sábado, 25 de marzo de 2017

Chiqué

Sábado a la noche, milonga. Y de la buena. Por eso tenés tu lugarcito reservado en la CASA DE ARAGÓN de Madrid, donde CHIQUÉ resume los puntos claves de la cita: Pista de madera lustrada, música maravillosamente bailable y un ambiente posta, lleno de amigos milongueros que le dan a las tabas sin resuello. ¿Te hace falta algo más?

¿Clases? ¿Práctica? ¿Charleta con  los habitués? De todo eso tenemos y sólo falta ponernos de acuerdo. Chiqué, la milonga madrileña de los sábados night, está open de 21 a 0.30 horas. Como para que tu cuerpo y tu cuore queden copados y tengas buenos sueños posteriores. José María y Charo son los anfitriones que te harán sentir el tango y pasar la velada con tutti i fiocchi.

                                  

                      

Y para ir calentando motores, ya sabés que me gusta ir vichando cómo se baila por el redondo mundo que ha adoptado el tango como propio y lo están disfrutando a tope. Mi primera parada es en Moscú. En la Prischechov Milonga. Allí se dan dique Stanislav Furlov y Ekaterina Simonova con un valsecito: Aroma de amor, por Rodolfo Biagi, su orquesta y el cantor Alberto Amor.

                               

Sigo yirando por el vasto continente europeo. Y estoy en Lubijana- Eslovenia, donde esta dupla: Maja Petrovic y Marko Miljevic, bailan con la orquesta de Aníbal Troilo, cantando Floreal Ruiz, ese tangazo: Naranjo en flor.

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Y para cerrar la tournée matinal,  me planto en Savona (Liguria)- Italia. donde brilla la pareja milonguera que forman Diego Benavídez y Natasha Agudelo. Se mueven con elegancia y pirueteando, al compás de la milonga No hay tierra como la mía, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Charlo.                                       




Y después de este aperitivo danzante, te esperamos en CHIQUÉ, questa notte de primavera.














































































































































































































































































































































































































































































































































viernes, 24 de marzo de 2017

Mistonguero

Desde 2000 el intenso trabajo de la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce logró restablecer la transmisión oral entre las distintas generaciones del tango, recuperando miles de arreglos originales y formando a casi trescientos músicos. Dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad De Buenos Aires –a través de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural-,  la Orquesta Escuela tiene un enorme poder transformador: la nueva escena del tango, que hoy ostenta cientos de orquestas y conjuntos de excelente nivel, está nutrida en gran medida por egresados que completaron el programa, estudiando los estilos fundamentales del género y tocando con los grandes maestros que continúan en actividad. Hoy se ha logrado reconstruir el tejido del tango, una generación completa que aprendió de la mano de los verdaderos protagonistas.

Emulio Balcarce e Ignacio Varchausky

El trabajo, en ese sentido, de Emilio Balcarce e Ignacio Varchausky, ha sido arduo, generoso y correa de transmisión de aquellas orquestas que llenaron los escenarios de los años cuarenta-cincuenta, y que hoy constituyen, con sus grabaciones,  la base bailable del género en el mundo entero. También la Escuela de Tango que lleva el nombre del violinista-bandoneonista-arreglador-compositor de Villa Urrquiza. Así han logrado instalar a las nuevas hornadas de músicos en las anchas y generosas usinas del tango.
                                               
EL CD Mistonguero fue editado por esta Orquesta en el año 2014. Se trata de un potente testimonio. Aquí Victor Lavallén se luce como director de la camada Nº11. Un registro que nos recuerda que la tradición no es sólo mirar al pasado, sino también observar el presente y pensar en el futuro, pasándose la posta entre generaciones. Y creo que vale la pena recordar las palabras del historiador, investigador y periodista Sergio Pujol, sobre este registro:

                                
Victor Lavallén dirigiendo la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce

Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce

El piano introduce el motivo que dará forma al tema, y la expectativa ante un posible compás de tercer tiempo muy marcado, casi un golpe que se transfiere a los pies del varón bailarín, se cumplirá con gusto a cosa conocida, o al menos acreditada en una de las tradiciones más veneradas del tango “del cuarenta”: Pugliese. Así comienza “Mistonguero”, tema de Víctor Lavallén que presta título al nuevo disco de Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce. Con un atractivo sistema de rotación de directores, la orquesta juvenil ideada por Ignacio Varchausky es quizá el epítome de la gran empresa arqueológica con la que el mundo del tango viene explorando, desde hace varios años, su propio pasado. Es cierto que presenta algún parecido con la orquesta del Lincoln Center gestionada por Wynton Marsalis, aunque todos sabemos cuál es la diferencia: entre el swing y el siglo XXI, al jazz le pasaron muchas cosas. Al tango, no tantas. Y esto juega a favor del proyecto de Varchausky, en cierto modo lo salva de convertirse en un anacronismo indecoroso, salvo que creamos que todo el tango lo es por naturaleza.

                                   


La batuta de Lavallén, quien supo ser bandoneón de Pugliese cuando allí también estaban Ruggiero, Plaza y Penón, es brillante en todo sentido. La Orquesta suena ejemplarmente, con un lenguaje bien articulado, rico en matices dinámicos y con gran elocuencia en la interpretación. La paleta estilística es ancha, de Pugliese a Gobbi y de Troilo al Piazzolla de “Villeguita”, con perlas sueltas de Raúl Kaplún (el arreglo de “Tierra querida” de Julio de Caro) y de Eduardo Rovira (el arreglo de “Febril”, del propio Rovira, para la orquesta de Osvaldo Manzi). Estas elecciones no son casuales ni inocentes: revelan una retrospectiva exquisita, un ahondar en linajes no siempre bien tributados.

Pero si uno ya tiene suficiente edad como para recordar, de una TV en blanco y negro, la prestancia otoñal del último Troilo o la encorvadura grotesca de D’Arienzo, la audición de este disco, como las de los anteriores de la Orquesta Escuela, produce una cierta extrañeza. Porque Mistonguero no suena como “del cuarenta”. Ni como “del cincuenta”, aunque sus raíces estilísticas estén en aquellos suelos. En realidad, este tango, que no es nuevo pero tampoco definitivamente histórico, parece interactuar, tensamente, con aquellas expresiones agónicas de la música alguna vez llamada “ciudadana”. Es como si la nueva generación de músicos de tango se hubiera propuesto enmendar el recuerdo desanimado que todos –o casi todos– conservamos de Grandes valores del tango y del declive de un género musical que había sido enorme. 

                                              
Acá estamos hablando de tango con Lavallén en Los 36 billares.

No es sencillo saber si lo logra o no; si logra convencernos de que vale la pena revisar ya no la época “dorada” del tango, sino incluso los años en que la orquesta típica inició su eclipse televisado, atrapada entre la pulsión suicida y el gesto parricida perpetrado por otras músicas, entre ellas la de Piazzolla. En todo caso, hay un dato interesante, que tal vez se nos pasó por alto cuando nos rebelamos contra el blanco y negro: Lavallén, como otros de su generación y su talento, estuvo ahí, tocando entre los escombros de una música que no se entregaba tan fácilmente. Y siguió haciéndolo, un poco al margen de muertes y resurrecciones. Eso nos dice Mistonguero, con toda la persuasión de la que es capaz la Orquesta Escuela.

                                                 Sergio Pujol 


Los temas grabados con la horma de aquellas orquestas maravillosas fueron los siguientes:
01 Mistonguero (V. Lavallén - arreglo del autor)
02 Febril (E. Rovira - arreglo del autor para la orquesta de O. Manzi)
03 Tierra querida (J. De Caro/ L. Díaz - arreglo de la orquesta de R. Kaplún)
04 La puñalada (P. Castellanos/ C. Flores - arreglo de la orquesta de J. D'Arienzo)
05 A la Orquesta Escuela de Tango (E. Balcarce - arreglo del autor)
06 Bandoneón arrabalero (J. Deambrogio/ P. Contursi - arreglo de V. Lavallén para la orquesta de O. Pugliese)
07 Camandulaje (A. Gobbi - arreglo del autor para su orquesta)
08 Villeguita (A. Piazzolla - arreglo del autor para su orquesta)
09 Chiqué (R. Brignolo - arreglo de A. Piazzolla para la orquesta de A. Troilo)
10 A la gran muñeca (J. Ventura/ M. Oses - arreglo de la orquesta de C. Di Sarli)
11 Meridional (V. Lavallén - arreglo del autor)
12 La llamo silbando (H. Salgán - arreglo del autor para su orquesta).

Y para ilustrar estos comentarios, los invito a escuchar Febril, de Eduardo Rovira  y Chiqué de Ricardo Luis Brignolo, por la Orquesta Escuela, con los espejos de Osvaldo Manzi y Aníbal Troilo.




 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Osvaldo Manzi

Realmente sorprende que un músico tan bien formado como este pianista del porteño barrio de Boedo, que destacara en su instrumento, pero también como arreglador y director, no tuviera un espacio más grande en la historia del tango, cuando por méritos propios lo merecía largamente. Sus estudios fueron continuados, tanto en piano, acústica y contrapunto  en el Conservatorio Nacional como con Eduardo Velisone. Posteriormente, a sus quince años,  se formó en armonía con Athos Palma.

Dirigió su propia orquesta, luego de haber trajinado en las de  Florindo Sassone, Joaquín Do Reyes, Manuel Buzón, Elvino Vardaro,  Edgardo Donato, o Enrique Alessio. Militó con un trío en folklore pero volvería al tango para manejar el piano en las orquestas de Hugo Baralis y Héctor Artola. También acompañaría con su formación a Alberto Marino en 1954 y al año siguiente Troilo lo escogería como reemplazante de Carlos Figari, dejando su estela en 29 registros de la orquesta.

                                 
El quinteto de Piazzolla. arriba. Manzi, Tirao, Díaz y Baralis.

Lo vi varias veces cuando, en esa etapa también debió cubrir el puesto de Osvaldo Pugliese en la orquesta de este último. Era la época en que el hombre de Villa Crespo era perseguido por su militancia comunista, y en la sede del club Atlético Huracán, incluso se lo llevaron cuando subía al escenario. Entonces aparecían las flores en el piano y luego entraría Osvaldo Manzi (Manzione) para reemplazarlo, cuando la detención de Pugliese se prolongaba en la cárcel.

Realmente no se notaba la ausencia del director porque su reemplazante tenía un estilo depurado y trabajaba codo a codo con los restantes músicos de la orquesta para mantener la llama de la misma sin que sus hinchas notaran la diferencia. En la evolución de su carrera, volvería a dirigir su conjunto, con Eduardo Rovira en el bandoneón y Fontán Reyes como cantor. Dejaron dos grabaciones valiosas: Febril, el tango instrumental de Rovira y  Dolor milonguero, de Cobián y Cadícamo, que canta Fontán Reyes.

                                       
Manzi, Baralis, Rodi y Alberto Marino


Piazzolla lo llamó cuando comenzó a formar sus conjuntos renovadores del tango, sabedor de sus condiciones., reemplazando a Jaime Gosics. Posteriormente lo volverá a convocar para para el noneto dejando varios registros. Entre tanto Manzi sigue formando pequeños conjuntos e incluso el Octeto Marabú, con el cual deja grabado un CD de temas clásicos, tocándolos "a la manera de...".

Falleció joven, con apenas 50 años, en 1976, pero alcanzó a dejar las muestras de su talento, en todos los conjuntos que integró y junto a los más prestigiosos que supieron respetar sus valores. Creo que valía la pena recordarlo. Lo tengo muy presente  durante sus años en las orquestas de Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese. Con ésta última grabaría temas como La bordona, Yunta de oro o Pata ancha. Ëste último, del bandoneonista Mario Demarco, lo registró la orquesta el 13 de mayo de 1957, con Osvaldo Manzi en el piano y acá lo podemos recrear. Y con su trío, lo escuchamos en el tango de Piazzolla: Adiós Nonino.

Pata ancha - Orquesta Osvaldo Pugliese

Adiós Nonino - Osvaldo Manzi - Trío


martes, 21 de marzo de 2017

Bien milonga

Los martes a la noche, nos espera esta milonga diquera  y amiga de los bailarines que alternan en la zona de Madrid.


                   

Con una selección super milonguera, un ambiente cordial y un piso que invita a dibujar.

                            

Te esperamos.

lunes, 20 de marzo de 2017

Torrente

Maravilla confesionaria de Homero Manzi, diseñada en la mente del poeta al ritmo de las ambiciones, deseos, obsesiones y temores del caudal sanguíneo de alguien que va y viene por las calles con su carga de desamor y angustia. Con su desesperación y sus fracasos, Homero nos deja un corpus poético de versos en cantidad y calidad, que estriba entre lo más recomendable del género. Decorado y gestos que atraviesan el tiempo. Es la representación cabal de la vida y sus evanescentes retornos.

Este tango, al que le puso una ajustada melodía el violinista Hugo Gutiérrez (también lo acompañó en Después, Llorarás llorarás, Eras el amor, Fruta amarga, Duerme y Tapera), revela esas páginas donde Manzi muestra una exaltación vital, con una fluencia de melancolía y agonía. El autor se refleja en el espejo de una decepción compartida, se sumerje en la espuma del cataclismo sentimental  y la tormentosa relación del amor, que tanto lo salpicarían en sus cuarenta y tres años de vida.

                                     


En estos versos que nunca dejarán de alimentar nuestra emoción tanguera, confrontan sencillamente las pasiones, los gestos de sensibilidad contenida que al fin salen a la luz irradiando pulsiones de una manera constante. Y aunque el tango está colmado de representaciones de este tipo, la personalidad arrolladora de Manzi en sus distintas facetas de político, escritor, poeta,  conferencista, hombre del cine, también nos deslumbra cuando se confiesa a tumba abierta en los lances del amor. Como en este hermoso tango.



Solloza mi ansiedad...
también mi soledad
quisiera sollozar cobardemente.
Angustia de jugar y de repente
sin querer
perder el corazón en el torrente.
Se queja nuestro ayer...
se queja con un tono de abandono
que recuerda con dolor,
la noche del adiós
la noche que encendimos de reproches
y el amor pasó.

Esta revelación íntima revela una vez más la capacidad de Homero Manzi para comunicar la poesía en amplia escala, al realizarla en tiempo de tango, el género que escogió para transmitir su expresión de bardo y así llegar al pueblo directamente y no en libros de versos. Y tanto supo pintar las imágenes del barrio, del arrabal, de los personajes que habitaban aquellos sitios, como los percances del amor y el desamor, justo él que los vivió en profundidad y los va dibujando dolorosamente, en la catarsis final.

                                                     




Adiós...
La triste y la más gris, canción de amor...!
Ayer...
el último y fatal, ayer final.
Fue mi desprecio, mi desprecio necio
fue tu amargura, tu amargura oscura.
Nuestro egoísmo nos lanzó al abismo
y nos vimos de repente en el torrente más atroz.
Torrente de rencor
brutal y cruel
que ya no ofrece salvación.

Son como cólicos de un amor desesperado en la reberberación emocional del poeta tras el secreto que esconden esas doloridas palabras. Es como un conjuro, como si los momentos vividos  se hayan desvanecido en la nada y las palabras cruzadas durante el fogoso romance, nunca se hayan pronunciado.  Es como un torbellino que ha atrapado a los amantes. La cognición tras la alteración del pensamiento por la emoción. El ritmo de la música y los versos forman una unidad que alimentan el significado. La poesía desfeliz se hace tango. Un tango enorme.
Hugo Gutiérrez



Se queja el corazón
se queja con razón
al ver lo que quedó de aquel pasado.
Perfume de rosal,
rumor callado de cristal
y todo es un nidal abandonado.
Solloza el corazón...
solloza como un niño sin cariño
sin abrigo ni ilusión.
Y vuelve del adiós
la tarde en que los dos fuimos cobardes
y el amor pasó.

Este tema que  vuelve una y otra vez al ruedo tanguero  de la pista de baile o de la emisora radial, tiene un registro que fue todo un hallazgo, y es la versión de Alberto Marino con la orquesta de Aníbal Troilo. Lo grabaron el 4 de octubre de 1944. Justo una semana más tarde, lo llevó al disco Lucio Demare con su orquesta y el cantor Horacio Quintana.  También lo dejaron en la placa impresa Carlos Roldán con Canaro, Rivero con Baffa o Goyeneche con La Típica Porteña, entre otros. 

Yo acompaño estas palabras con las dos versiones citadas de Troilo-Marino y la de Demare-Quintana.



 Torrente- Lucio Demare-Horacio Quintana

Torrente- Aníbal Troilo-Alberto Marino