales la sociedad hoy no tiene registro y mañana no tendrá memoria.
- Generalmente no los conocen y si los conocen no les importa...
- O los conocen mal. De ahí vamos a otra cuestión de esta serie de entrevistas: ¿Cómo llegó a definir su estilo?

                                  

- Sin proponermelo, absolutamente. Hay mucha gente que se acerca al tango o a otros géneros musicales con la idea de la renovación. Yo no me acerqué al tango a salvarlo, ni nada por el estilo. Lo hice porque tengo amor por la música de mi país - el tango y el foklore- , porque tengo respeto y la devoción por la música y por el género, en este caso el tango. Yo, entre otras cosas, practico todos los géneros - clásico, jazz, etc.- pero tengo un respeto cuasi religioso por toda la música en sí, porque la música es un puente hacia Dios. Nunca pretendí que yo venía salvar al tango ni nada por estilo. Tengo un gran respeto por los antecesores, Arolas, Bardi, Cobián, los De Caro, y no vine a modificar ni a hacer nada, porque el tango no lo necesita. Vine simplemente con toda modestia, a exponer mi lenguaje musical. Nunca me propuse tener un estilo ni hacer una renovación de nada. Lo que salió, salió porque espontáneamente así lo sentía.
- ¿Cuáles son los distintos músicos o autores de lo que cree haber recibido alguna influencia?
-Yo no tengo ninguna preferencia en especial, porque cada uno de los grandes compositores - de los genios- representa una de las tantas formas de expresión del sentimiento. Hay momentos en que nos sentimos religiosos, entonces en Bach vamos a encontrar la respuesta. Hay momentos que tenemos la idea del impresionismo y entonces acudimos a Debussy. Y hay momentos en que nos sentimos con deseo de escuchar alguna música antigua, del renacimiento y nos identificamos con los compositores de esos siglos Por eso no hay ninguno que los represente a todos. Cada uno expresa los distintos estados de sentimiento por los que pasa el ser humano. Cada uno ha captado con su música aquello que no se puede decir con palabras. Chopin, por ejemplo, ha captado el romanticismo de su época, lo mismo que Litz y Schumann. Ellos captaron lo que estaba en el aire y lo tradujeron en música.
- ¿De lo músicos creadores del tango, de cuáles se siente más cerca o cuáles le han impresionado más o han influido en su música?

- Yo no hago mucho hincapié en la evolución del tango en el sentido técnico. En los primeros tiempos había gente de gran valía como eran Bardi y Arolas. Si tomamos algunos temas de Bardi vamos a encontrar que tienen un vuelo lírico tan extraordinario que últimamente me he puesto a hacer algo que antes me parecía atrevido. Me he puesto a hacer un balance de sus méritos comparados con los grandes genios de la música universal. Y me encuentro con que Arolas, Bardi, Cobián y otros han llegado a una gran altura comparable con los más grandes compositores del mundo. No en el desarrollo o factura sinfónica ni en obras de largo aliento, pero sí en la creación de melodías.
-¡ Qué notable!
- Esta apreciación no es sólo un hecho personal. Hay una película titulada Por Amor a la Vida, donde Arturo Rubinstein cuenta personalmente en cámara, su vida y en la que toca dos o tres tangos y dice que cuando escucha un tango se emociona hasta las lágrimas. Y toca en el filme una parte de un tango y pregunta si ese tema no es digno de una sonata de Beethoven. Es una película hablada en francés por Rubistein.

                                                   

A todo esto puedo contarles el aprecio de Rubinstein por la musica popular Argentina. En el número de diciembre de la Revista Clásica editada en Buenos Aires, aparece un reportaje a Lalo Schiffrin en Nueva York quien dice estar haciendo una obra donde uno de sus movimientos se refiere al tango. Y dice que el tango ha llegado a una altura que no se le puede considerar solo una musica popular. Nombra a Oscar Peterson un pianista increíble y tengo la suerte de que cuente que tocó mi tango Don Agustín Bardi delante de Rubistein quien se entusiasmó tanto que se lo pidió para estudiarlo.Y dice además que cuando iba a la casa de Stravinsky, ya viejito y en sillón de ruedas, el gran maestro le pedia que tocara musica mía. Si no hubiera sido que lo cuenta Lalo Schiffrin me hubiera parecido un cuento.
- Es una gran valorización de la música argentina y especialmente de sus obras
- Si, así lo creo. Y en cuanto Vds. me preguntaban sobre mis gustos personales, no digo nada nuevo si nombro a la orquesta de Julio De Caro...
- Tenemos que interrumpirlo porque su modestia le obliga a omitir algo muy importante Fue por 1953 cuando vino Markewics y escuchó su versión de La Cachila y quedó loco. Pedía a los gritos otra! otra! otra!
- Si lo recuerdo. En la evolución del tango es importantísimo el aporte técnico, escolástico hecho por Julio y Francisco De Caro y Pedro Laurenz. Hay que nombrar a los tres porque hay una conjunción de la forma romántica de aquellos con el estilo bravío de Laurenz. En la interpretación de Boedo hay partes donde Julio hace lo que se llamaba en aquella época la armonía -el contracanto- y Laurenz aparece con su solo de bandoneón. Entre los tres crearon ese estilo que estaba en el aire, como decía Chopin. El tango romanza, que así se lo llamó y que fue la conjunción de estos valores, estaba en el aire, pero ellos lo plasmaron en música.
Esto fue de las primeras impresiones, de las más vívidas para mi. Después debo mencionar la orquesta de Roberto Firpo en la que yo toque. Hubo un gran pianista con grandes ideas, llamado Armando Federico que muy pocos recuerdan. Y de ahí empecé a hacer las cosas a mi manera.
- De los músicos nacionales de conservatorio, ¿de cuáles se siente más cerca?
- De Guastavino, porque evidentemente entre muchas corrientes que se han producido musicalmente, Guastavino fue el hombre que escribió con más sabor y fidelidad las cosas folclóricos. Un gran maestro. Tan es así que cumplió con aquel viejo refrán: si quieres ser universal canta a tu aldea. Y por eso de la música argentina culta, la de Guastavino es la que más se toca en el mundo.

                               

- Vd. cree que de alguna forma existe un tango ortodoxo creado por las orquestaciones de los años 40. ¿Cómo lo ve?
- Yo creo que eso es la consecuencia de un sentir. El sentir de lo que a través del tiempo se va mantenimiento por gravitación de sus propios méritos. Podríamos decir que el tango como toda la música, esta siempre de alguna manera en posibilidad de adosos y recursos infinitos. Siempre se puede hacer otra cosa.
Fíjese que hasta Tommy Dorsey a nadie se le había ocurrido que con un trombón se podía cantar una melodía muy armoniosamente. Y esto es porque los géneros musicales nacen y se desarrollan regidos por dos elementos fundamentales: el espacio(lugar geográfico) y el tiempo (la época). Nosotros por ejemplo conocemos a los grandes compositores alemanes que produjeron cosas fenomenales en el espacio alemán de su tiempo. Pero el tiempo de hoy no es el mismo de entonces aunque lo sea el lugar geográfico y por eso no aparecen los mismos grandes compositores.

Eso es lo que va a pasar con el llamado tango ortodoxo. Todo dependerá de las consecuencias, del fermento y la esencia que brinde la propia vida. El tango, como toda la música, recibe la influencia de lo que esta ocurriendo Si nosotros hablamos lo que fueron los primeros momentos. En un curso de tango que estoy escribiendo me había planteado esto: ¿el genio es una constante en el tiempo y necesita para manifestarse de estos elementos anímicos sentimentales de los que hablamos recién, o sólo aparece de vez en cuando independientemente de ellos?
Yo creo que quienes han creado algo lo han sacado siempre de la misma vida, influidos por el aire de los tiempos.

                                      

- Vamos a una serie de preguntas técnicas referidas a su orquesta. Vd. incluyó en un momento dado el clarón. ¿Con qué objeto lo hizo?
- Fue una necesidad dentro de la estructura de la orquesta porque la orquesta típica, formada por bandoneones, violines, cello, viola, contrabajo y piano, en algunos pasajes de una obra adolece de un bajo mayor. Porque el violoncelo, que podía dar un buen bajo, muchas veces está reforzando a los violines que a veces resultan débiles. El cello y la viola les dan cuerpo a las cuerdas y tampoco podemos disponer del cello porque cumple otras funciones. Nos quedan los bandoneones. El bandoneón es un instrumento muy hermoso que está muy equilibrado en si mismo, los bajos del bandoneón están equilibrados. Pero esos bajos no son los suficientemente poderosos como para hacer de bajos de una orquesta. Son buenos para el instrumento en sí, pero resultan débiles en relación a la orquesta. El contrabajo da un bajo claro, pero en un momento dado acompaña en un pizzicato y no hay sostén de bajo para la orquesta. Seguimos sin tener bajo. De los instrumentos que nos quedan, que pueden empastarse con los bandoneones y con el resto, el mas apropiado es el clarón, el clarinete bajo que ha cumplido muy buenas funciones en mi orquesta.
- Entre las formaciones de cámaras y sinfónicas, ¿dónde cree que se encuentra mejor el tango?
- Esto depende del que escriba. El tango depende de la composición, arreglador y del orquestador. Se prestará a hacer cualquier cosa dentro de cualquier formación siempre y cuando la obra se preste y el orquestador tenga la capacidad suficiente. No hay limitación de ninguna naturaleza.
- Acá surge una pregunta que tal vez debiera haber sido formulada antes. Nosotros siempre tratamos de que los entrevistados se ubiquen como arregladores u orquestadores. Pero en el caso suyo Salgán, creemos que se trata de otra cosa. Lo suyo no es arreglo ni orquestación, sino una verdadera composición de cada tema.
- Tomado en general, orquestación es llevar a la orquesta algo que puede no ser de la orquesta. Por ejemplo una parte de piano se puede orquestar ditribuyéndola en las voces de la orquesta sin agregados, sin sacarle ni ponerle ninguna nota. Eso es orquestación.
El arreglo es otra cosa. Ya interviene la composición. Para dar una idea clara, voy a contar lo que les digo a mis alumnos. El arreglo, en un ejemplo práctico hecho para los alumnos, es similar a un recinto donde se produce el eco. La obra en sí tiene que resonar de la misma manera que en ese recinto donde se produce el eco. Si yo entro y digo ¡hola!, el eco no me responde ¡que tal, como le va!, sino que dice lo mismo que yo dije pero de acuerdo con las características del recinto. Es decir que en el arreglador se corresponde a su sistema nervioso, su herencia musical, su entorno, a todo lo que él es. Ese es el trabajo del arreglador. La fidelidad a la obra. Porque a veces nos encontramos con que esa fidelidad no existe cuando una obra melódica se hace rítmica o viceversa. El arreglador tiene que tener una idea muy clara del género musical que trata. Si bien cada género tiene una gran amplitud de libertad expresiva, tienen sus límites. La limitación del arreglador es mantenerse dentro del género y del carácter de la obra, por respeto al compositor. Porque si no le gusta lo que hizo el compositor que haga una él o tome otra obra para arreglar. Es decir que el arreglador, además de talento, tiene que tener una orientación muy clara.
Otra cosa importante a tener en cuenta para los arreglos es el carácter de las partes cantadas en los acompañamientos. No siempre es así. Muchas veces el arreglo nada tiene que ver con el clima de la letra y así vemos que mientras el texto trasunta tristezas por ejemplo, la música está llena de alegría. Acompañar es dar marco, dar clima, dar apoyo. Muchos no lo tienen en cuenta y así salen arreglos contradictorios. Hay que tener en cuenta que en el arreglo interviene la composición, porque hay que agregar contracantos, cambiar armonías y hacer todo aquello que pueda mejorar la obra.

                
Horacio Salgán con sus cantores Ángel Díaz y Roberto Goyeneche

- La otra pregunta que ha sido sumamente rica en respuestas en otros reportajes, esta referida a las tonalidades. El uso de las tonalidades y los modos ¿Cuál es su respuesta respecto de su obra? ¿Que tonalidades predominan en ella?
- Yo me imagino una obra y empiezo a tocarla como la siento aunque las tonalidades tienen su idiosincrasia y cada autor las usa según su criterio. Chopin por ejemplo utiliza muchos bemoles porque su música es romántica, lo mismo que Ravel. Beethoven en cambio cuando escribió en homenaje a Napoleón eligió el Re Mayor que es un tono fuerte. No olvidemos que el diapasón ha ido cambiando. Mi primera obra- un choro, lo hizo hace 58 años era en Fa Sostenido porque quise hacer una cosa dulce que es más dulce que el Fa Mayor. Es una de las pocas veces en que tuve en cuenta el tono. Pero en general no lo hago. Escribo como lo siento.
- Su versión de Responso ¿en que tono la escribió?
- En sol menor. Pero muchas veces el uso del menor o mayor depende del compositor.
- Ahí entramos en los modos
- Hay quienes escriben todo en menor porque se supone que es mas triste, pero todo es relativo. Depende también de la factura de la obra, de los timbres....No hay fórmula estricta, por suerte. Como por suerte no sabemos que es la magia de la música.
Habría mucho más para hablar con el maestro Salgán. Quizás es una deuda que contraemos con nuestros lectores y con nosotros mismos. Nos extendemos un minuto más para otra pregunta.
¿En líneas generales que carácter tiene su música? ¿Es intimista, busca la riqueza melódica, busca un equilibrio?
- Depende de la obra.

(Nota publicada en el Club del Tango)